Cine al río: el MAAC convirtió el Malecón en una sala bajo el eclipse lunar
El problema estructural del aire acondicionado y los trabajos de adecuación obligaron al MAAC a sacar su programación de las salas

El público guayaquileño en la exhibición Cine al Río.
Lo que debes saber
- El MAAC estrenó Cine al río el 27 de agosto en su plataforma frente al Guayas.
- Una falla en el aire acondicionado llevó las proyecciones fuera de las salas del museo.
- El público pidió funciones constantes, mejor comunicación y sillas para los adultos mayores.
A las siete de la noche del jueves 27 de agosto, la plataforma del Museo Antropológico y de Arte Contemporáneo (MAAC) comenzó a parecerse menos a una explanada y más a la sala compartida de una casa. Los espectadores llegaron en pijama, extendieron cobertores sobre el suelo y acomodaron almohadas frente a la pantalla. Algunos llevaron comida preparada en casa. Detrás, el río Guayas mantenía su propio movimiento; arriba, un eclipse lunar acompañaba la función.
La brisa reemplazó al aire acondicionado y el piso hizo las veces de butaca. Durante unas horas, aquel tramo del Malecón dejó de ser únicamente un lugar de paso. Niños, jóvenes y adultos mayores se instalaron para ver El secreto de sus ojos, la película argentina dirigida por Juan José Campanella. El gesto fue sencillo, pero modificó la relación habitual con el espacio, el público no llegó a recorrerlo, sino a permanecer en él.
Cine al río nació, precisamente, de una limitación. La función había sido pensada para la sala de cine del museo, pero una complicación en la estructura del sistema de aire acondicionado impidió utilizarla. Katherine Noguera, directora de Programación del MAAC, explicó que el inconveniente obligó al equipo a trasladar la propuesta al exterior.

Parte de los presente en Cine al Río.
“Hay que ponerse creativos y encontrar soluciones frente a los conflictos”, señaló. La elección permitió recuperar una actividad que, años atrás, se realizaba en la Plaza Vital Alsar y volver a activar una plataforma amplia que ha permanecido cerrada o desconectada del recorrido cotidiano de los visitantes. “Nos parece que también es una forma linda de integrar como a la comunidad y, igual, ciento por ciento gratuito, accesible”, agregó.
Una película distinta a la elegida
La programación también buscó involucrar al público antes de la función. Las seis opciones sometidas a votación en redes sociales surgieron del taller Preguntas de un programador al ver una película, dirigido por Gabriel Avecilla. La actividad formó parte de El Florón, programa de transferencia de conocimientos del Instituto de Cine y Creación Audiovisual (ICCA), y recogió la experiencia adquirida por el programador en Locarno Industry Academy, en Brasil.
Sin embargo, la película seleccionada para el primer día mediante la votación no pudo exhibirse. Se trataba de Un Poeta. De acuerdo con Noguera, el museo no consiguió a tiempo los permisos de proyección y decidió sustituirla por El secreto de sus ojos. El cambio fue anunciado el mismo jueves y provocó preguntas y reclamos entre quienes habían participado en la elección.
Aharon Montiel, uno de los asistentes, consideró que la institución debe anticipar este tipo de modificaciones. “Mejoraría el tema de la comunicación, quizá más anticipada, sobre todo si hay cambios a último minuto, para evitar confusiones”, expresó.
Pese al ajuste, Montiel sostuvo que la cinta conectó con los espectadores y mantuvo su atención. La noche aportó el resto: “La atmósfera nocturna ayudó muchísimo, frente al río, el viento. Todo realmente fluyó muy bien”.
La primera jornada también dejó una necesidad concreta. Aunque la propuesta invitaba a llevar mantas y cojines, entre el público había personas de la tercera edad para quienes sentarse en el suelo no era una opción. Noguera reconoció que las próximas funciones se incorporarán más sillas para atenderlas. La accesibilidad, en este caso, no depende solo de que el ingreso sea gratuito.

Los asistentes al evento llegaron con sus propias almohadas y cobertores.
El museo sale de sus salas
El problema del aire acondicionado todavía no ha sido resuelto y no existe una fecha confirmada para volver a habilitar los espacios afectados. Según la directora de Programación, ya se ejecuta un plan para atender el sistema de climatización. Mientras avanzan las adecuaciones, el MAAC ha trasladado parte de su agenda a la plataforma exterior, la Plaza Vital Alsar y espacios aliados como los museos Nahim Isaías y Presley Norton y la Universidad de las Artes.
La contingencia también ha dado lugar a formatos como Museo Nocturno, Atardeceres Tropicales y las proyecciones al aire libre. Cine al río se realizará, por ahora, dos veces al mes y tendrá otras dos funciones en septiembre. La frecuencia responde a una logística marcada por la luz necesaria para proyectar y por la contaminación auditiva que aumenta en el sector durante los fines de semana.
La salida hacia el exterior no borra el problema de infraestructura del museo, pero sí plantea otra posibilidad para su programación. En lugar de suspender por completo el encuentro con los visitantes, el MAAC utiliza espacios que durante años estuvieron cerrados o fueron poco habitados. La pantalla funciona así como una invitación para permanecer junto al río y compartir la ciudad con desconocidos.
“Los guayaquileños no solemos utilizar los espacios públicos, ya sea por falta de seguridad o por escasas iniciativas”, comentó Noemí Oyola después de la función. Para ella, ver una película al aire libre, sentir la brisa del Guayas y mirar la luna cambió la experiencia de la explanada. “Actividades como esta deben tener una programación constante para que los guayaquileños podamos realmente vivir los espacios de nuestra ciudad”, afirmó.
Montiel coincidió en que la iniciativa ayuda a recuperar los espacios públicos, fomentar la cultura y reunir a personas de distintas edades en un entorno que se percibe seguro. Ese cruce, señaló, fortalece el sentido de pertenencia de quienes viven en Guayaquil.
Cuando aparecieron los créditos, el Malecón ya había cumplido una función distinta. Por una noche, la brisa resolvió lo que el sistema de climatización todavía no puede ofrecer y el público convirtió una explanada en sala. El reto será sostener esa apropiación ciudadana con continuidad, mejor comunicación y condiciones para todas las edades, sin permitir que la respuesta creativa oculte la reparación que las salas del MAAC aún esperan.