Elecciones seccionales 2026: samborondón
La Puntilla le pasa la factura de su crecimiento al próximo alcalde de Samborondón
La Puntilla creció, pero a medias, y sus deficiencias pasan factura. El tráfico y los servicios básicos son parte de los pendientes del próximo alcalde

El río Guayas forma parte del paisaje de La Puntilla, pero todavía está poco integrado a la movilidad y la vida urbana.
Los puntos claves
- El crecimiento inmobiliario de La Puntilla, en Samborondón, ha sumado habitantes y vehículos, pero la infraestructura no siempre ha avanzado al mismo ritmo.
- Mientras continúan los nuevos proyectos, todavía hay sectores donde el agua potable depende de tanqueros y el alcantarillado sigue siendo un pendiente.
- La dependencia del automóvil y la falta de conexiones mantienen a la avenida Samborondón como el principal corredor para entrar, salir y atravesar La Puntilla.
- Urbanistas plantean aprovechar el río no solo como paisaje, sino también como una vía de movilidad y un espacio público para la ciudad.
La Puntilla creció. Y mucho. En las últimas décadas, el sector se llenó de urbanizaciones, plazas y centros comerciales, restaurantes y grandes proyectos inmobiliarios. El valor de la tierra se disparó y Samborondón consolidó allí buena parte de su imagen de desarrollo.
Pero mientras las construcciones siguen ganando terreno, varios problemas, muchos de ellos históricos, aún no se resuelven. Ese es el escenario que encontrará el próximo alcalde de Samborondón, quien, a juicio de los residentes, deberá dar solución de una vez por todas a cinco problemas: el tráfico, las deficiencias en los servicios básicos, la falta de planificación del crecimiento, la movilidad y el espacio público.
El tráfico será uno de los primeros frentes por resolver. Hace ocho años se construyó una conexión entre Guayaquil y Samborondón con la promesa de descongestionar la vía, pero no fue suficiente. Los vehículos aumentaron, nuevas urbanizaciones aparecieron y las vías volvieron a quedar cortas.

El tráfico es uno de los principales problemas de La Puntilla. La avenida Samborondón concentra buena parte de los desplazamientos del sector.
Incluso las pocas vías internas que existen en esta parroquia urbana y conducen a los colegios permanecen atascadas. En las horas pico, entrar o salir de La Puntilla sigue significando tiempo perdido y estrés para quienes viven o trabajan en la zona. Un accidente, además, puede complicar rápidamente el tránsito en buena parte del sector.
Pero no es solo un problema de movilidad. El crecimiento también ha puesto presión sobre los servicios. En Isla Mocolí y zonas de Ciudad Celeste, por citar solo un par de casos, aún hay casas que se abastecen de agua mediante tanqueros, y algunas ciudadelas usan pozos sépticos, algo “inconcebible” para muchos en pleno siglo XXI. Además de los problemas de drenaje y las inundaciones.
Mientras tanto, la construcción no se detiene y cada nuevo proyecto suma habitantes y demanda de agua, alcantarillado, drenaje y vías. Esto lleva a las familias y a los especialistas consultados a cuestionar si realmente se ha planificado el crecimiento de La Puntilla o simplemente se ha ido acomodando la infraestructura a lo que ya se construyó. Para los residentes, ha ocurrido lo segundo y por eso piden que la próxima administración municipal atienda estas necesidades.
Pero tampoco se trata únicamente de que las vías funcionen o de que lleguen los servicios. Está también la forma en que se vive la ciudad fuera de las urbanizaciones.
La Puntilla tiene proyectos privados de alto nivel, pero “el hecho de no tener un norte deja pendientes y vacíos en el espacio público, otro gran problema”, critica la residente Amanda Núñez, quien lamenta la falta de suficientes aceras, parques, ciclovías, transporte público y espacios para caminar o compartir con la comunidad.
La falta de lugares adecuados para entrenar quedó en evidencia esta última semana, tras la muerte de Mónica Martinich, la corredora que entrenaba sobre el asfalto y fue atropellada por un vehículo. Ciudadanos y deportistas señalan que, ante la falta de espacios de este tipo, quienes salen a entrenar muchas veces terminan usando las calles como pista, exponiéndose al tráfico y a sus riesgos.
“Tenemos parques dentro de la urbanización, un parque en Ciudad Celeste. Bonito, sí, pero insuficiente... Urge un gran parque, enorme, con pistas y espacio para entrenar, con ciclovías, juegos para niños y espacios para el adulto mayor. Las autoridades creen que por vivir en urbanizaciones nos encanta vivir en una especie de burbuja. No es así. Queremos vida, convivir. Compartir con otras familias. Queremos un Samborondón verde, un río activo. Queremos tanto, pero nos falta tanto también”, dijo Samantha Ortiz, residente del sector de El Tornero.
La diferencia entre lo que se ha construido y lo que todavía falta también se siente en sectores como El Buijo. Para Andrés Samaniego, especialista en turismo, esta zona tiene potencial para convertirse en un rostro turístico del cantón, pero aún convive con problemas de infraestructura que contrastan con el desarrollo de sectores ubicados a pocos metros.
“La Puntilla es un polo en desarrollo. La Puntilla es hermosa, pero no debe crecer a medias. En El Buijo puede haber maravillas. Pero las autoridades, aunque invierten en ciertos puntos, no lo hacen en todos y se nota la desigualdad. Mientras levantan hasta tremendos hospitales, en territorios aledaños, ubicados a metros de Ciudad Celeste, las calles siguen siendo de tierra. ¿Tiene algún sentido? No. Y eso es lo que debe priorizar la Alcaldía que venga”, señaló.

La fila de vehículos se extendía sobre varios kilómetros de la avenida Samborondón, la noche del viernes 31 de octubre.
Atrapados en una vía que no se da abasto
Por la avenida Samborondón circulan unos 115.000 vehículos al día y, en horas pico, recorrer pocos kilómetros puede tomar una eternidad. Retornos, accesos a urbanizaciones y salidas de colegios se convierten en puntos de atasco, mientras el crecimiento inmobiliario sigue sumando demanda a una infraestructura que no se da abasto.
Para muchos ciudadanos, perder una, dos o hasta más horas al día atrapados en la congestión ya forma parte de una rutina a la que se niegan a acostumbrarse. La vía recibe además vehículos de Guayaquil y otros sectores, mientras las alternativas al automóvil siguen siendo escasas.
Obras como el puente que une Guayaquil con Samborondón intentaron aliviar la situación, pero el congestionamiento ganó.
Más conexiones y menos dependencia del carro
Para el urbanista Héctor Hugo, presidente de la Fundación Larkin Ecuador el tráfico de La Puntilla no se resolverá únicamente ampliando la avenida Samborondón. “El crecimiento de grandes urbanizaciones cerradas fragmentó la trama vial y terminó concentrando los desplazamientos en un solo corredor”.
Por eso plantea crear nuevas conexiones longitudinales y transversales y construir nuevos puentes hacia Guayaquil, Durán y Daule. “No hay soluciones mágicas”, advierte.
“Pero la solución también pasa por reducir la dependencia del automóvil”. Para ello propone un sistema de transporte público competitivo, articulado con un tren elevado, alimentadores, estacionamientos de transferencia y transporte fluvial que aproveche el río como una vía más de conexión.
Guayaquil
Carlos Jiménez: “Cobrar por rodar en horas pico puede desatascar a La Puntilla”
Diana Sotomayor

Mientras La Puntilla sigue creciendo, los tanqueros todavía deben abastecer de agua a sectores como Mocolí.
Servicios básicos rezagados en pleno siglo XXI
La Puntilla suma más de 200 ciudadelas, una veintena de plazas y centros comerciales en sus 10 kilómetros. Sin embargo, aún hay ciudadelas que usan pozos sépticos y sectores, como Isla Mocolí, donde sus habitantes recurren a tanqueros para abastecerse de agua.
Para los residentes, esto revela una falta de planificación frente al crecimiento de la zona. Cuestionan que se sigan levantando proyectos inmobiliarios mientras la infraestructura básica no está a la altura. Y piden que la Alcaldía garantice los servicios que esa expansión demanda.
“Mantener estas carencias es prehistórico. Es una burla que, más allá de la cotidianidad, afecta la plusvalía. Nos vendemos como un polo en desarrollo, cuando no tenemos ni agua. Tener agua no debería ser un privilegio”, se queja Jacky Salame, residente de Ciudad Celeste.
Primero los servicios, después el crecimiento
Para Marlon Cabrera, vicepresidente del Observatorio Ciudadano de Servicios Públicos, la prioridad debe ser conectar a la red de alcantarillado y agua potable a las ciudadelas que todavía dependen de pozos sépticos y tanqueros. Si el costo es una dificultad, plantea que el Municipio y las urbanizaciones lleguen sí o sí a un acuerdo para hacerlo en un plazo máximo de uno o dos años. “Ya estamos en pleno siglo XXI. Por el costo de cada vivienda tiene que exigirse agua potable y alcantarillado como debe ser, no tanqueros ni soluciones a medias”, reclama.
Cabrera también considera que ningún nuevo proyecto debería recibir autorización si antes no garantiza todos sus servicios básicos, incluida una red de distribución adecuada y un sistema de tratamiento de aguas. “No puede quedar a medias ni decir que más adelante se harán las obras. Eso nunca”, sostiene.
Editoriales
Samborondón: ¿cómo puede el cantón más caro del país tener problemas de agua, parques y movilidad?
Editorialistas Expreso

Muelles y estaciones fluviales permitirían conectar La Puntilla por agua con sectores de Guayaquil, Durán y Daule.
Un río que todavía no forma parte de la ciudad
El río está ahí, pero La Puntilla, al igual que las otras ciudades que integran el Gran Guayaquil, todavía lo mira como paisaje y no como oportunidad. Residentes plantean que ese recurso podría tener usos turísticos y de transporte, incluso para trayectos cortos hacia cantones cercanos.
“Si otras ciudades del mundo, como Bangkok y Ámsterdam, han convertido sus ríos y canales en vías de movilidad, ¿por qué Samborondón sigue mirando al Guayas como adorno? Dar ese paso podría darle vida no solo a nuestro ecosistema, sino también aliviar las vías. En otras metrópolis, el río forma parte de la movilidad cotidiana y permite conectar incluso zonas separadas por el agua y facilitar el traslado de peatones y bicicletas, algo acá inexistente”, analizó la residente Sandra Ricaurte, quien lamenta que “la falta de voluntad política” esté haciendo olvidar la identidad de la ciudad.
Un ecosistema que conecte, mueva y dé vida
Sobre la recuperación del río, Héctor Hugo plantea convertir las riberas en grandes espacios públicos, con senderos, áreas verdes, zonas deportivas, gastronomía y cultura, además de muelles y estaciones fluviales que permitan incorporar estos sitios a la movilidad cotidiana.
Pero su propuesta va más allá de construir un malecón continuo de hormigón. El docente y urbanista plantea recuperar el borde fluvial respetando su condición natural, con vegetación, espacios permeables y lugares de encuentro. También propone que hospitales, centros comerciales y otros equipamientos se conviertan en nodos con acceso terrestre y acuático. Plantea que el río debe ser, al mismo tiempo, paisaje, espacio público, actividad económica y parte del sistema de movilidad metropolitana. “La Puntilla necesita recuperar la calle que conecta y el río que moviliza y da vida a la ciudad”, expone.
Política
Geraldine Weber: “El diagnóstico es que Guayas está totalmente abandonada”
Flor Layedra Torres

A pocos metros de grandes proyectos inmobiliarios, El Buijo todavía tiene calles de tierra y pendientes de infraestructura.
No todo termina detrás de una garita
La Puntilla necesita más espacios para vivir la ciudad fuera de las urbanizaciones. Hay reclamos por más áreas verdes, mejores aceras, pasos peatonales, zonas de sombra, bibliotecas, parques especializados y lugares para practicar deporte.
A esto se suma una movilidad con pocas alternativas al automóvil, escaso transporte público y una infraestructura peatonal y ciclística que incluso ha sido catalogada como de riesgo en ciertos tramos.
Los reclamos apuntan a crear espacios públicos que permitan hacer vida urbana y no obliguen a que el encuentro o el deporte tengan como escenario casi exclusivo una urbanización o centro comercial.
“Sueño con un gran parque, enorme, que lo tenga todo; con tardes de pícnic, noches de películas al aire libre y zonas repletas de árboles que nos cubran y no de palmeras que solo adornen”, dice Vanya Galindo, residente de Entre Ríos.
Una ciudad para caminar y encontrarse
Para el arquitecto y urbanista Brick Reyes, el déficit de áreas verdes y espacios públicos tiene su origen en cómo fueron diseñadas muchas de las urbanizaciones. Los espacios destinados a parques quedaron fragmentados o reducidos a pequeños remanentes del trazado, lo que limita su uso y alcance. Por eso propone concentrar estas áreas y conectarlas mediante corredores urbanos verdes, con espacios públicos de mayor escala y utilidad para la comunidad.
Reyes también pide mirar hacia las riberas de los ríos Daule y Babahoyo para generar nuevos espacios verdes y permeables, con sombra, recreación y actividades culturales. La idea es que estos corredores no beneficien solo a quienes viven en La Puntilla, sino también a las urbanizaciones y sectores aledaños, de manera que permitan recuperar espacios para la comunidad allí donde hoy existe un déficit.
Crecer sin saber hasta dónde, ni a qué costo
La Puntilla todavía no termina de construirse. Hay poco más de 200 urbanizaciones privadas en sus 10,5 kilómetros y, según estiman los urbanistas, cerca del 40 % del suelo disponible aún está por urbanizar.
Buena parte de esa expansión se concentra alrededor de una vía que ya soporta una fuerte presión vehicular.
Con más territorio por ocupar, las familias se preguntan qué tan preparada está La Puntilla para seguir creciendo. “Siento que no cabe ya un mall o plaza comercial más, ni un carro más. Queremos oxígeno, espacios grandes para el peatón, pero que no se urbanice más. Al menos, no más cemento que mate el poco verde que tenemos. Que si se construye algo, sea a favor de la naturaleza, la familia y la micromovilidad. Hay que cambiar ya la tendencia, por el bien del ser humano”, señaló Pamela Flores, residente de Ciudad Celeste y catedrática.
Guayaquil
El Municipio defiende urbanizar El Buijo Histórico como parte de su planificación
Flor Layedra Torres
Construir, pero con espacio para vivir
Para el arquitecto y planificador urbano Carlos Llerena, la solución pasa por revisar la planificación que ya existe y comprobar si realmente responde al crecimiento de La Puntilla. “El problema de la planificación es el que da origen a la saturación de la ciudad. Por eso no basta con definir cuánto y dónde se puede construir; hay que establecer qué infraestructura debe existir antes de aprobar nuevos proyectos. Si el Municipio dice que viene trabajando en un gran plan, lo que le toca a la siguiente administración es revisar y corregir. Priorizar”, señaló.
Llerena considera que esa revisión debe hacerse en toda La Puntilla y no proyecto por proyecto. También plantea que el desarrollo no se mida solo en metros cuadrados construidos, sino en la capacidad de generar áreas verdes, aceras, ciclovías y espacios públicos. Y que parte del suelo libre se preserve.