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Diario Expreso Ecuador

Los años no derrotan al hombre, lo pone a prueba el tiempo

El paso de los años es inevitable, pero llegar a la vejez con dignidad, salud, vínculos familiares y propósito depende también de cómo nos preparemos para ella

Envejecer implica aceptar el paso del tiempo, pero también valorar la experiencia, cuidar la salud y fortalecer los vínculos que nos acompañarán en la madurez.

Envejecer implica aceptar el paso del tiempo, pero también valorar la experiencia, cuidar la salud y fortalecer los vínculos que nos acompañarán en la madurez.CANVA

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Hay una verdad que muchos prefieren ignorar: nadie puede detener el paso de los años. El tiempo avanza para todos. Cambia el rostro, disminuyen algunas fuerzas, aparecen las canas y actividades que antes hacíamos sin esfuerzo comienzan a requerir paciencia. Pero las canas no son una derrota. Son medallas silenciosas de una vida de luchas, sacrificios, alegrías, pérdidas, aprendizajes y experiencias.

Prepararse mientras todavía hay fuerzas

Un hombre debe mirar la vejez de frente, sin miedo ni vergüenza. También debe comprender que el futuro se prepara cuando todavía se tienen fuerzas. Hay que cuidar la salud antes de que el cuerpo pase la factura; trabajar mientras se pueda; administrar con prudencia lo conseguido con esfuerzo; cultivar amistades verdaderas y mantener cerca a quienes han demostrado lealtad. Hay que aprender constantemente, porque una mente activa envejece de otra manera. Y, sobre todo, construir relaciones familiares basadas en el respeto, el cariño y la solidaridad. Puede llegar el momento en que necesitemos que alguien nos acompañe, nos ayude a caminar, nos tienda la mano o simplemente se siente a nuestro lado. Aceptar ayuda no disminuye la dignidad de un hombre. Lo lamentable sería llegar a la vejez sin haber construido vínculos humanos capaces de sostenernos. La independencia es valiosa, pero también lo es saber recibir ayuda con humildad cuando la vida lo exige.

Existe además una preparación más profunda: la espiritual. Podemos hacer planes, trabajar, ahorrar y cuidar nuestro cuerpo, pero nadie tiene comprado el día de mañana. Por eso, quienes tenemos fe debemos poner también nuestro futuro en las manos de Dios.

Envejecer con propósito

Que los años que nos queden no sean solo años acumulados, sino años con propósito. Que lleguemos a la madurez con menos soberbia y más sabiduría; con menos preocupaciones inútiles y más gratitud; con menos palabras y más acciones. Porque un hombre demuestra su fortaleza no solo cuando puede hacerlo todo por sí mismo, sino también cuando enfrenta el paso del tiempo sin perder su carácter, su dignidad, su fe y sus ganas de seguir viviendo.

Envejecer no es caer. Envejecer es haber caminado lo suficiente para entender que cada día es un regalo.

Elio Roberto Ortega Icaza

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