Enfermedades agrícolas
El Niño aviva plagas: ¿Podrá el agro ecuatoriano contenerlas?
Expertos prevén mayor presión de enfermedades en varios cultivos. Productores alertan vacíos de prevención y bioseguridad

El agua es uno de los principales medios de propagación del Fusarium Raza 4 Tropical.
Lo que se sabe
- El Comité ERFEN prevé que la mayor expresión de El Niño se presente entre noviembre y diciembre, aunque advierte que su evolución aún puede variar.
- El aumento de humedad, lluvias y temperatura asociado al fenómeno podría favorecer la propagación y recrudecimiento de enfermedades agrícolas.
- La respuesta fitosanitaria enfrenta problemas de coordinación: en el caso del Fusarium R4T se han perdido mesas técnicas y persisten cuestionamientos por la falta de planes de bioseguridad y contingencia.
El fenómeno de El Niño podría intensificar enfermedades agrícolas que ya afectan a cultivos clave del país, como el arroz, el maíz, el banano, cacao, entre otros advierten los especialistas consultados. Ese riesgo climático se suma a una capacidad de respuesta —tanto estatal como del sector productivo— que todavía no está a la altura del desafío.
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El 20 de julio, representantes del Comité de Operaciones de Emergencia (COE) Nacional, confirmaron que 17 provincias fueron declaradas en alerta naranja por el incremento de probabilidad de impactos de El Niño. Dentro de esas jurisdicciones hay 143 cantones considerados vulnerables.
Mientras que un informe técnico del Comité Nacional para el Estudio Regional del Fenómeno de El Niño (ERFEN), publicado el 6 de agosto, señala que las anomalías semanales de temperatura superficial del mar alcanzaron máximos de 2,3°C en la región Niño 3.4 y de 4,1°C en la región Niño 1+2, lo que confirma que el océano se mantiene más cálido de lo normal.
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El documento también compara la evolución actual con los eventos de 1997-1998 y 2023-2024, aunque aclara que esa similitud no implica que la intensidad, duración o impactos vayan a ser equivalentes. Sin embargo, se prevé que la mayor expresión del fenómeno sea entre noviembre y diciembre, cuando podría coincidir con la transición hacia la época lluviosa en el litoral y la región insular; si el acoplamiento entre el océano y la atmósfera se adelanta, podrían presentarse antes señales de mayor humedad, convección y frecuencia de lluvias.
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Ese escenario climático es, justamente, el que dispara las plagas. Carlos Bolaños, doctor en Epidemiología de Enfermedades de Plantas y docente de la Universidad Central del Ecuador, explica que toda enfermedad depende de una triangulación de factores:
- Un patógeno virulento,
- Un hospedero susceptible y
- Un ambiente conducente.
“El cambio climático, al favorecer el clima predisponente para la enfermedad, hace que existan mayor cantidad de epidemias”, señala.
Según el especialista, autores citados por la revista Nature calculan que un aumento de apenas un grado centígrado podría reducir en 20% el rendimiento del arroz y en 30% el del maíz, debido al avance de plagas.
En la Costa ecuatoriana, esas condiciones favorecen a hongos de “quemado del arroz” (Pyricularia) o “tizón de la vaina” (Rhizoctonia solani), mientras que en el maíz predominan hongos que provocan pudriciones de raíz y tallo. A estas se suma la “cinta roja”, que este año afectó a más del 50% de las plantaciones en zonas productivas del litoral, explica Mauro Erazo, presidente de la Asociación de Ingenieros Agrónomos del Ecuador.
En el cacao, las condiciones de lluvia y humedad también podrían favorecer una mayor incidencia de enfermedades como la escoba de bruja, la monilia y la phytophthora, por lo que se requerirían controles más frecuentes, advierte Erazo. El manejo también se encarecería, debido a la necesidad de intensificar los controles químicos o orgánicos.
Además, el aumento de temperatura, según añade Bolaños, acelera el metabolismo de insectos vectores como los transmisores de Xylella fastidiosa, mientras la mayor concentración de dióxido de carbono favorece la reproducción de hongos fitopatógenos como la botritis (causa del moho gris en uvas y arándanos) y el Colletotrichum (causante de la antracnosis en cítricos, aguacates y mangos).
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A esto se suma un efecto menos conocido de la radiación ultravioleta, ya que también aumenta con El Niño, degrada moléculas fungicidas de uso común, como los triazoles, y obliga a reformular productos más resistentes. Ese cambio, advierte Bolaños, encarecerá los agroquímicos: un fungicida que hoy cuesta $40 el litro podría llegar a costar entre $50 y $60.

El control de plagas podría encarecerse por el aumento de los costos del manejo químico y orgánico.
CONTEXTO
Desde el sector cuestionan su peso institucional
El exviceministro de Agricultura y Ganadería Ney Barrionuevo sostiene que el sector agropecuario ha cargado históricamente con una "cultura de desprecio" institucional. Lo ejemplifica con el caso de la Secretaría de Desarrollo Rural Integral, creada en 1979 y adscrita directamente a la Presidencia de la República. Esa secretaría terminó devaluada a subsecretaría del entonces Ministerio de Bienestar Social y, después, diluida como dirección dentro del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca (MAGP). "Hoy no hay proyectos de desarrollo rural integral, solo queda el nombre", advierte Barrionuevo.
Para el exviceministro, la fusión actual repite ese patrón, y su incertidumbre crece porque el país atraviesa un momento de acuerdos comerciales internacionales que buscan potenciar la producción nacional y su colocación en nuevos destinos, lo que exigiría una institucionalidad agropecuaria más fuerte, no más débil.
"Si el agro no forma parte de la prioridad estratégica, entonces para qué tener un ministerio de agricultura, y esa para mí es la preocupación" sostiene Barrionuevo.
Erazo, plantea otra inquietud: la pérdida de un canal de representación directa en el gabinete ministerial para informar e impulsar medidas ante los estragos de que genere El Niño. Se pregunta si el nuevo Ministerio de Desarrollo Económico y Productivo tendrá "la suficiente energía o vitalidad" para actuar. "Esa es la preocupación que tenemos los productores agropecuarios: que exista el abandono y que cada vez sea peor".
La respuesta fragmentada ante el Fusarium R4T
La ausencia de liderazgo en el agro ecuatoriano ya preocupa en particular al sector bananero, donde ya se han detectado dos focos de fusarium raza 4 tropical en el cantón Santa Rosa, en El Oro. Segundo Solano, presidente de la Asociación de Bananeros de esa provincia, cuestiona además la inestabilidad en la Agencia de Regulación y Control Fito y Zoosanitario (Agrocalidad), que ha cambiado tres veces de dirección técnica entre diciembre y julio.
“No hay la institucionalidad, porque viene cada uno con un criterio diferente a querer implementar medidas, afirma, y denuncia que en la provincia no existe un plan de bioseguridad ni de contingencia frente a las lluvias que se haya socializado.
Según Solano, el ritmo de propagación del fusarium R4T podría acelerarse si se repiten inundaciones como las de febrero pasado, ya que el agua es uno de los principales medios de propagación del hongo. El dirigente reclama, además, que no se ha avanzado en la limpieza de canales y drenajes, una de las medidas preventivas más urgentes que expertos y gremios coinciden en señalar de cara al fenómeno.
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Desde el ámbito científico también se cuestiona la pérdida de coordinación. Freddy Magdama, jefe del departamento de Fitopatología y Microbiología del Centro de Investigaciones Biotecnológicas del Ecuador, señaló anteriormente a EXPRESO que, tras los cambios de autoridades en Agrocalidad, las mesas técnicas dejaron de funcionar y los investigadores dejaron de recibir información periódica sobre los avances y de asesorar a las autoridades. Para Magdama, recuperar ese trabajo coordinado es clave frente a un patógeno tan agresivo como el Fusarium R4T.

Afectación. Vista aérea de la finca La Carolina, donde a finales de 2025 se confirmó el primer caso.
Más data contra las plagas
Bolaños también considera ilógica la desaparición del MAGP y rechaza de manera “enérgica” la reconfiguración. Ante este escenario, sostiene que el productor no puede depender exclusivamente de la respuesta estatal: “Cada vez nos estamos dando cuenta de que depender de la respuesta estatal es un error; el agricultor necesita trabajarlo por sí mismo”.
“Hace una década toda la Costa, por ejemplo no tenía internet; hoy casi toda finca tiene señal, y eso abre paso a la tecnología y la información” señala Bolaños.
Según el especialista, el Colegio de Ingenieros Agrónomos de Pichincha, junto con dos empresas, dicta talleres de agricultura de precisión frente al cambio climático. En ellos se utilizan estaciones meteorológicas y programas con inteligencia artificial para monitorear el comportamiento de los patógenos y alertar al agricultor.
El curso ya llega a 200 agricultores, pero Bolaños reconoce que es “muy poco” y que se requieren fondos para masificarlo.
A diferencia de la realidad ecuatoriana, Estados Unidos, donde Bolaños se doctoró, puede servir como referente de una respuesta institucional más sólida. Allí, cada enfermedad agrícola tiene un especialista que lidera la investigación y el diseño de estrategias de manejo. Ningún control es infalible, pero esa coordinación agiliza la respuesta, algo que, a su juicio, falta en Ecuador.
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