Día del Niño: en Guayas, crecer también significa preocuparse
Cinco adolescentes comparten cómo ven su entorno. Sus voces retratan la realidad de una generación. Extrañan la tranquilidad. Piden más espacios para crecer

Aunque aún disfrutan jugar, hacer deporte y compartir con sus amigos, la inseguridad forma parte de las preocupaciones cotidianas de muchos adolescentes en Guayas.
Lo que debes saber
- Cinco adolescentes de Guayaquil y Daule cuentan cómo perciben la ciudad donde crecen.
- Valoran la solidaridad, pero cuestionan la falta de espacios seguros y recreativos.
- Sueñan con ciudades más seguras, inclusivas y con mayores oportunidades para las nuevas generaciones.
Cinco adolescentes que viven en Guayaquil y en Daule compartieron con EXPRESO sobre la ciudad en la que crecen, los desafíos que enfrentan a diario y cómo imaginan el lugar donde les gustaría vivir. Hablan de calles donde antes podían jugar sin preocupación, de parques que perciben descuidados y de una convivencia que aún valoran gracias a la solidaridad de algunas personas.
Pero también describen un entorno urbano marcado por la inseguridad. Esta ha transformado su manera de desplazarse, relacionarse e incluso de proyectar sus sueños.
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Una generación que observa y cuestiona
Sus testimonios reflejan las inquietudes de una generación numerosa. De acuerdo con el Censo de Población y Vivienda 2022 del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Inec), en Guayas viven 876.776 niños de 0 a 11 años, que representan el 20 % de la población provincial, mientras que 491.033 son adolescentes de entre 12 y 17 años, equivalentes al 11,2 %.
Entre los menores, 449.151 son niños y 427.625 son niñas. Asimismo, se registraron 250.685 adolescentes hombres y 240.348 adolescentes mujeres.
Del total de menores de edad, 732.739 niños y 410.630 adolescentes residen en áreas urbanas de Guayas. En cambio, en las zonas rurales habitan 144.037 niños y 80.403 adolescentes, una población que también enfrenta desafíos relacionados con el acceso a servicios, espacios recreativos y oportunidades de desarrollo.
Las cifras reflejan, además, otras realidades que atraviesan a la niñez y adolescencia. De acuerdo con el Registro Estadístico Base de Población del Ecuador (Rebpe), elaborado por el INEC, en 2023 se registraron 39.314 menores de edad en situación de orfandad en Guayas; el 51 % corresponde a hombres y el 49 % a mujeres. De ese grupo, el 43,9 % son niños y el 56,1 % adolescentes.
Siento que debemos cuidarla entre todos, porque el futuro de la ciudad no depende solo de las autoridades. Somos nosotros quienes construimos ese futuro y quienes podemos convertirlo en un mejor lugar para las próximas generaciones.

Valeria Galárraga, de 16 años, cree que la inseguridad ha cambiado la forma en que niños y jóvenes viven y recorren sus ciudades.
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Lo que rescatan: la interrelación ciudadana
Para Valeria Galárraga, de 16 años, quien reside en Daule, todavía existen aspectos valiosos en la convivencia social. Ella destaca que las personas comienzan a interesarse más por temas como la salud, la economía y el cuidado del país, algo que considera importante para construir un mejor futuro.
La adolescente asegura que le gusta la manera en que vecinos y amigos se organizan para cuidar lo que tienen en común. Sin embargo, cree que la ciudad ha descuidado áreas fundamentales, como la seguridad y las zonas verdes, espacios que considera esenciales para las nuevas generaciones.
Asimismo, Domenika Pérez, de 15 años, rescata la solidaridad que aún encuentra en su entorno; ella vive en Urdenor, al norte de Guayaquil. Dice que le alegra ver que todavía existen personas dispuestas a ayudar a otros, lo que le hace sentir que la sociedad aún conserva valores importantes.
Me gustaría un Guayaquil donde todas las personas tengan oportunidades para cumplir sus sueños y sus metas personales como profesionales, y donde podamos disfrutar de los espacios recreativos sin sentir miedo ni preocuparnos por nuestra seguridad.

Domenika Pérez encuentra en el dibujo una forma de expresar sus ideas. Entre ellas, el deseo de vivir en una ciudad donde los jóvenes puedan crecer y desarrollarse con tranquilidad.
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La inseguridad marca su día a día
Aunque describe a Guayaquil como una ciudad tranquila y bonita, reconoce que el temor está presente cuando camina por las calles. Cuenta que muchas veces siente miedo al ver una motocicleta acercarse, por el riesgo de sufrir un robo.
Es por eso por lo que Valeria siente que hoy los niños y adolescentes ya no pueden salir con la tranquilidad con la que crecieron sus abuelos. “Los padres viven con el miedo constante de que sus hijos no regresen a casa”, afirma, al describir cómo la inseguridad ha transformado la vida cotidiana.
Matteo Castillo, de 13 años, encuentra en su barrio, la ciudadela Martha de Roldós, un espacio para hacer lo que más disfruta: jugar fútbol con sus vecinos. Para él, esos tiempos representan una oportunidad para divertirse, compartir con otros niños y despejar la mente.
Me gustaría vivir en una ciudad donde los niños podamos salir a jugar, divertirnos y estar con nuestros amigos sin preocupaciones. Creo que deberíamos sentirnos seguros cuando estamos en la calle, en el parque o en nuestro propio barrio.

Jugar fútbol con sus vecinos es una de las actividades favoritas de Matteo Castillo. Para él, los espacios recreativos seguros son esenciales para la niñez.
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Una generación que crece con marcas
Sin embargo, reconoce que la inseguridad también condiciona su vida cotidiana. Dice que no siempre puede salir de su hogar sin preocupaciones, por lo que suele sentirse más tranquilo cuando está acompañado por sus padres.
Alessandro Quinto, de 15 años, menciona que antes salir con amigos era algo sencillo y cotidiano. Hoy, en cambio, siente que incluso compartir con otros adolescentes implica pensar en el riesgo de ser víctima de un robo.
El adolescente cuenta que presenció un asalto, en el sur de Guayaquil, cuando iba a entrenar fútbol a las canchas de la Federación Deportiva Nacional del Ecuador (Fedenador), una experiencia que lo impactó profundamente. “Fue sorprendente ver cómo alguien podía hacer daño con tanta facilidad”, comenta al recordar ese momento que lo marcó.
Aunque asegura que suele sentirse protegido cuando se moviliza acompañado de amigos, reconoce que la inseguridad condiciona la manera en que transita por la urbe porteña. Afirma que si fuese alcalde dispondría que dos policías estén en cada cuadra para que protejan y se hagan compañía.
Me gustaría vivir en una ciudad más segura y más social, donde las personas no tengan adicciones y tampoco tomen malas decisiones. Creo que una mejor educación desde niños ayudaría a que más jóvenes elijan un camino diferente.

Además de estudiar, Alessandro se prepara como futbolista. Sueña con una ciudad que impulse el deporte, la educación y las oportunidades para las nuevas generaciones.
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Lo que esperan de los adultos y las autoridades
Por otro lado, Daniel Moscoso, de 14 años, cree que el deporte no recibe la atención que merece. Aunque reconoce la popularidad del fútbol, considera que otras disciplinas deportivas necesitan más impulso y espacios públicos que permitan a niños y adolescentes aprovechar su tiempo libre.
Daniel vive en Daule y sueña con una ciudad donde los adolescentes y niños puedan reunirse sin temor con sus amistades. Desde su mirada, las autoridades locales y nacionales deberían priorizar una administración más transparente y coordinada para recuperar la seguridad, así como la confianza de la ciudadanía.
Alessandro considera que las ciudades necesitan más espacios recreativos y oportunidades para que los jóvenes desarrollen sus talentos. Sueña con una ciudad más segura, más integrada socialmente y con una educación sólida desde la infancia, para evitar que la gente termine atrapada en la violencia o las adicciones.
La ciudad que sueño es una donde las personas puedan caminar tranquilas, reunirse con sus amigos y disfrutar de parques y espacios deportivos. Nos merecemos crecer en un lugar que nos permita desarrollarnos y convivir sin temor.

Daniel Moscoso encuentra en el fútbol una forma de compartir con otros jóvenes y mantenerse activo. Por eso considera que el deporte debe ser una prioridad para las ciudades.