La Tri: Así fue su paso por el mundial, sin pena ni gloria
Ecuador firmó una histórica victoria sobre Alemania, pero no logró sostener el nivel y se despidió del Mundial 2026 en dieciseisavos

La selección ecuatoriana vivió su momento más memorable del Mundial 2026 con la histórica victoria sobre Alemania antes de despedirse en dieciseisavos de final.
Trece minutos para el final y Gonzalo Plata se le adelantó a Manuel Neuer casi sobre la línea. El toque fue suave, casi tímido, pero bastó para poner el 2-1 y encender una euforia que la Tri no sentía desde hacía rato. En el estadio de Nueva York/Nueva Jersey, Ecuador acababa de tumbar a Alemania, una campeona del mundo, por primera vez en la historia de la selección dentro de una Copa del Mundo. Ese 25 de junio quedó marcado como el techo emocional de la participación ecuatoriana en el Mundial 2026.
Deportes
Ignacio Guerrico anotó un golazo para el empate de Emelec ante Deportivo Cuenca: Así lo hizo (Video)
Christian Macías
Y no fue un golpe de suerte, aunque los alemanes pegaron apenas a los dos minutos con un remate seco de Leroy Sané, uno de los goles más tempraneros que recuerde Alemania en un Mundial. Lejos de hundirse, la Tri reaccionó y Nilson Angulo igualó a los 20 con un remate dentro del área, mientras que Plata firmó la hazaña en el complemento, ante un rival que llegaba como líder del grupo, con el boleto ya asegurado y al que casi ningún análisis previo le auguraba un tropiezo.
Aquella noche, que quedó recogida en la crónica de la remontada de Ecuador ante Alemania, selló el pase a los dieciseisavos como uno de los ocho mejores terceros y confirmó que el equipo de Sebastián Beccacece tenía carácter para las noches grandes.
Copa Mundial de Fútbol
¿Por qué Ecuador no tiene buenos delanteros? Francisco Egas culpa a la LigaPro
JAIME FERNANDO JARAMILLO YEPEZ
Nada de aquel desenlace glorioso se intuía en el arranque, porque el 14 de junio, en Filadelfia, la Tricolor cayó 1-0 ante Costa de Marfil con un gol de Amad Diallo, un debut ante Costa de Marfil que dejó más dudas que certezas y templó de golpe el optimismo con el que muchos pronósticos la habían recibido. El equipo tuvo la pelota, pero le faltó profundidad y contundencia, dos deudas que arrastraría durante buena parte del torneo.
Si el debut fue frío, la segunda fecha tampoco dio respiro. En Kansas City, Ecuador chocó una y otra vez contra Eloy Room, el arquero de Curazao, que se sacó quince atajadas para firmar un 0-0 histórico para la isla caribeña. La Tri, que había llegado al Mundial con una racha de 19 partidos invicto, encadenaba dos duelos sin ganar ni marcar, y su clasificación pendía de un hilo cuando faltaba nada menos que Alemania.
Con todo, aquella no era una selección cualquiera, porque la muralla que mostró en las eliminatorias sudamericanas la había convertido en un rival incómodo, y esa lectura ya se filtraba en las previsiones y análisis que circulaban entre las mejores casas de apuestas en Ecuador, donde la Tri asomaba como una de las selecciones sudamericanas con opciones de dar la sorpresa pese a un grupo durísimo. El reto era traducir esa fama en fútbol, y contra los germanos por fin lo consiguió.
Copa Mundial de Fútbol
Sebastián Beccacece: el técnico de Ecuador que venció a Alemania y se fue solo
Esteban Ávila
Ahí, en tierra estadounidense, se entendió el proyecto de Beccacece. El técnico argentino, tan cuestionado en casa por sus rotaciones y por apostar por caras jóvenes, ordenó a un equipo valiente que no se escondió pese al golpe inicial. Ecuador presionó arriba, se plantó de igual a igual y encontró premio en las botas de Angulo y Plata, dos de los nombres llamados a sostener a la Tricolor la próxima década. Fue, además, un desquite generacional, porque la selección demostró que el formato ampliado a 48 equipos no le quedaba grande.
El sueño se apagó en el Azteca
La fiesta, sin embargo, duró poco, porque el 30 de junio, en el estadio Ciudad de México, el viejo Azteca, la Tricolor se midió al anfitrión con la localía y con toda la presión en contra. Julián Quiñones abrió la cuenta al minuto 22 y Raúl Jiménez la amplió al 31, y en apenas diez minutos el 2-0 dejó a Ecuador cuesta arriba. El combinado de Javier Aguirre administró el resto con oficio, sin conceder, y la Tri se quedó otra vez sin respuestas en la instancia decisiva.
Dolió más por lo cerca que se había sentido el sueño. Ecuador había derrotado a una campeona del mundo apenas cinco días antes, pero frente a un México crecido por su gente no encontró ni el fútbol ni la frescura de aquella noche de Nueva Jersey. Faltó pausa, faltó pegada y sobró ansiedad, y la eliminación completó la caída total del Grupo E, porque Alemania y Costa de Marfil también dijeron adiós en esa ronda.
Un triunfo resonante, dos derrotas y un empate, dos goles a favor y cuatro en contra en cuatro partidos, los saldos que dejó la Tricolor cuentan una historia de claroscuros. Como recuerdan los números de la Tri, fue una selección que compitió, que tuvo su noche de gloria frente a un gigante, pero que volvió a chocar con el mismo muro de siempre apenas se elevó la exigencia.
Quinto Mundial en la historia de Ecuador y, a la vez, el punto final de un ciclo. Sebastián Beccacece y Enner Valencia, capitán eterno y símbolo de toda una generación, confirmaron su despedida de la Tri poco después de la eliminación. Se van dejando una postal imborrable, la del día que Ecuador derribó a una campeona del mundo, y una pregunta que aquí en el país se repite cada cuatro años: cómo convertir el talento de futbolistas como Angulo o Plata en algo más que un instante glorioso.
Más allá de la despedida amarga en el Azteca, la lectura de fondo es alentadora. Ecuador se plantó en un Mundial de 48 selecciones sin complejos, le ganó a una potencia y volvió a demostrar que su cantera produce jugadores para competir en la élite. El techo, sin embargo, sigue siendo una asignatura pendiente: dar el salto de fase y sostener el nivel más allá de un solo partido inspirado.
Ese es el examen que le espera a la nueva generación tricolor, con o sin Enner Valencia en la delantera. Porque el reto, otra vez, no es asomar entre los mejores, sino lograr que la próxima cita mundialista no dependa de una sola tarde de epopeya.