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Diario Expreso Ecuador

El mundo estudió sus hallazgos sobre el síndrome de Laron, pero Ecuador nunca lo escuchó

Pese al interés mundial en los hallazgos sobre el síndrome de Laron en Ecuador, el médico Jaime Guevara denuncia falta de apoyo e interés estatal

Familiares en Ecuador, país donde los hallazgos sobre el síndrome de Laron no fueron atendidos.

Familiares en Ecuador, país donde los hallazgos sobre el síndrome de Laron no fueron atendidos.Cortesía

Valeria Alvear
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El síndrome de Laron, una rara condición genética que impide al organismo procesar la hormona del crecimiento debido a un receptor defectuoso, convirtió durante décadas a las provincias del sur de Ecuador en un laboratorio vivo para la medicina global. 

Con más de 100 casos diagnosticados en el país —lo que representa un tercio de la población mundial afectada por este síndrome—, las investigaciones locales captaron la atención de publicaciones de prestigio como Science Translational Medicine y diarios como The New York Times. Sin embargo, la voz del principal impulsor de estos estudios en la región no halló eco en las instituciones de salud locales.

El endocrinólogo ecuatoriano Jaime Guevara, responsable de diagnosticar y documentar esta población, revela que, tras cuatro décadas de aportes científicos que influyeron en la aprobación de tratamientos por la FDA estadounidense e inspiraron investigaciones sobre el cáncer en laboratorios internacionales, las autoridades sanitarias ecuatorianas han ignorado sistemáticamente su experiencia acumulada.

Investigación de impacto internacional sin eco local

Los estudios encabezados por Guevara demostraron que la ausencia del factor de crecimiento IGF-1 en los pacientes con Laron no solo explicaba su baja estatura, sino que les otorgaba una protección casi absoluta frente al cáncer y la diabetes. Estos datos permitieron a científicos internacionales, como el investigador estadounidense John Kopchick, desarrollar bloqueadores del receptor de la hormona del crecimiento para crear "síndromes de Laron artificiales" en modelos de laboratorio, logrando avances prometedores en el tratamiento de tumores agresivos de páncreas, hígado y melanoma.

A pesar de que estos descubrimientos llevaron a Guevara a exponer en foros de Suecia y universidades de Estados Unidos, el especialista lamenta la falta de apertura dentro de las fronteras nacionales.

"Mis observaciones han logrado que haya cambios importantes en el mundo, pero el Ministerio de Salud no me ha llamado ni una sola vez, ni para el tratamiento ni para el seguimiento de estos pacientes. Yo no quiero nada para mí; lo que quería era ayudar a las personas y elevar el nivel de la medicina ecuatoriana", señala el investigador.

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Oportunidades de tratamiento perdidas por burocracia

La desatención institucional también ha tenido consecuencias directas en la calidad de vida de los pacientes, casi todos ubicados en zonas rurales vulnerables de Loja y El Oro. Debido a que la alteración genética se intensificó por la endogamia en comunidades históricamente aisladas, la llegada a tiempo de la terapia sustitutiva con mecasermina (comercializada como Increlex) es decisiva antes de que las epífisis óseas se cierren en la pubertad.

Guevara recuerda con frustración cómo entre 2008 y 2009 gestionó con la firma farmacéutica fabricante la donación gratuita del medicamento por tres años para una treintena de niños ecuatorianos. No obstante, la oferta fue rechazada por las autoridades de la época bajo argumentos de "soberanía estatal", comprometiéndose a adquirir el fármaco directamente, compra que no se concretó de forma oportuna ni sostenida.

"No dejaron entrar un regalo monumental para estos niños. Para mí, la soberanía es tratar a los viejos, a los enfermos y a los pobres, no son palabras. La compañía se cansó, retiró la oferta y a mí se me partió el alma porque vi que mis pacientes pudieron haberse tratado y no lo hicieron", relata Guevara.

Nuevos hallazgos mientras el tiempo transcurre

Actualmente, el escenario clínico de la población con síndrome de Laron en el sur ecuatoriano atraviesa una mutación que ya no es genética, sino ambiental. La apertura de carreteras y la llegada de productos ultraprocesados y bebidas azucaradas rompieron la dieta tradicional de las comunidades, derivando en la aparición de los primeros casos de diabetes y cáncer entre los pacientes registrados.

Mientras el endocrinólogo continúa asesorando a especialistas en Texas y Nueva York para el manejo de este síndrome, los pacientes en Ecuador continúan enfrentando barreras administrativas y falta de continuidad en la entrega de sus terapias. Para el investigador, el vacío institucional deja un balance amargo: un aporte científico de trascendencia global que el país no supo capitalizar en beneficio de su propia salud pública.

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