Cartas de lectores

Cartas de lectores: A Fernando Villavicencio Valencia

Todos esos, y algunos más, deben responder por el asesinato de Fernando

¿Queda algo por decir acerca del asesinato de Fernando Villavicencio Valencia, el ciudadano que intentó rescatar a nuestro país de las garras de la desnaturalizada y corrupta ‘política’ ecuatoriana? Sí. Queda mucho por decir, escribir, investigar y descubrir. Falta remarcar, insistir, ¡gritar! que el sicario que disparó no es el único asesino; hay otros personajes de la misma laya que permanecen escondidos, dentro y fuera del territorio nacional. Uno de esos ‘otros’ es un codicioso y verborreico individuo, que haciendo gala de su cinismo, de repulsivas morisquetas y sarcasmos, y sintiéndose inmune a la justicia, impúdicamente vociferaba: “nuestra venganza personal será contundente”, y que pocos días antes del atentado criminal, refiriéndose a Fernando, escribió: “pronto se te acabará la fiesta”. También hay otros que siempre celebran las muecas, pataleos, delirios y amenazas del energúmeno y enloquecido insultador. Hay miles que sin ser parte de los anteriores son también cómplices del asesinato de Fernando y de la desvergüenza y la podredumbre que amenazan a nuestro país. Los que en cada proceso electoral lanzan camisetas con su efigie a unos empobrecidos electores, los que por miedo o complicidad nunca alzan la voz ante una injusticia, los que están a la caza de una oportunidad para formar parte de la masa de codiciosos que en las instituciones públicas medran de las riquezas del país y del esfuerzo de quienes trabajan honestamente. Los que exigen derechos y prebendas, y rehúyen a sus obligaciones ciudadanas, que piensan que “hay que aprovechar la pega” porque puede no durar mucho. Politiqueros extremistas que intoxicados con anacrónicas ideologías pervirtieron la palabra revolución, que luchan por formar parte de la Función Legislativa; los que denigran al indígena, cholo, montuvio, analfabeto, campesino. Entre los culpables también están los ineptos y timoratos funcionarios de la administración pública que por pusilanimidad no supieron ni podrán garantizar la seguridad de los ciudadanos que los eligieron y que pagan sus salarios. Todos esos, y algunos más, deben responder por el asesinato de Fernando. Ellos lo saben. Hoy han empezado a sentir miedo ante el juicio y el veredicto imparcial de la historia que temprano o tarde sacará a la luz los nombres de los desalmados que planearon, ejecutaron y se beneficiaron de lo sucedido la fatídica tarde del 9 de agosto de 2023 en Quito.

Pedro Isaac Barreiro