El chulco en Ecuador avanza donde el crédito formal no logra llegar
Las mujeres son el 58,2% de los excluidos del crédito de consumo. La Asamblea debate un régimen especial de tasas para incluir a las personas excluidas

Tarjetas de préstamo informal. Siete de cada 10 ecuatorianos no acceden a la banca y van al 'chulco', donde pagan intereses de hasta 100% mensual.
"La obra no puede parar", dice Mariana (nombre protegido), dueña de una constructora en una ciudad costera de Ecuador. Firma contratos de obra civil con instituciones que tardan en pagar las planillas, pero el cronograma corre igual.
Mientras el pago llega, hay sueldos y material que no esperan. Por eso marca el mismo número: el de un prestamista informal.
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Como ella, apenas 3 de cada 10 ecuatorianos acceden a financiamiento formal, según el Banco Central. El resto se financia fuera del sistema.
Mariana ni tuvo que buscarlo. En calles y mercados, los prestamistas dejan tarjetas en las puertas de los locales: un celular y dinero en el día, sin buró. Después llega la visita, con vendedores que recorren los negocios, explicó Joaquín Dávalos, CEO de PayJoy en Ecuador.
El costo de la rapidez: cuatro veces más caro
Ella pide al menos $100.000, a un interés de entre 2% y 4% mensual. La tasa depende de quién presta, porque familiares y conocidos cobran menos, y del monto: mientras más alta es la cifra, más baja es.
Al 4%, ese piso genera $4.000 al mes. Como cancela al terminar la obra, tres o cuatro meses después, paga entre $12.000 y $16.000 solo de intereses.
En un banco le tocaría crédito productivo para pymes, con un techo de 11,83% anual: esos $100.000 a cuatro meses le costarían unos $3.943. En el chulco paga cuatro veces más.
Lo sabe y aun así llama. "Primero voy al banco, pero como no tengo respuesta, aparte de que se demora", explicó.
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Su resumen de la banca es más duro: "Cuando usted tiene dinero, usted es importante para ellos; pero cuando no tiene dinero, no le paran bola".
Del microempresario a la tienda de barrio
Un caso así habría sido raro hace unos años. Fidel Durán, presidente del directorio de la Asociación de Instituciones de Microfinanzas (ASOMIF), afirmó que el principal cliente del chulco es el microempresario.
El catedrático de la Universidad Andina David Castellanos fue más lejos: el chulco ya no golpea solo a las personas, sino a negocios formalizados que venden menos de $100.000 al año. Tiendas, llanteras, vulcanizadoras.
Y los montos crecieron. Cuando se hizo el estudio el promedio era $500; hoy ronda los $700 o $1.000, y en algunos casos llega a $200.000, precisó.
¿Por qué el banco no les presta?
Durán explicó que fallan tres cosas:
- entidades que no entienden a ese cliente,
- clientes con miedo o poca educación financiera y
- una barrera normativa.
Esa barrera es el techo a las tasas vigente desde 2007. Al impedir que la tasa refleje el riesgo de cada cliente, sostiene la Asociación de Bancos Privados (Asobanca), la regulación terminó dejando gente fuera en lugar de abaratar el crédito.
"Sí existen más préstamos, pero menos personas", afirmó Durán. A eso se suma un filtro que expulsa a los pequeños: sin balances al día, el banco evalúa a la empresa como si fuera una persona, explicó Castellanos.
Su conclusión del estudio del chulco fue que la gente busca acceso más que precio: "No hay crédito más caro que el que no existe".
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La ilusión de la cuenta bancaria
Mariana está convencida de que su préstamo es lícito: "Con las personas que yo me manejo, ellos sí hacen transferencias, porque sí es dinero lícito", explicó.
Los expertos dicen lo contrario. El economista Santiago García Álvarez, profesor de la Universidad Central, recordó que solo bancos, cooperativas, mutualistas y ONG calificadas pueden prestar. "No existe otra opción".
Castellanos fue tajante: que el dinero pase por el banco no lo vuelve lícito, porque hay que probar el origen de los fondos.
Sin esa verificación, advirtió, quien recibe puede terminar sin saberlo en el lavado.
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El rostro femenino de la exclusión
Si las empresas pequeñas son el nuevo objetivo del chulco, las mujeres son su víctima histórica: el 52,7% de quienes recurren al préstamo informal son mujeres, según el estudio de Castellanos.
La exclusión que las empuja ahí también tiene rostro femenino. Asobanca calcula que son el 58,2% de la población bancarizable que queda fuera del crédito de consumo: unos 4,2 millones.
Bajo esa cifra caben mundos distintos. En un extremo, empresarias como Mariana, que mueven cifras de seis dígitos y aun así no consiguen que un banco les responda a tiempo.
En el otro está Rosa (nombre protegido), dueña de una verdulería en el sur de Quito, que una vez estuvo a punto de cerrar porque no tenía ni $500 para reponer la mercadería.
A las dos les dijeron que no en el banco, aunque pedían cosas muy distintas. Y encontraron obstáculos que los hombres no tienen: "Los bienes están a nombre del marido, pese a que son de los dos", explicó Durán.
Las entidades exigen además la firma del cónyuge, que muchas no quieren pedir.
La Red de Instituciones Financieras de Desarrollo (RFD) mide el resultado: el 28% de ellas tiene crédito, frente al 30% de los hombres.
Aun así pagan mejor. En PayJoy, el 56% de las clientas son madres solteras y el 84% trabaja en la economía informal, pero su mora es más baja que la de los hombres, precisó Dávalos.
La emergencia que empuja al poste
En el caso de Rosa fue una emergencia doméstica. Su hija se enfermó, los exámenes médicos consumieron el dinero del negocio y para el martes ya no tenía con qué comprar verduras en el Mercado Mayorista.
"Pedí prestado a amigos, a familiares, pero nadie podía ayudarme", contó. El chulco no fue su primera opción, sino la última.
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Ese orden se repite: el préstamo informal se destina sobre todo a mercadería, un 41,84%, y a gastos básicos del hogar, un 30,93%.
Rosa tampoco salió a buscarlo. Vio un papel pegado en un poste con un número de teléfono, llamó y esa misma noche tenía el dinero.
Al banco nunca fue. "No entiendo bien cómo se hace. Dicen que piden un montón de papeles y yo ni sé dónde conseguir todo eso", explicó. No comparó tasas, comparó trámites.
$15 diarios: el costo que no se ve
Rosa,por precaución pidió solo $300. El prestamista le puso una condición sencilla: $15 diarios durante 30 días.
Esa cuota suma $450 en el mes. Es decir, devolvió los $300 y pagó $150 de interés: la mitad de lo que pidió. Por ese mismo préstamo, un microcrédito minorista le habría costado unos $7.
El mecanismo es el mismo en todas partes. "Te dicen: págame cinco diarios hasta finales de mes, y terminan pagando 150", describió Dávalos. El cobro diario disuelve el interés hasta volverlo invisible.
Por eso el 64,56% de los usuarios cree pagar 20% mensual, cuando el promedio real es 103%. Rosa sigue llamando al mismo número: "Ya nos conocemos".
Y el riesgo ya no es solo económico. "Los principales usureros son las propias mafias", advirtió Durán, que se estima que la usura dejaría $3.000 millones al año, sin embargo no es una cifra exacta que se pueda calcular.
¿La reforma puede alejarlas del chulco?
La Asamblea debate una reforma al Código Orgánico Monetario y Financiero (COMYF) que encarga a la Junta de Política y Regulación Financiera y Monetaria crear un régimen especial de tasas para quienes no tienen historial.
Asobanca respalda esa vía: un segmento de inclusión que incorpore temporalmente a quienes no califican, para que construyan historial y accedan después a mejores condiciones.
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El proyecto no fija ese nivel ni elimina los techos: deja la decisión en la Junta y limita esos créditos a 36 meses.
La RFD cuenta 1,26 millones de personas ya expulsadas del sistema. Durán va más lejos y pide eliminar los techos.
Castellanos advierte el reverso: sin educación financiera, abrir crédito a quien nunca lo tuvo puede terminar en una nueva ola de morosidad.
Nadie sabe aún a qué tasa se prestará ni cuándo. Mientras se decide, Mariana seguirá llamando al mismo número, y Rosa también: el banco tarda tres meses; el chulco, un día