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Anfitrión. Francisco Jiménez recibió en su despacho a Juan Fernando Flores, Marcela Holguín, Esteban Torres y, fuera de la foto, Marlon Cadena.Ángelo Chamba/EXPRESO

De fiesta en el despacho de Humpty Dumpty

Simulacro en el Ministerio de Gobierno: Jiménez llama a una reunión sin agenda ni acuerdos concretos y da luz verde para destituir a Guadalupe Llori

Cuando Francisco Jiménez toma la palabra, la lengua castellana entra en suspenso. Hombre dado a pronunciar discursos como si de sonar fanfarrias se tratara, sentencioso y grandilocuente, el ministro de Gobierno ha hecho de la política exactamente lo que Guillermo Lasso pedía a gritos: un terreno donde no cuentan los hechos sino las intenciones. Y como las intenciones siempre son buenas, ahora resulta que vivimos en el paraíso del buen rollito. Igual que para el Humpty Dumpty de Alicia a través del espejo, las palabras para Jiménez significan lo que él quiere que signifiquen, ni más ni menos. Por lo general, nada en absoluto. Tómese por ejemplo el tuit que despachó este jueves al término de la reunión que mantuvo con cuatro de los cinco jefes de las bancadas legislativas en su despacho del ministerio. Altisonante y buenoide hasta la náusea: “Todo ha sido transparentado -escribió- en un encuentro público con la prensa, logrando buenos resultados para el país y el compromiso de trabajar en tres ejes”. Y a continuación, la enumeración de esos ejes, precedido cada cual con una enorme marca de verificación: “Seguridad”; “Empleo e inversión”; “Institucionalidad de la Asamblea”. Visto, visto, visto. El país avanza.

Nos encontramos, en realidad, ante la construcción consciente y sistemática de un simulacro para capear el temporal. Un simulacro según el cual el Gobierno, eficiente y proactivo, se encuentra bien encaminado en la construcción de un acuerdo de gobernabilidad, limpio y sobre la mesa, con las principales fuerzas políticas en la Asamblea Nacional. La verdad es mucho más prosaica y pasa por el hecho de que ninguna de esas fuerzas siente por el Gobierno un mínimo respeto. El ministro Jiménez ha convocado a una reunión sin agenda, ha dejado caer nerviosamente un puñado de deseos, sus invitados le han respondido con cordialidad pero con evasivas, cuando no con frontal rechazo, y él los ha despachado sin firmar documento alguno. A eso llama “transparencia”, “compromiso”, “buenos resultados para el país”. Y habla de “tres ejes”. Pero la verdad es que no hay nada.

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  • Nada escrito. La reunión del ministro de Gobierno con los jefes de bancada de la Asamblea no tuvo agenda como punto de partida ni concluyó con la firma de compromiso alguno.
  • Sí pero no. Francisco Jiménez sobre Guadalupe Llori: “Que se cumpla con el término para el cual fueron designadas las autoridades. A menos que haya razones evidentes que lo impidan”.

- Cuando yo uso una palabra -insistió Humpty Dumpty con un tono de voz más bien desdeñoso- quiere decir lo que yo quiero que diga.

- La cuestión -insistió Alicia- es si se puede hacer que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes.

- La cuestión -zanjó Humpty Dumpty- es saber quién es el que manda…, eso es todo.

Humpty Dumpty de pacotilla, Jiménez actúa a nombre de un gobierno que ni siquiera manda. Uno cuyo presidente perdió todo resto del liderazgo que aparentó algún día. Y que no controla nada. Pero nada. No es una casualidad que Rafael Lucero, de Pachakutik, el único de los coordinadores de bancada de la Asamblea Nacional que se excusó de asistir a la reunión del jueves en el Ministerio de Gobierno, supuestamente por no haber concertado previamente una postura con sus bases, no tuviera inconveniente en reunirse días antes con Rafael Correa en México sin necesidad de concertar nada con nadie. Es obvio: cuando se ejerce la representación de un partido cuyo principio político rector es el oportunismo, está clarísimo con quién tiene que reunirse uno. No con Guillermo Lasso, desde luego. Peor con Humpty Dumpty.

La reunión entera fue un simulacro. Cuando el ministro de Gobierno habla de “el compromiso de trabajar en tres ejes” está mintiendo con descaro. Sobre el tema de la seguridad, por ejemplo, el primero de esos supuestos ejes, nadie se comprometió a mover un dedo en la Asamblea para por lo menos acelerar el tratamiento del proyecto de ley de seguridad integral enviado por el Ejecutivo. Al contrario, todos le recordaron al ministro que el problema de la seguridad no depende de las leyes (salvo aquellas reñidas con los derechos humanos que el socialcristiano Esteban Torres se enorgullece de proponer), sino con la gestión del Ejecutivo. En cuanto a empleo a inversión, los jefes de bloque se ratificaron en las posiciones que ha hecho imposible para el Gobierno cualquier avance en sus proyectos de ley sobre esas materias: apoyarán siempre y cuando no impliquen privatizaciones ni precarización laboral, cosas que no implican, pero ellos ya decidieron que sí. Así que no apoyan. ¿Y la ley tributaria, a punto de ser derogada? Derogada será. “No cuente con nosotros”, dijo Holguín. “Vamos a respaldar esa derogatoria”, concluyó Torres.

En realidad, el único acuerdo de la reunión es el que Jiménez citó en tercer lugar en su lista de supuestos compromisos asumidos, con el nombre de “institucionalidad de la Asamblea”: un eufemismo para significar destitución de Guadalupe Llori, reestructuración del CAL, repartición de comisiones, juicio político al Consejo de Participación Ciudadana y asalto a los organismos de control. La reciente reunión de Rafael Lucero con Correa en México demuestra cuán vigente está la idea de una comisión de la verdad para obtener la impunidad de los presos y los prófugos del correísmo (idea que tenía en Francisco Jiménez a uno de sus más entusiastas defensores hace nomás un año). Pues bien: aquello que el ministro llama “institucionalidad de la Asamblea” es un atajo para conseguir lo mismo.

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“Nuestra posición -dice Jiménez- ha sido que se cumpla con el término para el cual fueron designadas todas las autoridades. A menos que haya razones evidentes que lo impidan”. La capacidad del ministro de Gobierno para no ser ni chicha ni limonada es, hay que admitirlo, simplemente genial. Su propuesta de que, puestos a evaluar a Llori, dediquémonos entonces a evaluar a todo el mundo, es decir, a los 137 asambleístas, es un bonito saludo a la bandera. Bueno, bueno, dice Marcela Holguín, “nadie se opone”. Pero hay que empezar por algún lado, ¿no? Empecemos por Llori. Todo es de una gazmoñería y un ridículo tan subidos que da vergüenza ajena nomás verles.

Conclusiones: hay luz verde para decapitar a la presidenta de la Asamblea. Después de lo cual, todo lo que ocurra en la Asamblea escapará a la voluntad del Gobierno aunque se ponga de cabeza. En cuanto a sus iniciativas de ley, que mande nomás. Ya se verá.

El mundo del quizá tal vez

“Una vez superados los temas institucionales por parte de la Asamblea Nacional, nos parecería sumamente importante poder trabajar probablemente una nueva versión de proyecto de ley de inversiones y empezar a discutir la reforma laboral”. Así habla el ministro de Gobierno, Francisco Jiménez, con los jefes de bancada del Legislativo: con exquisito tacto e interminables circunloquios. Con “una vez superados los temas institucionales” quiere decir “una vez destituida Guadalupe Llori”. Las propuestas tampoco las hace directamente. Él no dice: vamos a enviar un nuevo proyecto de ley de inversiones. Punto. En su lugar, tantea: “Nos parecería sumamente importante poder trabajar probablemente”. ¿Será posible? Bastó una ronda de intervenciones para saber la respuesta: no, no es posible.