tRÁFICO EN gUAYAQUIL
Miles de conductores pagan el costo del caos en la Juan Tanca Marengo
La obra avanza, pero el tráfico sigue fuera de control. Usuarios denuncian que no existen acciones visibles para reducir los efectos de la intervención

Lo que antes tomaba cerca de 30 minutos ahora puede duplicarse o hasta extenderse aún más tiempo. Usuarios denuncian que el tráfico se ha vuelto una constante en la Juan Tanca Marengo.
Los puntos claves
- La solución vial en construcción en la Juan Tanca Marengo ha generado largas demoras y crecientes cuestionamientos sobre la gestión del tránsito.
- En varios tramos, los conductores invaden carriles y bloquean intersecciones en un intento por salir del embotellamiento.
- El Municipio ha dicho que habilitará un primer cuerpo de la obra de forma progresiva, pero no respondió a las consultas de EXPRESO sobre las medidas para mitigar el impacto.
La queja no es aislada: se ha convertido en una constante que crece al mismo ritmo que el tráfico en la avenida Juan Tanca Marengo, uno de los corredores más transitados de Guayaquil, por donde circulan a diario cerca de 90.000 vehículos. La ciudadanía está harta, agotada de convivir con un embotellamiento que, denuncian, es hoy la norma en la vía.
Conductores exigen al Municipio de Guayaquil y a la Agencia de Tránsito y Movilidad (ATM) acciones inmediatas ante un escenario que, aseguran, se ha salido de control. La construcción de la solución vial en la intersección con la avenida Rodrigo Chávez ha profundizado el colapso.
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El proyecto, que apunta precisamente a desatascar esta arteria del norte de la ciudad, como ha venido publicando EXPRESO, forma parte de una intervención de mayor escala. La obra está proyectada a estar lista en un plazo total de 20 meses desde el inicio de su construcción, en septiembre pasado. Y es precisamente eso lo que más preocupa.

La solución vial busca mejorar la movilidad, pero conductores aseguran que la obra ha agravado los atascos por el tiempo que está tomando levantarla.
“Estamos hablando de casi dos años. No vamos ni nueve meses lidiando con esa construcción y todo es un caos que se extiende por kilómetros. Necesitamos que apresuren los trabajos o que haya más agentes. Estamos pagando el costo de una intervención en marcha sin un control efectivo del tránsito. Es inconcebible movilizarse así. Un dolor de cabeza que se agudiza. ¿Así estuvo planificado que fuera desde el inicio? ¿Hubo planificación?”, cuestionó Ronald Cajamarca, conductor que usa esta ruta para llegar a su oficina, ubicada al pie de la arteria.
Nos han pedido paciencia durante meses, pero la paciencia no reduce las horas que perdemos en el tráfico. Aquí parece que la obra avanzó más rápido en los planos que en la calle. Lo que vemos es desorden, bocinas y una movilidad que empeora cada semana.
Desde el Municipio se ha señalado en comunicados previos que se habilitará un primer cuerpo este año, bajo un esquema de apertura progresiva similar al aplicado en el paso elevado de la avenida de las Américas, que fue puesto en funcionamiento por fases. Sin embargo, al pedido formal de este Diario para conocer la hoja de ruta prevista para “oxigenar” la vía durante la obra, el tipo de control, el número de agentes destinados al lugar y la posición del Municipio frente al cuestionamiento de posibles fallas en la planificación e improvisación, no hubo respuesta.
- El tráfico generado por la obra alcanza puntos como la avenida de Las Américas, la Francisco de Orellana y el acceso a la vía a Daule, según los usuarios.
Pero la expectativa de una apertura parcial no ha logrado calmar la molestia de los usuarios. Para ellos, la vía “ha desaparecido” en la práctica diaria: lo que antes tomaba 30 minutos ahora puede duplicarse o extenderse aún más, sin mejoras visibles en el horizonte cercano. La obra es percibida como un factor que ha agravado el problema, especialmente por la falta de gestión del flujo vehicular durante su ejecución.

La avenida Juan Tanca Marengo registra congestionamientos diarios que se extienden por varias horas. Conductores cuestionan la gestión del tránsito durante la construcción de la solución vial.
Atrapados entre filas de vehículos
Un recorrido realizado por este Diario durante varios días constató que el colapso es sostenido: en la mañana el tráfico inicia alrededor de las 07:30 y se extiende hasta las 10:00; en la tarde, el escenario se repite entre las 17:00 y las 20:00.
“Solo se ve una marea de carros con luces rojas detenidas. Es horrible, desesperante. Con suerte uno o dos agentes intentan dar paso, pero no alcanza. ¿Dónde están los agentes? Esto es infernal”, reclama Nora Bourne, quien utiliza la vía a diario para llegar a su trabajo en el centro de la ciudad.
Lo más frustrante es sentir que nadie está gestionando el problema. Si van a hacer una obra de esta magnitud, deberían existir rutas alternas claras, agentes permanentes y una estrategia visible. Hoy lo que existe es improvisación.
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La escena se vuelve aún más crítica cuando la movilidad se desborda: motocicletas que buscan avanzar terminan subiendo a las veredas ante la imposibilidad de circular, reflejando un sistema colapsado donde cada usuario intenta sobrevivir como puede.
La Juan Tanca Marengo se ha convertido en una prueba de resistencia. Uno sale con tiempo y aun así llega tarde. El tráfico ya no es un problema de ciertas horas; es prácticamente permanente.
Peatones atrapados en medio del desorden
A esto se suma una situación aún más compleja para los peatones, a quienes cruzar la avenida les resulta prácticamente imposible. Cerca del Tecnológico Espíritu Santo se forma además una especie de espiral de vehículos de la que solo se logra salir entre bocinazos, mientras los conductores intentan abrirse paso a la fuerza.
En ese punto, los carros invaden carriles, se cruzan de una vía a otra y los buses bloquean intersecciones, profundizando el desorden.
“Nadie está ahí para sancionar o dar la mano. Los conductores de buses hacen lo que les da la gana, algo ya típico en la ciudad, pero en este escenario te irrita el triple porque ya estamos asqueados de permanecer atorados en un tráfico que nadie logra solucionar. El Municipio se la ha pasado diciendo que está planificando, mentira. Aquí no se planifica nada. Hay tráfico infernal en la Juan Tanca, a tal punto que llega hasta el cruce con la avenida de Las Américas y la Francisco de Orellana, y del otro lado hasta el puente que conecta con la vía a Daule. ¿Es comprensible tener que conducir así? No, nunca. Qué cosa más horrible la movilidad en Guayaquil”, señaló el conductor Diego Endara, residente de Álamos Norte.

Ante el colapso vehicular, algunos motociclistas invaden las aceras para avanzar, una escena cada vez más frecuente en la zona.
“Si no ven a los conductores, peor a los peatones. Nosotros somos irrespetados por todos. A diario debo cruzar la avenida para llegar a mi trabajo y lo hago agarrada de la mano, como los niños, con mis compañeras, con quienes nos topamos en un punto a las 8:00. La gente se ríe, pero no es gracioso”, lamenta Karina Guevera, enfermera de un centro médico ubicado en la ruta.
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La paciencia se agota mientras avanza la construcción
La intervención vial —cuya primera estructura se construye desde septiembre de 2025— registra avances parciales: ya cuenta con 10 pilas levantadas y varios cabezales colocados. Esta fase, destinada al tránsito en sentido este-oeste, está prevista para ser entregada a inicios del segundo semestre de este año.
Sin embargo, en el terreno, la percepción ciudadana es otra: la paciencia se agota mientras la obra avanza a un ritmo que no logra aliviar el “infierno diario”.
Lo preocupante es que seguimos escuchando promesas de mejoras mientras el caos continúa. La gente no está pidiendo milagros, está pidiendo orden, control y una solución temporal mientras termina la obra.

Entre bocinas, filas interminables y maniobras riesgosas, la movilidad en la Juan Tanca Marengo pone a prueba cada día la paciencia de conductores y peatones.
“Siempre he pensado que las soluciones viales no solucionan realmente nada. Ustedes, a través de especialistas urbanos, lo han detallado en repetidas ocasiones. Pero aquí nadie hace caso. Más cemento solo agrava un problema que ya no da abasto. Ojalá me equivoque. Ojalá también se equivoquen en Los Ceibos, donde el tráfico es agobiante. Lo que ahora se necesita son salidas: más agentes, más control. No podemos seguir perdiendo horas en esta vía, menos con la inseguridad que tiene Guayaquil. En medio del tráfico nos pueden robar, incluso matar. ¿Y quién responde?”, sentenció Roger Santander, residente de Urdenor, otro de los vecindarios afectados.