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Diario Expreso Ecuador

Terremotos en Venezuela, Colombia y Perú: qué explica la reciente actividad sísmica

Venezuela, Colombia y Perú registraron fuertes terremotos en pocas semanas. Expertos explican si existe relación entre estos eventos sísmicos

Estragos en una vivienda causados por el terremoto de magnitud 7,4  en Montenegro (Quindío, Colombia).

Estragos en una vivienda causados por el terremoto de magnitud 7,4 en Montenegro (Quindío, Colombia).EFE

Valeria Alvear
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La tierra está en movimiento permanente en Sudamérica. Bajo el continente, distintas placas tectónicas convergen, se desplazan y acumulan energía que eventualmente se libera en forma de terremotos.

En apenas seis semanas, tres fuertes movimientos volvieron a poner la atención sobre esta dinámica: un terremoto superficial en Venezuela, otro de magnitud 7,4 en Colombia, que dejó más de 200 fallecidos, y el sismo de 7,2 registrado en Perú el 20 de agosto de 2026.

La cercanía temporal de estos eventos puede generar la impresión de que forman parte de una misma cadena. Sin embargo, aunque ocurren dentro de una región tectónicamente activa, los especialistas explican que cada terremoto responde a condiciones particulares.

Colombia es uno de los mejores ejemplos de esa complejidad. En su territorio interactúan las placas de Nazca, Sudamericana y del Caribe. La Red Sismológica Nacional de Colombia, integrada por 85 sensores, detectó 23.774 sismos durante el último año, la mayoría imperceptibles para la población.

Las placas convergen a velocidades constantes, pero poseen asperezas que en ocasiones impiden que se muevan libremente”, explica Carlos Alberto Vargas, profesor del Departamento de Geociencias de la Universidad Nacional de Colombia.

Colombia y una de las zonas sísmicas más activas

El movimiento permanente de las placas provoca que los esfuerzos se acumulen hasta superar la resistencia de las rocas y liberar energía.

Uno de los puntos más particulares del país es el denominado nido sísmico de Bucaramanga, donde se registran alrededor de 40 movimientos diarios. Vargas lo describe como el segundo nido sísmico que más energía libera en el mundo, aunque aclara que esta zona no estuvo relacionada con el terremoto del 10 de agosto de 2026.

Ese evento, de magnitud 7,4, tuvo su origen cerca de San José del Palmar, Chocó, a unos 100 kilómetros de profundidad. El movimiento se sintió en ciudades como Cali, Pereira, Manizales y Bogotá.

La profundidad ayuda precisamente a entender por qué un terremoto puede sentirse en un territorio muy extenso sin producir los mismos efectos en todos los lugares.

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¿Por qué un terremoto profundo puede sentirse tan lejos?

Arancha Izquierdo, sismóloga del Instituto Geográfico Nacional de España, utiliza una comparación sencilla: “Si tiras una piedra en el agua y estás muy lejos, el círculo que abarca es mucho más grande”.

Los terremotos profundos pueden propagar sus ondas a grandes distancias, aunque la energía que alcanza la superficie puede llegar más amortiguada.

La situación es diferente en Venezuela, donde los movimientos asociados al límite entre las placas del Caribe y Sudamericana pueden producirse a menor profundidad. Esa cercanía con la superficie puede aumentar sus efectos localmente.

En Perú, el terremoto de magnitud 7,2 del 20 de agosto estuvo asociado a la subducción de la placa de Nazca bajo la Sudamericana y se sintió desde zonas amazónicas hasta sectores de la sierra.

Los tres países están condicionados por grandes sistemas tectónicos regionales, pero compartir ese escenario no significa que los terremotos recientes hayan sido provocados unos por otros.

Esta vista aérea muestra una zona afectada por el derrumbe de estructuras tras el terremoto del 24 de junio en Catia La Mar, Venezuela, el 4 de agosto de 2026.

Esta vista aérea muestra una zona afectada por el derrumbe de estructuras tras el terremoto del 24 de junio en Catia La Mar, Venezuela, el 4 de agosto de 2026.AFP

¿Los terremotos de Venezuela, Colombia y Perú están conectados?

La proximidad de los tres eventos alimentó preguntas sobre una posible cadena de terremotos en Sudamérica. Los especialistas consultados descartan que la coincidencia temporal sea suficiente para establecer esa relación.

Izquierdo recuerda que anualmente ocurren varios terremotos de gran magnitud alrededor del planeta y que, en términos generales, se trata de fenómenos independientes.

Vargas lo explica con otra comparación: “Tienes dos tablas de madera sometidas a un esfuerzo. Una romperá y no necesariamente es la causa o el efecto de la otra”.

Es decir, diferentes fallas pueden encontrarse sometidas simultáneamente a esfuerzos tectónicos sin que la ruptura de una sea necesariamente responsable de otra ocurrida a cientos o miles de kilómetros.

El Cinturón de Fuego atraviesa gran parte del continente

Buena parte de esta actividad se enmarca en el Cinturón de Fuego del Pacífico, una extensa franja tectónica que recorre aproximadamente 40.000 kilómetros alrededor del océano.

Desde Chile hasta Alaska, todo pasa por el cinturón de fuego del Pacífico”, señala Vargas.

En esta zona se han registrado algunos de los terremotos más fuertes conocidos, como el de Valdivia, Chile, de magnitud 9,5 en 1960; Alaska, de 9,2 en 1964; y Maule, Chile, de 8,8 en 2010.

La región andina concentra una compleja interacción de placas. Esto explica por qué países ubicados en el borde occidental de Sudamérica mantienen una elevada actividad sísmica, aunque las características y niveles de amenaza varían entre territorios.

Ecuador se encuentra en el Cinturón o Anillo de Fuego del Pacífico, escenario de la mayor actividad sísmica del planeta.

Ecuador se encuentra en el Cinturón o Anillo de Fuego del Pacífico, escenario de la mayor actividad sísmica del planeta.EFE

Los terremotos no pueden predecirse: la preparación marca la diferencia

La ciencia permite identificar fallas activas, zonas de amenaza y procesos tectónicos, pero actualmente no existe un método capaz de establecer con precisión el día, lugar y magnitud de un futuro terremoto.

Por eso, para los especialistas, el desafío no consiste únicamente en estudiar lo que ocurre bajo tierra, sino también en reducir la vulnerabilidad construida sobre ella.

En ciudades asentadas sobre territorios sísmicamente activos, las normas de construcción, planificación urbana, educación y preparación ante emergencias pueden determinar la magnitud de las consecuencias.

Vargas sostiene que las políticas públicas no deberían ser “meramente reactivas” después de un desastre, sino mantenerse como un proceso permanente de prevención y adaptación.

Izquierdo coincide en que el desafío está en asumir que “la vulnerabilidad se construye en la superficie”, lo que incluye mantener instituciones preparadas y con recursos suficientes para la prevención y respuesta ante desastres.

Los terremotos de Venezuela, Colombia y Perú no necesitan estar conectados para recordar una misma realidad: Sudamérica se encuentra sobre un sistema tectónico activo y los terremotos seguirán ocurriendo. Lo que puede cambiar es qué tan preparadas estén sus ciudades y habitantes cuando vuelva a liberarse la energía acumulada.

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