El loco de Dios
Javier Cercas acompañó al papa Francisco a Mongolia para cuestionar la fe, la vida eterna y los límites de la razón en su nueva obra

Javier Cercas entrevistó al papa Francisco en un viaje a Mongolia y plasmó sus descubrimientos en el libro El loco de Dios en el fin del mundo.
Javier Cercas comienza su obra ‘El loco de Dios en el fin del mundo’ confesándose ateo, laicista militante, racionalista contumaz, impío sin remedio, “un loco sin Dios”, y nos embarca en ese viaje con la comitiva vaticana que acompañó al papa Francisco a Mongolia en 2023. Cercas, otrora católico criado en familia rigurosamente católica, que perdió la fe cuando le crecían las primeras barcas al leer, entre otros autores agobiados por la duda, a Unamuno, se sumó al viaje vaticano estimulado por la oportunidad de hacer al Papa una sola pregunta, cuya respuesta prometió trasladar a su madre: si es verdad aquello de la resurrección de la carne y la vida en el Paraíso. Aunque su madre no la necesitaba, pues creía en la vida eterna a pie juntillas.
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La razón no niega la fe
No arruinaré la expectación lectora revelando si la pregunta fue, en efecto, formulada, o si mereció respuesta del vicario de Cristo. La aproximación a edad madura a esta cuestión capital para le fe por un creyente devenido a edad rebelde en ateo, es un ejercicio de extraordinario valor, con independencia de que se compartan las conclusiones o de si hubo el reencuentro con creencias tempranas. Lo medular está en la evolución, en la transformación de las armas intelectuales a lo largo del camino: Javier Cercas inicia su indagación parapetado en los escudos de la razón irreductible, impermeable a lo inexplicable, al estilo de los más recalcitrantes enciclopedistas, de aquellos que veían por encima del hombro a los creyentes -tuvieron que hacer muchas contorsiones dialécticas, pues el padre de la Ilustración, Kant, creía en Dios-. En esa visión reduccionista, la fe no tenía cabida, se tenía por cosa de locos o débiles mentales, de seres atrapados en supersticiones, en revelaciones escandalosas a la luz de la ciencia. Así inicia Cercas su exploración por los intrincados laberintos del Vaticano y su invisible red, tejida de señales del Reino celestial y cosas del reino mundanal, y va deponiendo sus escudos, interpela y se deja interpelar, debate, escucha, reflexiona y termina relegando sus prejuicios -la iconoclasia lo es en máxima regla- hasta desechar, tras el viaje con Francisco, el “loco de Dios”, el falso dilema entre ciencia y religión.
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No es que la razón niegue la fe, descubre; simplemente no la alcanza. Y es ahí, en la constatación de la finitud intelectual donde se abren las puertas del espíritu.