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Diario Expreso Ecuador

El Niño se acerca a niveles de 1997: ¿qué diferencias existen con aquella emergencia?

El mar se acerca a niveles de 1997-1998, pero el impacto de El Niño dependerá todavía de la evolución atmosférica y de las lluvias.

Referencial. Bandera roja en una playa de Ecuador, alerta por el avance de El Niño..

Referencial. Bandera roja en una playa de Ecuador, alerta por el avance de El Niño..Pexels

Valeria Alvear
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El nivel medio del mar frente a Ecuador alcanzó una anomalía de hasta 40 centímetros por encima de sus valores habituales, una cifra cercana a los 42 y 47 centímetros registrados durante el fenómeno de El Niño de 1997-1998.

La proximidad entre ambas mediciones constituye una señal de alerta, pero no significa que Ecuador vaya a enfrentar necesariamente una emergencia de las mismas dimensiones. El Comité Nacional para el Estudio Regional del Fenómeno El Niño (CN-Erfen) aclara que las comparaciones sirven como referencia sobre la evolución del océano y no permiten anticipar impactos equivalentes.

Las diferencias dependerán de cómo evolucione la interacción entre el océano y la atmósfera, del inicio y duración de las lluvias, así como de la respuesta de los sistemas de drenaje, ríos y zonas costeras.

El nivel del mar se acerca a la marca de 1997-1998

El reporte técnico del CN-Erfen, emitido el 20 de agosto de 2026, señala que el nivel del mar llegó a registrar anomalías de aproximadamente 40 centímetros en estaciones costeras del territorio continental y de la región Insular.

La medición representa un incremento de diez centímetros frente al informe presentado 15 días antes, cuando la anomalía se ubicaba cerca de los 30 centímetros.

Durante El Niño de 1997-1998, el nivel marítimo se elevó entre 42 y 47 centímetros por encima de lo normal. La diferencia frente al registro actual es de entre dos y siete centímetros, aunque la cercanía corresponde únicamente a este indicador oceanográfico.

El incremento actual está relacionado con la expansión térmica del agua y con la acumulación de masas cálidas en el Pacífico oriental. Las ondas Kelvin desplazan calor desde el Pacífico central hacia las costas de Ecuador, aumentando la temperatura y el volumen de la capa superficial del océano.

Referencial.Técnicos monitorean datos climáticos en Ecuador como parte de la campaña de prevención de incendios ante el fenómeno de El Niño.

Referencial.Técnicos monitorean datos climáticos en Ecuador como parte de la campaña de prevención de incendios ante el fenómeno de El Niño.Archivo

La similitud no anticipa los mismos daños

Una de las principales diferencias es que el evento actual todavía se encuentra en desarrollo y sus efectos definitivos no pueden determinarse únicamente mediante la temperatura o el nivel del mar.

El CN-Erfen comparó la evolución del fenómeno de 2026-2027 con 14 episodios anteriores e identificó una “similitud relativa” tanto con El Niño de 1997-1998 como con el de 2023-2024. Los dos antecedentes tuvieron desenlaces distintos.

El primero provocó lluvias prolongadas, inundaciones, daños en viviendas, carreteras y cultivos. El segundo también presentó un calentamiento importante del océano, pero sus efectos en las precipitaciones fueron más limitados de lo esperado en Ecuador.

El organismo puntualiza que esta comparación es únicamente una referencia sobre el comportamiento de las condiciones oceánicas. No implica que la intensidad, duración o consecuencias del evento actual vayan a ser iguales a las de cualquiera de los dos periodos.

La atmósfera marcará una diferencia decisiva

El calentamiento del océano es un componente de El Niño, pero la intensidad de las lluvias también depende del denominado acoplamiento entre el océano y la atmósfera.

Para que las aguas cálidas se traduzcan en precipitaciones intensas y persistentes deben coincidir otras condiciones atmosféricas, entre ellas cambios en los vientos, la humedad y la presión del aire.

Por esta razón, un evento puede presentar altas temperaturas marítimas sin generar automáticamente lluvias de las mismas dimensiones. El propio CN-Erfen advierte que la intensidad oceánica de El Niño no determina por sí sola la magnitud de las precipitaciones, las inundaciones o los incrementos de caudal que podrían producirse en Ecuador.

Durante el episodio de 1997-1998, las lluvias comenzaron en octubre y se prolongaron durante aproximadamente nueve meses. En el escenario actual, la mayor expresión del fenómeno está prevista hacia finales de 2026, durante la transición a la época lluviosa de la Costa.

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Ecuador aún no registra una emergencia como la de 1997

El Niño de 1997-1998 dejó 292 fallecidos y más de 29.000 evacuados, según cifras de la entonces Defensa Civil recogidas por la Organización Panamericana de la Salud. También afectó 15.264 viviendas, de las cuales alrededor de 5.000 quedaron destruidas.

Las pérdidas económicas se calcularon en 2.882 millones de dólares, equivalentes al 14,6 % del producto interno bruto de Ecuador en 1997, según estimaciones de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe.

El panorama de 2026 todavía no alcanza esa dimensión. Sin embargo, ya existen señales de exposición en el litoral. Entre el 14 y el 16 de agosto de 2026, el CN-Erfen contabilizó 14 incidentes relacionados con aguajes y oleajes: siete en Guayas, tres en Esmeraldas, dos en El Oro, uno en Santa Elena y otro en Manabí.

La elevación del mar puede incrementar el riesgo de inundaciones y erosión cuando coincide con aguajes, oleajes o temporales. También puede dificultar la evacuación del agua lluvia en ciudades conectadas con esteros y ríos, debido a que la marea alta actúa como una barrera para el drenaje.

Los próximos meses definirán el alcance de El Niño

Por ahora, la principal semejanza con 1997-1998 está en la evolución de algunos indicadores del océano, especialmente el nivel del mar y el calentamiento registrado frente a Ecuador y Perú.

La diferencia central es que todavía no se conoce si esas condiciones se traducirán en lluvias prolongadas y destructivas. Ese resultado dependerá de la evolución atmosférica y de la coincidencia del fenómeno con la temporada invernal.

El seguimiento del CN-Erfen será determinante durante los últimos meses de 2026. Hasta entonces, la cercanía de las mediciones debe entenderse como una advertencia para reforzar la prevención, no como la confirmación de que se repetirá la emergencia de hace casi tres décadas.

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