El tablero macabro

  Columnas

El tablero macabro

Tres preguntas se hacen evidentes: ¿Por qué el gobierno es la única ficha que se enfrenta al narco? ¿Por qué la sociedad civil no figura en el tablero? ¿Quién opera en función de los intereses del país?

Imaginemos que las estrategias y decisiones políticas del país se reducen a un tablero. Ahí figuran las fichas de los actores que mayor influencia tienen sobre las decisiones que afecten nuestro destino. ¿Qué fichas ocupan un lugar en el tablero? El Gobierno, Leonidas Iza, el correísmo y el narcotráfico. Podríamos añadir otras, pero la verdad es que son por ahora irrelevantes. Analicemos pues, el tablero.  

El narcotráfico es un jugador relativamente nuevo, presente hace unos 12 años, pero que se manifestó de manera expresa desde 2018. Este jugador simboliza nuestro fracaso al tratar de construir una sociedad justa y democrática, porque es actualmente el jugador más fuerte del tablero. El narco es enemigo del Gobierno y por tanto, mientras más fuerte se hace, más débil se hace el Gobierno.

Después del paro, Leonidas Iza se subió al tablero. Su enemigo también es el Gobierno, a quien ha elegido como contradictor: mientras Iza se hace más fuerte, el Gobierno se hace más débil. Su agenda no es una de lucha social, sino una estrategia política para -a través de la violencia y el chantaje- imponer un modelo que nunca ha sido elegido en las urnas. Es un actor más fuerte que el Gobierno.

El correísmo es la fuerza política mejor estructurada del país. Su objetivo es recuperar espacios claves del Estado para asegurar la impunidad de sus líderes y luego, recuperar el poder. Al igual que los actores anteriores, su juego consiste en debilitar al Gobierno. Después de perder las elecciones del año pasado, estaban golpeados. Hoy son un actor más fuerte que el Gobierno.

El Gobierno parece no entender la composición del tablero ni la forma de fortalecerse ante la operación de los otros jugadores. Es la ficha más débil gracias a su propia incapacidad para resolver problemas urgentes, la desconexión de muchos de sus ministros y su deficiente estrategia política. Sus errores han dejado a sus electores en un estado de orfandad, sin representación.

Tres preguntas se hacen evidentes: ¿Por qué el gobierno es la única ficha que se enfrenta al narco? ¿Por qué la sociedad civil no figura en el tablero? ¿Quién opera en función de los intereses del país?

Necesitamos dar con las respuestas.