seguridad
El círculo cercano puede ser pieza clave para extorsiones
Dos trabajadores de un comerciante de Guayaquil habrían entregado información sobre sus movimientos y propiedades. Cuatro sospechosos están procesados

Una investigación iniciada en Guayaquil muestra cómo funciona esta modalidad.
La información sobre los movimientos de una persona, su domicilio, su negocio o su capacidad económica puede convertirse en el principal insumo para una extorsión. En algunos casos, esos datos no son obtenidos mediante complejas labores de inteligencia, sino que salen del círculo más cercano de la víctima: familiares, amigos, vecinos o empleados.
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Una investigación iniciada en Guayaquil, a la que Diario EXPRESO tuvo acceso, muestra cómo funciona esta modalidad.
Dos empleados de un comerciante de línea blanca, con un local en el centro de la ciudad, lo habrían ‘vendido’, al proporcionar información para extorsionarlo e, incluso, retirar el dinero obtenido mediante amenazas.
¿Cómo funciona?
Para Nelson Yépez, experto en seguridad, una de las formas más frecuentes de obtener información para cometer este delito es precisamente a través de personas cercanas a la víctima.
“En el caso de los empleados, es posible que en algún momento tengan contacto con integrantes de grupos de delincuencia organizada, ya sea por el entorno donde viven o por los lugares que frecuentan. A partir de ese acercamiento comienzan a facilitar información que luego es utilizada para cometer la extorsión”, alerta Yépez.
Conocían sus movimientos
Según la investigación, el comerciante comenzó a recibir mensajes extorsivos desde el 8 de julio de 2026. Los textos exigían el pago de 30.000 dólares para no atentar contra su vida ni la de su familia. Los presuntos extorsionadores demostraban conocer información reservada sobre la víctima.
El jueves 9 de julio, el comerciante realizó un primer pago mediante la modalidad de Efectivo Móvil, que consiste en un retiro sin tarjeta a través de un cajero automático. “Manda la foto. No estés jugando”, decía uno de los mensajes, en el que los extorsionadores exigían la captura de pantalla con el código para retirar el dinero.
Sin embargo, las intimidaciones continuaron y los sospechosos fijaron como nueva fecha límite el 13 de julio. La víctima relató en su testimonio que los criminales en sus mensajes lo amenazaban con hacer “volar” (explotar) su local.
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Ante el temor, alertó al ECU-911, lo que permitió el inicio de las investigaciones.
La pista salió de adentro
Las diligencias condujeron a la ubicación de Jefferson Curillo, propietario de una de las líneas telefónicas utilizadas para la presunta extorsión, en el sector Juan Montalvo, del noroeste porteño.
El sospechoso fue aprehendido y, según el parte policial, reconoció que enviaba los mensajes extorsivos junto con su amigo Andrés Chilán. Al momento de su captura, Chilán habría intentado huir, pero fue interceptado por los agentes.
Durante su versión, Chilán presuntamente reveló que Juan Morán y Anthony Zambrano eran quienes proporcionaban información sobre la víctima. Ambos fueron detenidos y posteriormente identificados por el comerciante como trabajadores de su negocio.
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El dato permite observar uno de los puntos más vulnerables frente a este delito: la información que se comparte o queda al alcance de quienes conocen de cerca las actividades de una persona.
Por eso, el especialista en seguridad John Garaycoa recomienda que, al recibir mensajes extorsivos, las investigaciones comiencen por el círculo más cercano de la víctima.
“El principal eslabón de la cadena de seguridad es la persona. Con cualquier pretexto, los delincuentes buscan acercarse a la víctima para ganar su confianza y obtener información”, señala.
Una vez descartadas posibles filtraciones dentro del entorno cercano, Garaycoa aconseja recurrir a profesionales especializados para manejar este tipo de casos.
Como parte de las evidencias dentro de este proceso, los agentes policiales incautaron cinco teléfonos celulares. Un juez dictó prisión preventiva para los cuatro procesados por el presunto delito de extorsión, mientras continúan las investigaciones.
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Operación a distancia
El fiscal César Peña explica que las organizaciones dedicadas a la extorsión suelen operar mediante mensajes de texto, llamadas telefónicas o visitas a los lugares de trabajo de las víctimas. En algunos casos, también dejan panfletos con amenazas y exigencias de pago.
Aunque las amenazas pueden realizarse desde números extranjeros o desde lugares alejados, su precisión suele depender de información obtenida previamente sobre la víctima, sus familiares, sus propiedades o sus rutinas.
La extorsión consiste en obligar a una persona, mediante violencia o intimidación, a realizar u omitir un acto con el fin de obtener un beneficio económico, en perjuicio de su patrimonio o del de un tercero.
Peña indica que la pena máxima para este delito puede alcanzar los 21 años y cinco meses de prisión, dependiendo de las circunstancias agravantes. “Las personas deben evitar responder mensajes o llamadas sospechosas y ser muy cuidadosas con la información que comparten, incluso con amigos, conocidos, vecinos o, en ciertos casos, con miembros de su propia familia”, aconseja el fiscal. AR