Libres para perrear

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Libres para perrear

Esa libertad empieza por la capacidad que todos tenemos de elegir… quién ser, a quién amar, qué ver y qué escuchar.

La semana pasada, a propósito del concierto de Bad Bunny en Ecuador, recibí llamadas y mensajes de algunos amigos que me preguntaban por qué hay feministas que bailamos y nos emocionamos con su música.

Me pareció una pregunta válida. Nos guste o no, las letras de este artista son agresivas, disruptivas y algunas no solo tienen doble sentido, sino que tienen claras referencias sexuales. Así que con honestidad les expliqué que, sencillamente, es una elección.

A diferencia de lo que se quiere instalar en el imaginario colectivo, el feminismo no es superioridad (ni moral ni intelectual) de las mujeres. El feminismo busca la equidad en libertad y, por tanto, no te dice qué escuchar y qué no, qué está bien o qué está mal. Ser feminista es querer que todos vivamos sin esos “policías de la moral” vigilando tu cuerpo, tu mente y un supuesto “buen gusto”.

Crecimos pensando que ser una buena mujer era casarse, tener hijos, estudiar ciertas carreras, bailar de tal manera, hablar con propiedad y pensar que había cargos establecidos para cada género. Pero quiero vivir en un país en el que las mujeres podamos escuchar lo que nos da la gana, y si nos gusta perrear con Bad Bunny, con Karol G o cantar con Pimpinela, eso no nos hace más o menos feministas. Tampoco ponernos -o no- el pañuelo verde, creer en Dios o en las energías. No hay por qué seguir asignando estereotipos a las feministas: decir, por ejemplo, que no nos maquillamos o nunca usamos tacones.

¿Solo es una buena mujer la que es ama de casa, tiene hijos y es tranquila? ¿Es mala la que no se quiere casar, no sueña con tener hijos o se sale de la norma, la que goza con los deportes rudos o se atreve a opinar en temas de hombres?

La libertad que hoy tenemos las mujeres (aunque falta mucho para que sea total) molesta, no se entiende y sigue siendo cuestionada, pero es parte del camino para entendernos y avanzar juntos. Esa libertad empieza por la capacidad que todos tenemos de elegir… quién ser, a quién amar, qué ver y qué escuchar.