¿Hacia dónde es la salida?

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¿Hacia dónde es la salida?

i solo quisiéramos terminar con este episodio de la crisis hay muchas opciones. Hay vías ilegales, como un golpe o la represión. Y no faltan las voces perversas que claman por alguna. Sobran y más de una vez han triunfado.

El precio de este último repunte de la crisis que vivimos se vuelve cada día más caro. No solo en los millones de dólares que perdemos a causa de la paralización comercial y productiva, sino también en las vidas invaluables que nos está robando. Mientras que la Conaie culpa a la fuerza pública por dos muertes, Salud Pública responsabiliza a los bloqueos por dos más. Cuatro víctimas fatales de nuestro fracaso como Estado y sociedad, que se suman a tantas más que han sido presas de otra violencia: masacres, corrupción e inoperancia. Tenemos que buscar la salida, pero no solo de este paro, sino del camino que nos ha llevado por enésima vez a este lugar fatídico.

Si solo quisiéramos terminar con este episodio de la crisis hay muchas opciones. Hay vías ilegales, como un golpe o la represión. Y no faltan las voces perversas que claman por alguna. Sobran y más de una vez han triunfado. Por eso es que a más de ser propuestas repugnantes son estúpidas. Nunca hemos conocido la paz ni con los incontables golpes ni con los viejos actores que los dirigen, menos con las dictaduras y los gobiernos represivos. ¿Para qué repetir esos errores criminales? Si siempre son los mismos sugiriendo lo mismo, ya debemos comprender que no es el pueblo el que va a ganar.

Hay también salidas constitucionales. Invocar el artículo 130, ya que después de todo el estado de excepción reconoce la grave conmoción interna. Que esto sea legítimo no lo vuelve sano, ni cumple con el fin de nuestras normas constitucionales: fortalecer la democracia. No ha habido casi ningún presidente que no se haya enfrentado a este escenario, ¿había que sacarlos a todos? Y cuando despertemos con un nuevo gobierno, o los que le sigan, pero con el mismo Ecuador, ¿habrá que sacarlos a ellos? Por otro lado, el Gobierno se puede adelantar con la muerte cruzada. Pero de nada sirven unos meses de decretos si no hay fuerza que los sostenga.

Queda otra salida. Que en Carondelet dejen de dar giros de 360 grados. Que dejen de responder con cartas llenas de soluciones tardías y defensas indolentes. Que destierren a cucos de sus pesadillas y a lambones de sus pasillos. Que reconozcan su grave responsabilidad.