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Diario Expreso Ecuador

Cuando la infancia se pierde en el camino

El asesinato de un adolescente en Manabí plantea una reflexión sobre la familia, la educación y la prevención de la violencia desde la infancia

La violencia que afecta a niños y adolescentes plantea la necesidad de fortalecer la prevención desde la familia, la escuela y la sociedad.

La violencia que afecta a niños y adolescentes plantea la necesidad de fortalecer la prevención desde la familia, la escuela y la sociedad.Archivo

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Hay historias que estremecen no solo por la violencia con la que terminan, sino porque nos obligan a preguntarnos dónde comenzó todo.

Un adolescente, cuya vida apenas comenzaba, fue asesinado brutalmente dentro de una urbanización de Jaramijó, Manabí. Según información atribuida a las autoridades, habría intentado ocultarse al verse acorralado por sus atacantes. Una tragedia que evidencia cómo niños y adolescentes están siendo absorbidos por ambientes de criminalidad y violencia.

La familia también es parte de la prevención

Según las autoridades, meses antes habría sido detenido en posesión de armas y explosivos, para luego recuperar su libertad. Más allá de las circunstancias jurídicas que deberán determinarse, queda una pregunta inevitable: ¿qué estamos haciendo para evitar que nuestros niños lleguen hasta ese punto?

Lo digo como padre y abuelo, educador de formación, profesional del Derecho y criminalista, y magíster en Derecho Procesal. No basta con mirar el delito; debemos mirar también el entorno, las carencias afectivas, la falta de orientación, las oportunidades negadas y las responsabilidades de la familia, el Estado y la sociedad.

Un niño no nace delincuente. El entorno puede moldear su conducta.

Educar es proteger y poner límites

Hay hogares destruidos, familias desorganizadas y niños que crecen en ausencia emocional. También existen padres que esperan que los profesores hagan aquello que debe comenzar en casa: enseñar respeto, disciplina, responsabilidad y amor.

La escuela educa y forma, pero no puede reemplazar a la familia.

Desde el Derecho debemos defender el interés superior de niñas, niños y adolescentes; desde la educación, prevenir; desde la criminología, comprender los factores que los acercan a la violencia; y desde la fe cristiana, recordar que cada niño merece dignidad, misericordia y esperanza.

No se trata de justificar el delito, sino de comprender sus raíces para prevenirlo.

Educar también es proteger. Corregir también es amar. Poner límites también es cuidar.

No esperemos a que un niño termine frente a un juez, detrás de las rejas o dentro de un ataúd para preguntarnos qué pudimos haber hecho.

Eduquemos con amor, principios y presencia. Quizá salvar una infancia hoy sea evitar una tragedia mañana.

Elio Roberto Ortega Icaza

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