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En Puná, los piratas matan por la pesca

Tres pescadores han sido baleados en diez días, uno murió. Los delincuentes se mezclan entre los comuneros para robarles

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Consternación. El sepelio de una de las víctimas se dio en medio de una mezcla de dolor e indignación popular.Stalin Carrión

En las angostas calles de Puná no se respira más la tranquilidad que caracterizaba a esta isla, la más grande del Golfo de Guayaquil, con 919 kilómetros cuadrados de extensión.

La indignación e impotencia ha invadido los hogares de quienes temen se repita la historia de hace dos décadas, cuando algunos pobladores hacían justicia por sus propias manos.

¿Qué ha ocasionado este nerviosismo? Los lugareños lo atribuyen a una presunta falta de control, porque en apenas diez días 3 personas han sido heridas a balazos y una de ellas falleció, mientras que en la cabecera parroquial se ha acrecentado la venta y consumo de sustancias estupefacientes.

No obstante, los causantes de los problemas no serían los isleños, porque los que consumen drogas en sectores públicos harían parte de los pescadores que llegan de Puerto Bolívar, una parroquia del cantón Machala, a unas 30 millas náuticas, en la provincia de El Oro.

Entre ellos, también se infiltrarían unos cuantos pillos, que son los que provocan el caos, afirman los residentes.

Orly Asencio Méndez, presidente de la Organización de Pescadores Artesanales Barrio Lindo, sostiene que “no son todos los porteños, sino parte de los que vienen. Tenemos ya dos años con estos señores que agreden a gente nuestra. Unos botan las mallas, otros se nos van encima. Hacen todo esto por sacar (robar) corvinas. No llegan con el bien de pescar”.

Además, precisa que los inconvenientes habrían empezado hace unos dos años. Pero explica que tienen claro que “no les podemos negar la pesca a nadie, porque el pescador artesanal lo puede hacer dentro de las ocho millas, a nivel nacional, pero tampoco pueden venir a la fuerza, al atropello, a quitarle el pescado a quien con sacrificio lo consiguió”.

Por eso el dirigente también recuerda que hace 20 años, a causa de situaciones similares, hubo personas que formaron grupos para combatir por su cuenta a los delincuentes.

Y ese es el pensamiento que retumba, sobre todo después de la muerte del pescador Federico Reyes Cruz (35), quien fue baleado por pillos, a quienes denominan piratas, la madrugada del pasado miércoles, cerca del sector Boya 3.

La víctima había salido a realizar sus faenas con su cuñado, Álex Montero, de 26 años, quien también resultó herido.

Franklin Montero, padre del herido y suegro del fallecido, detalla que su hijo se salvó “gracias a la mano de Dios”. “Él me cuenta -dice- que llegaron cuatro hombres en una lancha y otro en una más, disparando primero en contra de él, pero no sabe cómo esquivó tantos tiros y solo uno le dio por el abdomen, pero no fue grave”.

En la población existe temor, pero la gente no puede dejar de trabajar, acota Montero.

Néstor Chávez, hermano del difunto, dijo que este pereció por los daños que provocaron las heridas que sufrió en el tórax y a un costado del cuerpo.

Son los riesgos de salir hasta 6 días cuando hay aguajes y no saben si van a regresar, porque los ‘piratas’ se han tornado violentos, asegura Chávez.

“Algunos quieren las mallas, otros la pesca y otros hasta los motores, pero llegan disparando”, lamenta.

Lo mismo opina José Montero, hermano de Juan, de 61 años, quien aún permanece asilado en el hospital del IESS, del sur de Guayaquil, tras ser baleado por delincuentes en el mismo sector. Ocurrió el 19 de enero, cuando el hombre ejercía sus labores de pesca.

“Estos delincuentes aparentan ser pescadores y andan con mallas para despistar, pero cuando encuentran la oportunidad cometen el robo. A mi hermano le dieron un tiro en el abdomen...”, agrega José.

La tarde del pasado jueves fue el sepelio de Federico Reyes, quien era conocido como Rayo. Luego de una misa el cortejo conformado por una gran cantidad de personas, se dirigió hacia el camposanto, donde, a las 17:00, ingresaron el féretro a una bóveda del pasillo principal. Escenas de dolor. Quienes conocían a la víctima lloraban, golpeaban el cofre mortuorio. Repetían que no era justa su partida.

Por la noche, un grupo de pobladores caminaba por las calles de la isla gritando a la gente que se uniera para formar un grupo de ciudadanos que se encargue de la seguridad del poblado.

El isleño Néstor Chávez comentó que esa medida se justifica, pues no creen que sean suficientes el retén policial de la cabecera y una plataforma flotante que hay en la zona de pesca. “Los piratas nos están haciendo daño y nos sorprenden”, acota.

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Pernoctan en la isla

Al atardecer, del lado derecho del canal que divide a Puná alta de la zona baja, se empiezan a colocar las embarcaciones de los porteños, como llaman a quienes llegan desde Puerto Bolívar. La noche del jueves, hubo alrededor de cien embarcaciones. Los lugareños lamentan que a veces ingresan a alta velocidad.

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Embarcaciones de los isleños y de pescadores de Puerto Bolívar se acoderan al atardecer en Puná.Stalin Carrión