Diálogo permanente. Amenazas, no

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Diálogo permanente. Amenazas, no

Por encima de intereses minúsculos se encuentran los altos valores y los principios de la convivencia social en paz y en tranquilidad’.

Cuando se encuentran de por medio intereses que son de importancia para el pueblo ecuatoriano, y para resolverlos se acude al civilizado camino del diálogo y de la concertación, hay que hacer todos los esfuerzos que sean necesarios para que el éxito sea el resultado final. Por encima de intereses minúsculos se encuentran los altos valores y los principios de la convivencia social en paz y en tranquilidad. El actual régimen, que recibió un país destrozado en lo ético, en lo económico , en lo social, en lo laboral, en lo sanitario, a consecuencia de la pandemia que azotó a toda la república y al desgobierno de 14 años de “revolución ciudadana” que significó el despilfarro de los fondos de todos los ecuatorianos en sumas astronómicas, debe encontrar las soluciones más adecuadas y coherentes para superar esta grave crisis, con la ayuda de toda la sociedad expresada a través de las organizaciones sociales que, por ventura existen, y que tienen plena conciencia de que el problema que nos agobia no se arregla en quince días, ni en cuatro meses. Los diálogos, las mesas de conversación que han venido funcionando hasta este momento, son la demostración del deseo de compartir propuestas de lado y lado, tanto del Gobierno como de la sociedad. Propuestas que no siempre van a ser del agrado de las dos partes, por obvias razones, pero que sirven de base para continuar incansablemente en la búsqueda de soluciones que beneficien a las grandes mayorías.

La actitud de la Conaie, asumida luego del diálogo que mantuvo con el Gobierno, no es la conveniente. Si luego de tres horas de conversación estiman que no se han resuelto sus planteamientos, deben continuar en la mesa de diálogos para oír más propuestas e insistir en la suyas, y no amenazar con irse a la resistencia, ni hablar de movilizaciones de las que nada se saca que no sea la destrucción, la desestabilización y la pérdida de más dinero. Hay que recordar que destruir es más fácil que construir… El movimiento indígena debe actuar con la mirada puesta en forjar un Ecuador mejor.