Retirada mundial del libre comercio

  Actualidad

Retirada mundial del libre comercio

Retirada mundial del libre comercio

En la década de 1980, el gobierno del presidente de Estados Unidos, Ronald Reagan, obligó a Japón a aceptar restricciones “voluntarias” de sus exportaciones, específicamente de automóviles, con el fin de reducir el déficit comercial de EE. UU. y proteger a las empresas estadounidenses de la competencia japonesa. Hasta el año 1994, el déficit no se había reducido, pero los fabricantes de automóviles estadounidenses se habían tornado en más competitivos, por lo que se descontinuaron las restricciones. Al año siguiente, se estableció la OMC y se prohibieron tales restricciones “voluntarias” por ser ilegales. Desde aquel entonces, Japón -cuyo comercio representa alrededor del 35 % de su PIB -ha sido un firme defensor de las normas comerciales multilaterales. Pero, eso puede haber estado cambiando en respuesta a los crecientes ataques del presidente de EE. UU., Donald Trump, al sistema de comercio basado en normas. El mecanismo de solución de controversias de la OMC ha sido considerado durante mucho tiempo una de sus joyas de la corona. El organismo tiene jurisdicción obligatoria sobre las controversias derivadas de sus acuerdos cubiertos, y los miembros deben cumplir con los “informes del panel” (recomendaciones producidas por tres expertos independientes). Las apelaciones de esos informes son consideradas por el Órgano de Apelación de siete miembros, que puede confirmar, modificar o revertir los hallazgos del panel. Una vez adoptados por el Órgano de Solución de Diferencias, los informes del Órgano de Apelación deben ser aceptados por todas las partes en la controversia. Gracias a Trump, este sistema está al borde de la muerte. El gobierno de Trump ha estado bloqueando el reemplazo de los jueces del Órgano de Apelación una vez que vencen sus mandatos, alegando que han excedido su mandato. El Órgano de Apelación en la actualidad sólo tiene tres miembros, el mínimo necesario para firmar las resoluciones. A menos que EE. UU. cambie de rumbo en su comportamiento a mediados de diciembre, cuando expiren los mandatos de dos jueces más, el Órgano de Apelación no tendrá poder para actuar. En ese momento, un país que no esté satisfecho con un informe del panel tendrá la opción de enviar el fallo al limbo mediante la presentación de una apelación. La nueva convención de la ONU tiene como objetivo llenar el vacío que dejará el Órgano de Apelación. Pero los mediadores no pueden interpretar reglas o imponer soluciones; solo ayudar a las partes a llegar a un acuerdo. Salvar el mecanismo de solución de controversias de la OMC contribuiría en gran medida a preservar el sistema multilateral de comercio. Reemplazarlo con algo más débil podría tener el efecto contrario. Sin duda, EE. UU. no está solo en cuanto a socavar a la OMC, aunque sin duda ha brindado un gran impulso a quienes desean desafiar al organismo. Un grupo de tercas economías en desarrollo – especialmente las de Cuba, India, Sudáfrica y Venezuela – también han estado haciendo su parte. Incluso Japón ha estado montando su propio desafío al libre comercio. En la cumbre del G7 celebrada el mes pasado en Biarritz, los líderes nuevamente intercambiaron palabrerías sobre a la reforma de la OMC. Sin embargo, hay pocas razones para esperar que sigan adelante. En cambio, es posible que nos encaminemos hacia un nuevo orden mundial, en el que los acuerdos comerciales reemplacen las reglas comerciales, y las políticas respaldadas por el poder bruto sustituyan a la resolución de controversias.