Explosiones: un detonante que mantiene apresada a la población guayaquileña

  Guayaquil

Explosiones: un detonante que mantiene apresada a la población guayaquileña

Los atentados con explosivos despierta el pánico entre los habitantes. El miedo es tal, que el abandono de cualquier objeto enciende la alarma de atentado

Escenario. Personal especializado de la Policía Nacional asistió una amenaza de bomba en suburbio de Guayaquil.
Escenario. Personal especializado de la Policía Nacional asistió una amenaza de bomba en suburbio de Guayaquil.GRANASA

Miedo colectivo. La escalada de inseguridad en el país ha empujado a la urbe a la orilla del miedo constante. Ya no es un robo común o la noche el único escenario de un acto delictivo, dicen los ciudadanos. Ahora, “si te quieren quitar dinero van hasta tu trabajo y te lo piden. Si no accedes, te ponen una bomba o te balean la casa. Así, sin más. No se puede vivir así, tampoco se puede pagar un dinero de lo poco que se gana para supuestamente estar seguros”, sostiene una comerciante, a quien por seguridad llamaremos Leo.

En el país, según los datos de la Policía Nacional, de enero a la segunda semana de septiembre, se reportaron 241 eventos relacionados con explosivos a nivel nacional. De esta cifra, algunos casos responden a objetos falsos que fueron reportados por llamadas anónimas. Otros, en mayor porcentaje, fueron procedimientos con artefactos explosivos reales que unidades especializadas tuvieron que asistir. En detalle, se han registrado 54 explosiones, 53 objetos sospechosos reales, 35 amenazas con explosivos falsos, 23 reportes de objetos sospechosos falsos y 14 amenazas con explosivos reales.

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Si bien estas cifra no traduce el miedo latente que tiene la población, marca en el mapa el uso frecuente de estos artefactos para amedrentar a las víctimas o ajustar cuentas. Como en la calle 8, en el barrio Cristo del Consuelo, por ejemplo: "Aquí ya no podemos ver a alguien desconocido dando vueltas porque nos asustamos. Peor si vemos que van dejando algo botado, cada quien se guarda en su casa y no sale porque da miedo", dice Nayeli, una de las moradores de este sector que, el pasado 14 de agosto, fue escenario de un atentado con explosivos que cobró la vida de cinco personas, mal hirió a una veintena, causó el colapsó parcial de varias viviendas del sector y llevó al Gobierno a declarar estado de excepción. 

Para el experto en seguridad, Jorge Villacreses, el miedo que ocasiona los atentados que han registrado en la ciudad arrincona a la población a tomar medidas extremas, como cerrar negocios, autofinanciar seguridad, adquirir elementos para la defensa personal e, incluso, eximirse de realizar actividades de ocio en ciertos sectores considerados riesgosos.

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"Conozco de emprendedores que prefieren cerrar sus negocios por el miedo que generan los delincuentes con las denominadas vacunas. Y es que estas bandas extorsionadoras ponen explosivos para sembrar miedo, ya no es delincuencia común. Hay familias que lo piensan más de una vez antes de asistir a un evento cercano a un lugar considerado como inseguro. Como también, hay otros grupos que, al tener las posibilidades, financian un servicio de custodia privada para toda la familia. Son medidas preventivas que toman por la inseguridad que asecha a la urbe", comenta Villacreses. 

Otros hacen una radiografía del sentimiento de incredulidad que genera la ola de violencia en el país. "El miedo es tal "que se coteja al sentimiento de inseguridad de la gente, que no solo sufre robos, sino también otro tipos de delitos. Y esto se amplifica aún mas con las redes sociales. Es un detonante que genera histeria colectiva".

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En este escenario, Daniel Pontón, decano de la Escuela de Seguridad y Defensa del Instituto de Altos Estudios Nacionales (IAEN), recalcó que, por causa del miedo que genera la inseguridad y los hechos que se han suscitado, la población se muestra incrédula a cualquier acción que se tome desde el Gobierno para remediar la problemática. "Cualquier cosa que se diga o se deja de hacer, siempre va a hacer visto con un amplio nivel de crítica".

Guayaquil va rumbo a convertirse en una de las ciudades más violentas de la región, diagnostica Pontón, quien refiere que, según los indicadores, la Urbe terminaría el año 2022 con más de 50 homicidios por cada 100 mil habitantes. Tal vez un poco más o un poco menos, pero la tasa será extremadamente alta, y creo que será inédita en la historia del país.

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Para Daniel, ecuatoriano radicado en Estados Unidos, es difícil volver al país y no sentir inseguridad. "Es triste ver a una ciudad volcada a la violencia. El miedo se siente en todas partes, ya no solo es por las noches y en ciertos lugares que antes llamábamos peligrosos. Ahora te agarran donde sea, en el centro comercial, afuera de tu casa, en el auto; sin importar con quien estén. Las noticias de mi país duelen".

Los padres y hermanos de Daniel viven en Guayaquil, y entre las conversaciones que tienen vía WhatsApp está la inseguridad.  Es "triste porque parece que el problema no tiene remedio. Yo veo desde afuera que las autoridades tratan, pero creo que es poco lo que se puede hacer. Les tardará años. No es un mal que se pueda solucionar de la noche a la mañana. Mientras tanto, la gente vive su día a día entre el miedo y las precauciones. Es el caso de mi familia, ellos tienen miedo. Procuran todo el tiempo no estar expuestos.".