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Diario Expreso Ecuador

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Musulmanes en Guayaquil: una comunidad que crece y se reúne en Urdesa

La comunidad musulmana tiene en Urdesa un lugar para practicar su fe, realizar actividades culturales y desmontar los prejuicios que persisten sobre el islam

Un grupo de musulmanes durante el rezo del viernes (Jumu’ah), en el interior de la mezquita situada en Urdesa. Basem Qasem, director del centro, encabeza la ceremonia.

Un grupo de musulmanes durante el rezo del viernes (Jumu’ah), en el interior de la mezquita situada en Urdesa. Basem Qasem, director del centro, encabeza la ceremonia.JOSEPH MORA

Edison Andrés García Yépez

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Lo que debes saber

  • El Centro Islámico de Guayaquil, ubicado en Urdesa, reúne a una comunidad musulmana que ha crecido en los últimos años en la urbe porteña.
  • Más del 80 % de sus integrantes son ecuatorianos que se convirtieron al islam, un dato que contrasta con la percepción de que esta religión es profesada principalmente por extranjeros o personas de origen árabe.
  • Además de las prácticas religiosas, el centro ofrece actividades culturales y mantiene sus puertas abiertas para quienes desean conocer más sobre el islam.

En las calles Bálsamos y Primera, en Urdesa, una mezquita llama la atención entre las edificaciones del sector. Allí funciona el Centro Islámico de Guayaquil, un espacio al que llegan musulmanes que habitan en la urbe para cumplir con sus prácticas religiosas, pero que también recibe a quienes sienten curiosidad por conocer el islam.

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Un viernes, cerca de las 13:00, el lugar comienza a llenarse poco a poco. Llegan hombres, mujeres y niños. Más de 40 personas terminan reunidas en la sala para participar en la oración.

El Centro Islámico de Guayaquil fue fundado legalmente como institución religiosa en Ecuador en 2004 por Juan Francisco Saud, explica Basem Qasem, su director, originario de Yemen.

Centro Islámico de Guayaquil: ¿qué actividades realiza?

El lugar cumple dos funciones. Una está dirigida a los musulmanes y comprende las cinco oraciones diarias, el rezo del viernes, el ayuno durante Ramadán, las celebraciones, los matrimonios, las relaciones sociales y el aprendizaje de la religión.

La otra está abierta a la ciudadanía en general, mediante cursos de cultura, árabe, ferias y casas abiertas. “El objetivo es que la gente se conecte con nosotros y conozca algo general de nosotros”, dice el director del centro.

Ese viernes, mientras Qasem conversa con los visitantes, los fieles empiezan a ocupar la sala. Cuando llega el momento de la oración, Qasem se coloca al frente, realiza una recitación en árabe y ofrece una intervención dirigida a los presentes antes de que la comunidad se disponga para el rezo (Jumu’ah).

Las conversaciones cesan y la atención se concentra en la práctica religiosa que cada viernes reúne a los musulmanes. Para Qasem, ese encuentro tiene un significado particular.

El rezo del viernes es como la celebración semanal. La diferencia entre el rezo del viernes y las otras oraciones es que hay un tipo de charla, un recordatorio semanal”, explica.

Centro Islámico de Guayaquil: Más del 80 % de la comunidad es ecuatoriana

La escena es distinta a la que Qasem recuerda de sus primeros años en el centro. Cuenta que en 2015, cuando comenzó a realizar actividades allí, al rezo del viernes acudían apenas cinco o seis personas. Ahora calcula que entre hombres y mujeres asisten alrededor de 90 o 100.

“La comunidad ha crecido bastante y más del 80 % son ecuatorianos conversos”, señala.

Uno de ellos es Juan Zambrano, esmeraldeño que vive en Guayaquil desde hace más de 25 años. Su llegada al islam no estaba entre sus planes cuando comenzó a interesarse por las religiones.

Un grupo de musulmanes durante la oración del viernes.

Un grupo de musulmanes durante la oración del viernes.JOSEPH MORA

“Yo antes era muy escéptico en el tema del islam. Yo estoy aquí por la voluntad de Allah, porque yo he investigado muchas religiones. Dentro de mí yo sabía que siempre existía un ser superior a nosotros”, cuenta.

El islam fue precisamente la religión que menos esperaba abrazar. Sin embargo, alrededor de 2018 comenzó a investigar sobre ella y encontró aspectos que despertaron su interés, “a pesar de que existe mucho estigma”, recuerda.

A medida que avanzó en sus lecturas, Zambrano dice que la imagen que tenía comenzó a cambiar.

“Vi que es muy distinto lo que tenemos las personas en mente de lo que significa el islam con lo que realmente es vivir experiencia. Nada que ver con las enseñanzas que te da el mundo sobre el tema del islam. (...) Me siento acogido en la comunidad, me siento identificado”, relata.

Su conversión se concretó en 2021, cuando realizó la Shahada, la declaración de fe musulmana.

La historia de Manuel Castro comenzó de otra manera. Es venezolano, hijo de padre ecuatoriano y madre venezolana, y actualmente reside en Guayaquil. Había crecido en una familia católica, pero desde antes de conocer el islam sentía una inclinación hacia la creencia en un único creador.

Un amigo musulmán lo invitó varias veces a una mezquita, pero durante un tiempo no aceptó. Luego accedió. Aquella visita terminó siendo decisiva para él.

“Lo que me dijeron era exactamente lo que quería, estaba buscando. Me explicaron qué es el islam, es la religión de sumisión a Dios, la creencia en un solo Dios, era lo que andaba buscando”, cuenta Castro.

Su acercamiento continuó después de aquella primera experiencia y finalmente abrazó el islam en julio de 2015. Desde entonces, su vida cotidiana está marcada por las prácticas de esta religión.

Entre esas prácticas están las cinco oraciones diarias, que pueden realizarse en distintos lugares. Castro explica que los horarios dependen del momento del día y que la primera comienza temprano en la mañana (Fajr). Después vienen las oraciones del mediodía (Dhuhr), la tarde (Asr), el ocaso (Maghrib) y la noche (Isha), cada una dentro de un periodo determinado.

La mezquita está ubicada en las calles Bálsamos y Primera, en Urdesa.

La mezquita está ubicada en las calles Bálsamos y Primera, en Urdesa.JOSEPH MORA

Para Qasem, cumplir con esas prácticas y atender las necesidades de la comunidad hace que dirigir el centro sea una tarea exigente. “Es un cargo un poco complicado, pero gracias a Dios aquí en Guayaquil no hemos recibido ningún, digamos, daño por ser minoría. Más bien, tanto la autoridad como la gente en general nos tiene respeto y recibimos muchas visitas de no musulmanes”, afirma.

Aun así, reconoce que estar al frente de una comunidad implica responsabilidades constantes: “Uno tiene que ocuparse de todos los problemas de la comunidad y tratar de que ellos tengan un lugar donde puedan cumplir con sus actividades y eso se requiere mucho esfuerzo y mucho tiempo”.

Prejuicios sobre el islam

El desconocimiento, sin embargo, sigue siendo uno de los obstáculos que identifica. Qasem considera que parte de los prejuicios proviene de la imagen que se construye sobre los musulmanes en distintos lugares del mundo. “No solamente en Ecuador. Es una corriente mundial en donde el musulmán es pintado como malo”, sostiene.

En Guayaquil, dice, no han enfrentado actos agresivos contra la comunidad, aunque sí han escuchado comentarios dirigidos especialmente a mujeres musulmanas que utilizan prendas que permiten identificarlas como tales.

“De vez en cuando comentarios a las hermanas cuando la gente en los transportes públicos las ven cubiertas les dicen: ‘Anda a tu país’. Pero si es ecuatoriana, ¿a dónde va a ir?”, relata Qasem.

Para él, ese tipo de situaciones también demuestra que algunos asocian automáticamente el islam con otros países.

Zambrano coincide en que el desconocimiento puede alimentar esa percepción y recuerda que él mismo tenía una visión diferente antes de comenzar a investigar.

El centro intenta combatir esas ideas mediante el contacto directo. Qasem explica que el lugar permanece abierto prácticamente durante todo el día porque los musulmanes deben cumplir con sus cinco oraciones y porque constantemente llegan personas interesadas en conocer la religión.

“Casi todos los días recibimos a alguien que quiere conocer del islam. Entonces, nosotros le abrimos la puerta, le atendemos. No hay ningún requisito más que presentarse y nosotros le damos la información que necesitan, le regalamos literatura”, cuenta. Incluso recomienda a los visitantes acudir los viernes para conocer a la comunidad.

Entre los materiales que ofrece el centro están traducciones al español del Corán y folletos sobre distintos aspectos del islam. Qasem explica que también tienen publicaciones sobre los pilares de la religión y sobre figuras como Jesús y María desde la perspectiva musulmana.

La intención es que quienes llegan por curiosidad puedan acercarse directamente a la información y conversar con los propios fieles.

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