Un pibe destinado a ser D10s
Debutó a los 15 años, llegó a dos finales de Copas del Mundo y colgó los botines en 2001. Estuvo ligado al fútbol hasta morir

Diego Armando Maradona Franco debutó en Primera División antes de cumplir 16 años.
Diego Armando Maradona Franco. Un nombre sinónimo de fútbol. El dueño de una zurda inigualable. El creador de la Mano de Dios y del gol más lindo del siglo en un mismo partido. El tipo que se desquitó de una guerra armada en la cancha. Que silenció y dividió a toda Italia en la Copa del Mundo de 1990. El 10 podía poner de cabeza a un país con su fútbol, pero llegó su hora de partir.
Era tal la calidad del 10 argentino que con 11 años, mientras estaba en las formativas de Argentinos Jrs. (Los Cebollitas), era parte del show del medio tiempo en los duelos del primer equipo, evidenciando a ojos de todos que había un talento en crecimiento en sus canteras.
A tan solo a 10 días de que cumpla 16 años, Maradona debutó en el balompié profesional con Argentinos Jrs. en un choque ante Talleres.
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Ese día de su debut (que perdió 1-0), el Diego aseguró que tocó “el cielo con las manos”. Ingresó a la variante y en la primera jugada metió un túnel. Era un augurio de que su historia iba a escribirse con tinta de oro y que, desde ese día, el fútbol no iba a ser el mismo.
Por sus grandes presentaciones, César Luis Menotti, entonces DT de la Albiceleste, lo convocó, con 17 años, antes del Mundial de 1978, pero al final lo dejó fuera. Maradona no jugó la Copa del Mundo en su país y Argentina se llevó el trofeo. ¿La razón de su ausencia?: “La juventud”, se justificó Menotti.
Pero la pelota iba a prepararle episodios inolvidables al 10 de Villa Fiorito.
Al llegar a Boca Juniors obtuvo su primer título oficial como futbolista profesional. El Metropolitano de 1981 marcó el punto de inflexión en la historia de Maradona. El adolescente se convertía en un hombre que, en la cancha, parecía mago.
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La pelota y su zurda eran como la tierra y el césped, la platea y el hincha, el arco y el gol. Y en Boca, su ya conocido talento iba a empezar a traspasar fronteras.
A raíz de la obtención del campeonato, el FC Barcelona tocó la puerta de los Maradona. Al Diego lo querían en España; iba a ir, pero no trascendió.
Entre 1982 y 1984, Maradona ganó la Copa del Rey, la Supercopa de España y la Copa de la Liga en España. En ese país dejó uno que otro gol de crack, pero es más recordado por sus grescas en el campo, sobre todo esa ante el Athletic de Bilbao en San Mamés, un escenario en el que Diego disfrutaba jugar.
En 1986 Maradona llega a la cúspide de su carrera. Se disputaba el Mundial en México y Argentina no estaba entre las favoritas. El zurdo de oro, ya jugador del Nápoles italiano, con 26 años, iba a convertirse en el dueño de la fiesta.
Maradona logró ser campeón mundial, pero más allá de la foto con la copa en sus manos, ese torneo es recordado por su rendimiento ante Inglaterra en los cuartos de final.
Aún abierta la herida del pueblo argentino por las secuelas y desaparecidos de la guerra de las Malvinas contra Inglaterra, Maradona se vengó. Un gol con la mano y otro hasta el día de hoy insuperable, dejando en el camino a ocho ingleses, fueron la antesala de su gloria.
Desde ese día empezó a ser el Barrilete Cósmico, D10S, una figura celestial, suprema, heroica. El más grande de todos.
Pero el cariño hacia el 10 no solo iba a estar en Argentina, también en Italia, sobre todo en Nápoles, donde se convertiría en leyenda al poner a su modesto club en el mapa mundial.
En Italia, Maradona consiguió dos torneos ligueros, una Copa Italia, una Supercopa de Italia y la Copa de la UEFA. Y su nombre estaba en todas partes de la ciudad napolitana. En pinturas gigantescas que cubren condominios, hasta en medallitas de santo con su rostro.
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Maradona, en las semifinales del Mundial de 1990, tuvo que saltar al campo que tantas veces lo aplaudió (el estadio San Paolo de Nápoles) y logró que ese país se dividiera: los napolitanos querían que gane la Argentina de Maradona; los otros no.
La Albiceleste llegó a la final contra Alemania, cayendo luego ante los teutones, pero así de inmenso era el cariño que le tenían al gaucho en esta tierra.
Sus últimos años en Sevilla, Newells y después Boca Juniors marcaron su adiós del campo, pero el fútbol no lo dejó a él.
Su despedida oficial se dio el 10 de noviembre de 2001 con una fiesta llena de figuras mundiales del balompié y una Bombonera abarrotada. El 10 dejó un discurso emotivo, aplaudido y llorado por la mayoría, reconociendo que se equivocó, pero que “la pelota no se mancha”.
El Pelusa también probó suerte en el banquillo como entrenador, pero no pudo trasladar su éxito a la táctica. Estuvo por México, Emiratos Árabes y Argentina.
Hace pocos días fue celebrado en la cancha por sus 60 años. Hoy el mundo fútbol llora el adiós del Barrilete Cósmico.