'Rebelde, marginal y revoltoso', la muestra que reconstruye cuatro décadas de contracultura guayaca
Fotografías, caricaturas, fanzines y obras de arte trazan una lectura alternativa de Guayaquil desde el retorno a la democracia hasta 2018

La muestra reúne más de cien piezas, entre obras de arte, fotografías, caricaturas, videos, instalaciones, audios, publicaciones y documentos.
Una mirada a la 'otra' historia de la urbe
- Rebelde, marginal y revoltoso reúne más de cien piezas para reconstruir la contracultura guayaquileña y las respuestas del arte ante la censura, las crisis políticas, la violencia y los discursos institucionales entre 1979 y 2018.
- Dividida en tres núcleos, la exposición conecta el fotoperiodismo, la sátira, el punk y la estética popular con relatos que permanecieron al margen de la historia oficial de la ciudad.
Una multitud corre entre una nube de gas lacrimógeno. Era marzo de 1999 y las calles hervían por las protestas contra el feriado bancario, una medida que, al congelar los depósitos, profundizó la crisis social y empujó a miles de ecuatorianos a migrar. La fotografía, tomada por José Jiménez “Chivolo”, registra tanto el acontecimiento como la desesperación de los manifestantes.
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En otra sala, una virgen lleva el rostro de Lorena Bobbitt. Se trata de La Adolorida de Bucay (1994), obra neobarroca de Hernán Zúñiga Albán que reinterpreta la iconografía de La Dolorosa para referirse a la violencia machista. El cuadro recibió una mención honorífica en el Salón de Julio de 1994, pero fue retirado por disposición del entonces alcalde de Guayaquil, León Febres-Cordero. La censura se prolongó durante catorce años.
Cerca de allí, Aquel viejo motel (2006), de Gabriela Chérrez, reproduce con esmalte de uñas sobre lienzo la imagen de un crimen pasional publicada en el diario Extra. La artista traslada al campo del arte un registro procedente de la crónica roja y lo relaciona con el sensacionalismo y los imaginarios populares.
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Pero ¿qué tienen en común una protesta reprimida, una imagen religiosa censurada y una escena tomada de un periódico? Las tres revelan las tensiones que han atravesado Guayaquil y muestran cómo sus artistas han recurrido a acontecimientos políticos, discursos institucionales y relatos periodísticos para plantear otras lecturas de la ciudad.
Ese cruce articula Rebelde, marginal y revoltoso, exposición que abrió sus puertas en el Museo Nahim Isaías y reúne más de cien piezas, entre obras de arte, fotografías, caricaturas, videos, instalaciones, audios, publicaciones y documentos.
El recorrido abarca desde el retorno a la democracia, en 1979, hasta los años previos a la pandemia, en 2018. Sin embargo, en lugar de ordenar los hechos mediante una cronología rígida, la propuesta superpone archivos íntimos, sucesos históricos y gestos artísticos para explorar las relaciones que se establecen entre ellos.

Sala crónica reúne crónica periodística, fotoperiodismo y publicidad para examinar cómo los medios narraron acontecimientos nacionales e internacionales.
El ‘Lado B’ de una ciudad
La muestra surgió de una investigación iniciada por el museo en torno a manifestaciones que habían permanecido fuera de los circuitos institucionales o relegadas de los relatos históricos de Guayaquil.
A comienzos de 2026, el artista Oswaldo Terreros Herrera fue invitado a asumir la curaduría editorial y a estructurar el marco temporal. “Ahí es donde entré yo a hablar de contracultura, primero para referirme a un relato invisibilizado en la narración de la historia reciente de la ciudad y, además, para identificar el inicio de ese relato, cuyo germen fue el regreso de Pancho Jaime a Guayaquil. Él fue una especie de traductor de la contracultura norteamericana y llevó al ámbito local el lema del do it yourself, del ‘hazlo tú mismo’”, explica.
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Conocido como “La Mamá del Rock”, Pancho Jaime regresó de Estados Unidos en la década de 1970 y creó sus propios medios para hacer circular caricaturas, textos y comentarios de sátira política. Su figura ocupa un lugar central en la exposición, aunque la curaduría también reconoce los sesgos y contenidos problemáticos de parte de su producción.
El texto de la sala Tracalada de herméticxs lo presenta como un traductor contracultural que “aportó un sincretismo particular que fue dejando semillas como la mala hierba” y señala: “Inventarse el espacio por el cual va a transitar es una de las características que más me interesan de Pancho Jaime. Radical en la ética de la autogestión, establece un compromiso con el tono con el que va a desplazarse y el que lo condenará”.
En el montaje aparece de manera recurrente la figura del mosquito: una presencia pequeña, molesta e insistente que funciona como metáfora de aquello que irrumpe en los discursos dominantes.

La muestra reúne una serie de obras de arte que dialogan con las realidades sociales y políticas de la época.
Este símbolo acompaña una puesta en escena que Terreros denomina “retícula suprematista”: un sistema de líneas, bloques, vacíos y fricciones que permite relacionar materiales cuyo vínculo no siempre resulta evidente a primera vista.
“Planteo la retícula suprematista como una estructura replicable para cualquiera que tenga delirio de archivo. Son líneas en las que pueden convivir distintos insumos, incluso algunos que aparentemente no tienen relación, pero entre los que el espectador puede encontrar un diálogo”, afirma el curador.
La distribución se asemeja deliberadamente a una casa en la que los objetos se acumulan por decisión, costumbre o azar. Según el texto curatorial, el archivo tiene “una puesta en escena semejante a la de un hogar, en la que conviven de manera riesgosa distintos elementos; algunos están ahí por determinación y convicción de quienes habitan ese espacio y otros no sabemos cómo llegaron ahí”.
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Los archivos del prójimo
La investigación involucró fondos públicos y colecciones particulares. Aproximadamente el 70 % del material de archivo provino de la colección Cartagena Faitón, según Alejandro Mosquera, productor de exposiciones del museo.
También participaron Omar Sotomayor, Gabriel Jurado, José Jiménez y otras personas vinculadas con las escenas musicales y culturales de las décadas de 1980 y 1990. A ello se sumaron cuatro obras del Museo Municipal y documentos del Archivo Histórico. Para construir uno de los montajes se revisaron unas 5.000 imágenes y se seleccionaron alrededor de 1.500.
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"Los artistas, los coleccionistas y los archivistas abrieron umbrales...fueron cruciales para esta exposición", añade Terreros.
Una ruta, varias miradas
El recorrido está dividido en tres núcleos. Sala crónica reúne crónica periodística, fotoperiodismo y publicidad para examinar cómo los medios narraron acontecimientos nacionales e internacionales desde finales de los setenta hasta 2010. Allí conviven la muerte de Jaime Roldós, la crisis bancaria, el caso Fybeca y el 30-S, entre otros episodios.
Tracalada de herméticxs se concentra en revistas, fanzines, volantes, camisetas, caricaturas y otras formas de comunicación autogestionada. El núcleo rastrea la influencia de Pancho Jaime y los mecanismos empleados por distintos creadores para introducir mensajes en medios masivos y espacios públicos.
“Inventarse un medio de comunicación, hacer circular mensajes que van a contracorriente, dialogar con los medios masivos al insertarse en ellos, establecer conexiones y plantear protocolos de lectura diferentes a los convencionales”, señala su texto de sala.

La exposición permanecerá abierta hasta el 6 de febrero de 2027, de martes a sábado.
Finalmente, Durmiendo con el enemigo aborda la crítica institucional y la implicación de los propios artistas en las estructuras que interpelan. En esta sección aparecen La Adolorida de Bucay y Aquel viejo motel, junto con apropiaciones y transformaciones de Juan Pueblo y obras relacionadas con el poder político, la violencia de género y la representación mediática.
Su planteamiento se resume en una frase del guion curatorial: “Una obra es una pregunta que se prolonga en el tiempo. Es aquella que va más allá del acontecimiento; es aquella que queda cuando el contexto en el que se desenvolvió desaparece”.
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La exposición permanecerá abierta hasta el 6 de febrero de 2027, de martes a sábado, de 09:00 a 17:00, con entrada libre. El museo realiza visitas guiadas los sábados, a las 11:00, que son anunciadas previamente a través de sus redes sociales, y prepara una videoguía.
Para septiembre también está prevista una mesa de diálogo sobre la primer banda de punk del país, Descontrolados, que cuenta con una pared dedicada a su historia dentro de la exposición, acompañada por la proyección de una sesión fotográfica de la banda compuesta por cerca de cien imágenes que no habían sido exhibidas.