Todos Santos: el sitio arqueológico de Cuenca que guarda más de 500 años de historia
El complejo arqueológico guarda vestigios de las culturas cañari, inca y de la época colonial. Hay un proyecto de recuperación

El sitio arqueológico de Todos Santos será intervenido para su recuperación y apertura al público.
En el corazón del Centro Histórico de Cuenca, a pocos metros del complejo de Pumapungo , sobre la Calle Larga, se encuentra uno de los espacios patrimoniales que permite comprender el origen y la evolución de capital azuaya. Se trata del sitio arqueológico de Todos Santos.
En un recorrido realizado por EXPRESO se conoció que en este sitio se conservan evidencias materiales de las culturas cañari, inca y española, convirtiéndolo en un testimonio vivo de más de 500 años de historia y en uno de los pocos lugares donde hay evidencia de la continuidad de tres períodos del desarrollo urbano.
Evidencia arqueológica del sitio
Juan Pablo Vargas, arqueólogo de la Prefectura del Azuay, considera que este sitio representa un “palimpsesto arqueológico”, es decir, donde cada cultura dejó su huella sobre la anterior sin borrar completamente su legado. Detalló que en sus estructuras existen huellas de las técnicas constructivas cañaris, elementos arquitectónicos incas y por los últimos restos de los molinos que funcionaron durante la colonia. “Esto permite reconstruir la evolución del territorio desde el antiguo Guapondelig hasta la naciente ciudad española”, puntualizó.
Todos Santos se trata de un sitio excepcional a criterio del arqueólogo, esto por la evidente relación permanente que los habitantes mantuvieron con el agua.
Investigaciones arqueológicas evidencian que desde la ocupación cañari existió un profundo conocimiento sobre su canalización y aprovechamiento , una práctica que, según Vargas, forma parte de una tradición que se remonta millas de años atrás en el territorio azuayo.
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Durante la ocupación inca, estos sistemas hidráulicos abastecieron al palacio de Pumapungo mediante una compleja red de canales, mientras que en la época colonial el agua se transformó en la fuerza que impulsó los molinos destinados a la producción de harina.
Precisamente, los molinos son uno de los atractivos del sitio. Durante los primeros años de la colonia aprovecharon la energía del agua para moler maíz y trigo, convirtiéndose este lugar en una pieza clave para la economía local.
Vargas compara este espacio con un “primer parque industrial” de la Cuenca colonial, ya que alrededor de esta actividad se consolidó el tradicional barrio de panaderos, oficio que, cinco siglos después, aún permanece ligado a este sector de la ciudad.
Vargas señaló que existen estudios históricos que muestran que la actividad económica en Todos Santos habría comenzado mucho antes de la fundación oficial de Cuenca, en 1557. “Los molinos pertenecieron inicialmente al encomendero Rodrigo Núñez de Bonilla, quien poseía varias instalaciones similares en la ciudad y posteriormente pasaron a manos de las Madres Oblatas”, explicó.
Para los investigadores, este antecedente demuestra que el territorio experimentaba importantes transformaciones económicas mientras avanzaba el proceso de colonización española. Para el especialista la importancia de Todos Santos no se limita a sus molinos y se refiere a diversas investigaciones que sostienen que este lugar estuvo conectado con Pumapungo a través de una extensa red de canales de agua que atravesaba la ciudad.
“Vestigios de esta infraestructura han sido hallados en distintos puntos del Centro Histórico e incluso durante la construcción del tranvía, confirmando que el manejo del recurso hídrico fue un elemento esencial en la planificación urbana tanto en la época inca como durante los primeros siglos de la colonia”, sostiene.
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Intervención del sitio
Quienes recorran el sitio podrán observar empedrados originales, discos de molino fracturados , canales antiguos, estructuras cañaris, nichos de factura inca y un cuarto matriz construido con grandes sillas reutilizadas de Pumapungo.
La Prefectura ha intervenido, desde 2024, este lugar y en los próximos meses se contratará su rehabilitación y para esto cuentan con estudios técnicos y arquitectónicos que marcan la pauta de la intervención. Vargas detalló que la obra contempla: adecuación del Museo Agustín Landívar, del sitio arqueológico y del cerramiento del lugar. La inversión asciende a aproximadamente 372.000 dólares y el plazo de ejecución estimado es de seis meses.