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Diario Expreso Ecuador

Gran Logia del Ecuador

¿Qué pasa con la masonería en Ecuador? Una disputa interna sacude a la Gran Logia

La Gran Logia del Ecuador atraviesa una fractura estructural. El legado filosófico cede ante pleitos electorales y el desprestigio digital

Héctor Vanegas defiende la legitimidad de su elección como Gran Maestro de la Gran Logia del Ecuador.

Héctor Vanegas defiende la legitimidad de su elección como Gran Maestro de la Gran Logia del Ecuador.ALEX LIMA / EXPRESO

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Lo que debes saber

  • La masonería ecuatoriana atraviesa una crisis interna marcada por disputas electorales, procesos judiciales y cuestionamientos sobre el ingreso y ascenso de sus miembros.
  • Héctor Vanegas defiende su elección como Gran Maestro de la Gran Logia del Ecuador, mientras una decisión judicial le impide continuar su gestión.
  • Miembros y exautoridades advierten que la orden enfrenta el desafío de recuperar el rigor intelectual, resolver sus divisiones y adaptarse a un mayor escrutinio público.

Una casona de dos pisos en Guayaquil, vigilada por estatuas y severos retratos de expresidentes, sirvió de escenario para un rito que Gustavo, estudiante de Derecho, presenció desde la más absoluta extrañeza. Llevado por un profesor de su facultad, el joven atestiguó lo que catalogó, bajo sus propios prejuicios, como un “bautizo”.

Frente a él, un grupo de iniciados aguardaba ante hombres envueltos en “túnicas negras con insignias”, quienes ejecutaban una ceremonia incomprensible. “Era gente vestida bien raro”, relata. La velada culminó cuando a cada nuevo integrante se le asignó un mentor, quien juró velar por él y cuidarlo “si algo le faltase”. Así luce, a los ojos de un profano, un rito masónico en el siglo XXI.

Los masones siempre han estado ahí

Lejos del esoterismo, la masonería no es una secta, ni fue concebida en la oscuridad. Historiadores la retratan como la red de hombres libres que orquestó la Fragua de Vulcano y gestó la independencia de Guayaquil el 9 de Octubre de 1820. Sus logias sirvieron como el tejido político e intelectual que años más tarde permitió a Eloy Alfaro, masón grado 33, consolidar la Revolución Liberal y forjar el Estado laico.

Ese nivel de influencia exigía una formación rigurosa. Dentro de la hermandad, el conocimiento se estructura en grados. En la base operan el aprendiz, el compañero y el maestro, niveles que demandan años de instrucción en filosofía e historia. Y en la cúpula, el Supremo Consejo administra los grados filosóficos hasta el 33. El ascenso, en teoría, no debe ser vertiginoso, sino el resultado de un lento perfeccionamiento moral.

Ese peso formativo exigía, históricamente, un hermetismo casi constitucional. El escritor Alfredo Pareja Diezcanseco cuenta que, al asesinar a Alfaro, la turba proclamó “abajo la masonería, arriba la religión”, un reflejo del prejuicio civil hacia una orden cimentada en el secreto.

A nivel internacional, 14 presidentes de Estados Unidos, desde Washington hasta Roosevelt, gobernaron bajo estos preceptos. Pero contrario a quienes creen que la masonería da poder, es al revés: son los poderosos quienes eligen ser masones, y de ahí el peso e influencia que pueda tener la logia. Y estas se reparten por todo el mundo.

Sin embargo, a más de un siglo de la creación de la Gran Logia del Ecuador (1921), esa reserva se desdibuja. La hermandad sufre una crisis que desplazó el debate filosófico por pleitos electorales y disputas ventiladas en ministerios y cortes.

División interna y pleitos legales

Curiosamente, las pugnas se pueden (y deben) cruzarse con la función pública. Como la hermandad debe acatar la ley nacional, el Gobierno termina avalando sus decisiones. Este Diario accedió a un oficio de expulsión de un masón en 2019, oficializada mediante un documento firmado como “recibido” por el despacho de la entonces ministra del Interior, María Paula Romo. Hoy, según explican los miembros, un trámite de este tipo tendría que dirigirse a Nataly Morillo, ministra de Gobierno.

Para el investigador Víctor Gamboa, esto evidencia una falla de gobernanza. Para él hay una paradoja clara: una organización centenaria que predica la fraternidad y el acatamiento de la ley, hoy resulta incapaz de resolver sus conflictos sin el escrutinio de jueces civiles o campañas de desprestigio digital entre miembros.

Para la ‘vieja guardia’, esta banalización nace al flexibilizar los ingresos a la Orden. Un exmiembro de alto rango, quien pidió a este Diario la reserva de su nombre, resume que existe decadencia por la gestión del señor Héctor Vanegas y Cortázar, en el rol de Gran Maestro de la logia, algo que califica como un problema de “higiene moral”.

A juicio del entrevistado, la logia debió seguir como “una élite intelectual”, pero hoy admite a figuras sin instrucción y a políticos procesados. La fractura entre el rigor del pasado y la masificación actual parece, hoy por hoy, irreconciliable.

“La masonería está prostituida. Hoy se admite a figuras sin instrucción e incluso procesadas por la justicia”, afirma. Un ejemplo de esto fue confirmado a EXPRESO por otros miembros: Dalton Narváez, exalcalde de Durán, hoy sentenciado por peculado, llegó a ser inducido a la masonería cuando ya estaba notificado de sus delitos. Sin embargo, “oportunamente” se lo llegó a revocar.

La elección de Héctor Vanegas llega a la justicia

Héctor Vanegas defiende la legitimidad de su mandato asegurando que en los comicios del 17 de enero de 2026 fue elegido con el 99,20 % de los votos de la asamblea masónica, pero una orden judicial, impulsada por una logia detractora, le ha impedido continuar su gestión.

Para el Gran Maestro, ese fallo que anula dicha elección desnaturaliza una medida cautelar que ya había sido cumplida y supervisada. De hecho, subraya que el propio Ministerio de Gobierno avaló y registró su nombramiento el 2 de marzo de 2026, tras confirmar que el proceso estuvo en orden.

El conflicto ha escalado a los tribunales disciplinarios del país. Vanegas presentó una denuncia por prevaricato contra la jueza que emitió el fallo y solicitó formalmente su destitución ante el Consejo de la Judicatura (algo que ha difundido categóricamente en sus redes sociales).

Argumenta que la magistrada actuó como “legisladora” al vulnerar la Ley Orgánica de Transparencia Social, norma que protege la autonomía administrativa de las organizaciones privadas y de creencias. “Si llegamos a estos extremos, mañana cualquier juez le dice al Papa que el obispo que él designó no lo va a aceptar”, pone como ejemplo Vanegas, cuestionando que el fallo judicial ordene entregar el control de la Gran Logia a ex Grandes Maestros, algunos de los cuales hoy están inactivos o incluso expulsados de la orden.

Esta paralización judicial, resalta, tiene un costo tangible y asfixiante. La inestabilidad administrativa y el desconocimiento temporal de la representación legal han congelado las obligaciones de la institución, según Vanegas: hoy se mantienen impagos los alquileres de varios templos a nivel nacional, los sueldos de los empleados de la Gran Logia y sus respectivos aportes al Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS).

Pese a la crisis financiera y legal, Vanegas asegura que los trabajos masónicos continúan con normalidad a puerta cerrada y advierte a sus detractores: “Tú no vas a doblegar la voluntad de un masón. Ni la amenaza ni la intimidación van a doblegar nuestro espíritu”.

La democracia que no es perfecta

En medio del fuego cruzado, aparece la figura de Luis Almeida, ex Gran Maestro y actual Grado 33. Con tono conciliador, explica que el caos radica en la estructura misma del poder masónico. Mientras el Supremo Consejo funciona como una suerte de cúpula reservada, la Gran Logia opera como una democracia donde todos votan, “y la democracia tiene sus imperfecciones”, reconoce.

La escuadra, el compás, el mazo y la plomada forman parte de la simbología utilizada tradicionalmente por la masonería.

La escuadra, el compás, el mazo y la plomada forman parte de la simbología utilizada tradicionalmente por la masonería.GENERADO CON IA

Aunque admite que han ingresado personas sin preparación a las que califica de “ignorantes de la orden”, Almeida evita la ruptura. Apela a la unidad y asegura que dentro de las logias guayaquileñas aún existe “una élite intelectual y jóvenes líderes muy bien preparados”.

Para Almeida, los roces nacen también de la incomprensión de su propósito fundamental por parte de los neófitos. La masonería exige un estudio teórico denso. Las herramientas que usan en sus rituales (escuadras, compases, plomadas y espadas) no esconden brujería ni conspiraciones, sino el profundo simbolismo de medir, construir, nivelar y rectificar la conducta humana en busca del progreso social.

El escrutinio público

Más allá del peso de su simbolismo, la orden mantiene deudas históricas estructurales, como la inclusión femenina. Aunque a nivel internacional ya existen logias mixtas en países como Inglaterra, en Ecuador los talleres simbólicos regulares siguen siendo de acceso exclusivo para hombres. Las bases locales todavía no logran implementar una reforma de equidad.

Guillermo Campaña, Soberano Gran Comendador del Supremo Consejo, eleva el debate hacia la autocrítica. Aclara que el caos electoral radica en la propia naturaleza de la Gran Logia (grados simbólicos), muy distinta a la cúpula filosófica (grados del 4 al 33), que funciona con estricta reserva.

Campaña recuerda que el hermetismo original se fracturó cuando el Estado los obligó a registrarse de forma jurídica para operar civilmente, abriendo la puerta a “intereses profanos” de quienes entraron buscando redituabilidad política. “Tenemos la institución masónica que nos merecemos”, sentencia. Para él, la solución exige frenar los “ascensos vertiginosos” y retomar el estudio riguroso.

Pese a la crisis, los expertos coinciden en la trascendencia de la hermandad. Las bases masónicas se atribuyen el Estado liberal, la educación laica y los derechos civiles que hoy rigen al país. Su influencia sigue latente, operando, según ellos, en el tejido social.

Sin embargo, el desafío futuro de la Gran Logia del Ecuador se inclina hacia la depuración interna, o una inevitable división. Frente a la espectacularización de su Orden, deberá probar si su centenaria y hermética arquitectura moral resistirá el peso de los egos. Y si sobrevivirá a la crítica implacable del escrutinio público, irónicamente.

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