Cultura

Comerse al otro, una distopía capitalista

La escritora Agustina Bazterrica conversó con EXPRESO sobre ‘Cadáver Exquisto’, su última novela que continúa sumando lectores

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El libro ganó el premio Clarín en 2017.Cortesía

“Media res. Aturdidor. Línea de sacrificio. Baño de aspersión. Esas palabras aparecen en su cabeza y lo golpean. Lo destrozan. Pero no son sólo palabras. Son la sangre, el olor denso, la automatización, el no pensar. Irrumpen en la noche, cuando está desprevenido. Se despierta con una capa de sudor que le cubre el cuerpo porque sabe que le espera otro día de faenar humanos”.

Así inicia ‘Cadáver Exquisito’, tercer libro de la escritora argentina Agustina Bazterrica. En esta distopía, que se hizo con el Premio Clarín en 2017 y que ha ido sumando lectores y ediciones desde su publicación, un virus atacó a los animales, volviendo su carne incomible. Como respuesta, los estados legalizaron el canibalismo y establecieron la misma línea de producción que antes existió con pollos, vacas y cerdos, para faenar a estos humanos de criadero.

‘Fresh fingers’, ‘brochetas mixtas’, ’patitas’ llenan las tiendas de este perturbador universo. Y aunque todos saben lo que están comiendo son dedos, orejas y pies de otras personas, la ‘Transición’ gubernamental ha sido exitosa. Pocos se oponen a esta nueva realidad, y los que lo hacen son sacrificados en los mataderos municipales.

En el limbo ente la incomodidad y la necesidad económica está Marcos Trejo, el protagonista de esta historia y uno de los altos mandos del frigorífico Krieg. Desde la muerta de su hijo, el mundo se le ha venido encima, pero su día a día continúa con normalidad: hablar con los proveedores de los criaderos, supervisar el faenamiento de ‘las cabezas (los humanos de consumo)’, ir a las carnicerías. Hasta el día en que recibe una ‘hembra’ doméstica para su consumo particular.

¿Cuál es el génesis de Cadáver Exquisito?

Mi hermano, Gonzalo Bazterrica, tiene un restaurante a puertas cerradas acá en Buenos Aires, llamado Ocho Once. A veces, después de que iba a comer, nos quedábamos hablando sobre la alimentación consciente. A raíz de todas esas conversaciones, empecé mis propias investigaciones y gradualmente fui cambiando lo que comía, hasta que también dejé de comer carne. Cuando esto pasó, se me reveló otro mundo. Un día pasé por una carniceríaa y fue como un shock. Pensé “¡ahí hay cadáveres colgando y nadie hace nada!”. Imaginé que ahí también podía haber cadáveres humanos, porque somos carne y porque somos animales. Reflexioné sobre porqué comemos la carne de animal que comemos y no otra. Y es que es una cuestión de tradición. En India no comen carne de vaca, porque es sagrada. En China, en cambio, hay un festival donde se come carne de perro, que es algo que los argentino jamás comeríamos porque los tenemos como mascotas. No nos comemos a otros humanos porque es un tabú. Pero pensé en que podría existir un mundo en el que comer carne de humano fuera legal y ahí, en ese punto, empecé a escribir la novela. 

¿Cómo fue el proceso de investigación y de escritura de esta novela? ¿Cómo elegiste la voz a través de la cual narrarías esta historia?

Es curioso, pero no leí nada sobre otras distopías mientras estaba investigando, porque no era lo que pensaba escribir. Yo escribo muy lento, y encontrar el enfoque correcto siempre me cuesta. Al inicio, pensé en contar la historia desde el punto de vista de una de ‘las cabezas’ (los humanos de consumo’, pero luego asumí que, contar esta historia desde el punto de visita de un ser humano tan primitivo, sin educación, que no tiene cuerdas vocales sería demasiado complejo.

Busqué muchísima información. Instructivos sobre cómo se faenan los animales, documentales, películas. Leí un libro de una filósofa argentina, Mónica Cragnolini, llamado ‘extraños animales’ que habla sobre los derechos de los animales desde la filosofía. Ese libro fue fundamental para la novela.

Quizás uno de los aspectos más perturbadores de la novela es que la narras, incluso las partes más violentas, con el tecnicismo del carnicero. Es la primera vez que leo sobre canibalismo sin que esté presente lo ‘gore’…

Es que me parecía que podía ser mucho más horroroso contar algo de manera fría y calculada que de manera desmesurada o gore. Experimento mucho con el lenguaje y nunca escribo igual. En este caso, pensé que si usaba un lenguaje muy barroco, la historia sería insostenible, porque el tema es bastante denso. Por eso elegí un lenguaje muy narrativo, muy sencillo y le di a cada capítulo la cadencia de un cuento. Es más, trabajé cada capítulo como que fuera un cuento, y creo que eso también tuvo un resultado.

Agustina
El próximo libro de la escritora se lanzará en abril, con el sello Alfaguara. Se trata de una reedición de una de sus obras previas.Cortesía

Algo que impacta es la actitud del protagonista, Marcos Tejo, con respecto a la realidad en la que vive. Le incomoda, sí, pero no lo suficiente para hacer algo al respecto. Es una metáfora muy honesta sobre el mundo en el que vivimos…

Marcos Tejo es un hijo del capitalismo, que visibiliza la perversión del sistema, un sistema del que todos somos parte y todos perpetuamos, y eso era justo lo que quería plasmar, aunque es algo que noté cuando terminé de escribir. Quería contar cómo a veces, por circunstancias económicas o familiares, tienes que aceptar una realidad incómoda, y vivirla. Para ello negocia consigo mismo. Me parecía importante reflejar esa ambivalencia para que el lector se cuestione cómo vamos naturalizando la violencia, como la aceptamos. 

A mí me vuela la cabeza ver cómo la sociedad ha normalizado la violencia, la violencia contra la naturaleza y los animales, sobre la que hemos asumido una superioridad moral y por la cual los estamos destruyendo, y otras violencias como la trata de personas, que es uno de los negocios más lucrativos del mundo. Esas violencias las normalizamos a través del capitalismo, del patriarcado. Todas esas son matrices del capitalismo y lo que hace la novela, es construir una nueva matriz y mostrarte cómo se puede rápidamente construir un mundo en que esté bien comer carne humana. 

¿Qué significó para ti ganar el Premio Clarín y qué ha significado para el libro?

En Argentina, el premio Clarín es uno de los pocos que te da una enorme visibilidad. Antes de ganarlo, yo estaba haciendo mi carrera literaria de manera normal. Había publicado mis dos primeros libros en editoriales muy chiquitas con poca llegada. Fue muy emocionante cuando gané porque muchos escritores que conozco y admiro leyeron la novela y la recomendaron. Se me abrieron muchas puertas. Ya estamos por la quinta edición, y ha sido un fenómeno del boca a boca, Pero quizás lo mejor de todo, es que lo están leyendo en ciertos colegios, y esa experiencia ha sido alucinante. He ido a hablar a un montón de colegios, con adolescentes, y responder sus preguntas ha sido interesante. 

¿Cómo avanza el proceso de adaptación televisiva del libro?

Todavía no hay muchas novedades con respecto a la adaptación televisiva. Hubo muchas propuestas, al menos veinte, y cada tanto aparece a alguna nueva, pero los derechos están cedidos a una empres mexicana y está en el proceso de desarrollo. También es cierto que cuando cedes los derechos para algo audiovisual, es otro producto, es otra historia porque el lenguaje es diferente y varía de la novela. Apuesto que estará buenísimo, y si no lo está tampoco hay problema.