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Milo J canta en Guayaquil.
Milo J canta en Guayaquil.Gerardo Menoscal//EXPRESO

Nadie fue invisible para Milo J: Así cerró su tour 'La vida era más corta' en Ecuador

El cantante argentino presentó en Guayaquil cerró su gira. Su sonido folclórico y denuncia social conectó con los más jóvenes

Milo J cerró su paso por Ecuador con un concierto en Guayaquil que reunió a miles de jóvenes en el Coliseo Voltaire Paladines Polo. Con cerca del 70% de aforo y más de 25.000 asistentes en su gira, el artista argentino consolidó una conexión que fue más allá de lo musical y puso en el centro un mensaje social que marcó la noche.

Milo J se presentó en el Coliseo Voltaire Paladines Polo de Guayaquil.

Milo J trajo su folklore a Guayaquil: así fue su concierto

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La noche del 28 de marzo estuvo agitada afuera del Coliseo Voltaire Paladines Polo. Las últimas horas antes del toque de queda no fueron impedimento para que miles de jóvenes se concentraran y llevaran toda su energía para uno de los conciertos más palpitantes de lo que iba del año. Entre camisetas, gorras y grupos de chicos reunidos, muchos con la albiceleste puesta, el concierto de Milo J se configuró como algo más que una presentación musical. El club de fans del artista en Ecuador (@miloj_ec) organizó a parte del público en los exteriores, mientras la expectativa creció entre quienes llegaron desde temprano. No fue solo asistir a un show, fue reconocerse dentro de un mismo lenguaje.

El club de fans de Milo J estuvo presente en los tres shows del cantante.
El club de fans de Milo J estuvo presente en los tres shows del cantante.Gerardo Menoscal//EXPRESO

Dentro del recinto, con cerca del 70% de su capacidad ocupada, la humedad de la noche guayaquileña marcó el ritmo de la espera. Pósters convertidos en abanicos, botellas de agua en mano y una audiencia mayoritariamente universitaria sostuvieron la antesala de un concierto que inició a las 19:35, en un horario ajustado por la disposición gubernamental del horario de libre circulación (23:00). La salida del intérprete rompió esa pausa: el grito fue inmediato, “Milo, Milo, Milo”, como una afirmación colectiva antes de que sonara la primera canción.

Los fanáticos de Milo J gritaron
Los fanáticos de Milo J gritaron "Milo presidente" por varios segundos.Gerardo Menoscal//EXPRESO

El arranque fue directo. Bajo de la piel abrió el repertorio, acompañado por siete músicos, entre ellos una tecladista y una flautista, que no solo ejecutaban, sino que se movían en escena con una energía cercana al freestyle, cada integrante disfrutó a su manera su lugar en el escenario. Hubo momentos de conexión colectivo, cuando el artista preguntó “¿Saben saltar, Guayaquil?”, y el coliseo respondió de pie, haciendo que el suelo se moviera en sintonía. También hubo pausas, El bolero llevó el concierto hacia un registro más íntimo, mientras los solos de percusión, presentados como “un pedacito de argentinidad”, y de teclado o de violín, marcaron transiciones dentro del show.

Pero el punto de mayor conexión no llegó con la euforia, sino con el mensaje. Hacia el tramo final, El invisible sonó como una síntesis del show. La canción, que retrata la vida de quienes quedan fuera del sistema, resonó en un público que no solo la cantó, sino que la asumió. La idea de ser “el que nunca ha sido” dejó de ser una frase para convertirse en una identificación compartida, en un concierto donde la voz del artista se cruzó con la experiencia de quienes lo escuchaban.

Ese cruce también se manifestó en los gestos del público. En varios momentos se escuchó el grito de “Milo presidente”, acompañado por la modificación de la imagen del presidente de cartón (que fue usada en la última campaña política) y en la que se modificó el rostro de Daniel Noboa por la de Milo J. Él no respondió a esa consigna. Se mantuvo en su lugar, agradeciendo con sobriedad, sin reforzar el símbolo. En escena, no ocupó ese rol. Su lugar fue otro: el de quien narró desde un origen similar al de quienes estaban frente a él.

El concierto cerró pasadas las 21:30, tras un recorrido de 34 canciones. Para entonces, la euforia de temas como Niño, Llora, llora y Gil ya había marcado los picos de la noche. En Guayaquil, el show de Milo J cerró su gira por Ecuador, con tres fechas, y dejó claro que nadie es invisible mientras se tenga algo que decir.

Los fans de Milo J en el Coliseo Voltaire Paladines Polo.
Los fans de Milo J en el Coliseo Voltaire Paladines Polo.Gerardo Menoscal // Expreso

Milo J hizo una parada para conocer a Guayasamín

El paso de Milo J por Ecuador se consolidó con tres conciertos en el marco de su gira La vida era más corta Tour Mundial. El artista argentino convocó a más de 25.000 personas en sus presentaciones en Quito y Guayaquil, con dos fechas agotadas en el Coliseo General Rumiñahui y una en el Coliseo Voltaire Paladines Polo. 

Aunque Milo J no tuvo acercamientos con la prensa, sí aprovechó su paso por el país para recorrer espacios culturales en Quito. A través de sus redes sociales, compartió su visita a La Capilla del Hombre, donde conoció la obra de Oswaldo Guayasamín, marcada por su enfoque en la desigualdad, la pobreza y la memoria latinoamericana. Este recorrido dialoga con el universo de su propuesta artística, que conecta lo contemporáneo con las raíces sociales y culturales de la región.

Lo bueno y lo malo del show

Lo bueno

  • El concierto de Milo J en Guayaquil no se sostuvo únicamente en lo musical. Desde su salida a escena, el artista incorporó elementos visuales que marcaron el desarrollo del show y le dieron una narrativa propia. Uno de los momentos iniciales fue la aparición con un muñeco que representaba su propia figura. El gesto de lanzarlo al suelo y apuñalarlo, seguido de la imagen de una daga en su espalda, definió el tono del arranque y dio paso al inicio del repertorio. Las pantallas y el juego de luces demostró la teatralidad y profundidad de su concepto.
  • Milo J usó la camiseta de la selección ecuatoriana, un gesto que el público tomó con mucho entusiasmo.

Lo malo

  • En la localidad fan (tribuna), parte del público reportó dificultades para ver el espectáculo debido al ángulo de las ubicaciones. Las pantallas laterales obstruían parcialmente la visión del escenario, lo que generó incomodidad en los primeros minutos del concierto e incluso reclamos hacia el personal de seguridad.
  • A esto se sumó la variación en los precios de bebidas y snacks dentro del recinto. Mientras en los bares establecidos existía un valor referencial ($2 agua, $2.50 canguil), algunos vendedores que circulaban entre el público ofrecían los productos con recargos de hasta un dólar adicional, lo que generó inconformidad entre los asistentes.

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