Actualidad

Expertos: Educacion y etica frenan los rumores en la red

Un portal y tres universidades locales analizan el tema. Los catedráticos coinciden en que lo importante no es informar primero, sino decir la verdad.

Panelistas. Los catedráticos Adrián Arroyo (i), Iván Rivera, Marena Briones, Mabel González y Héctor Bujanda.

El uso del término inglés ‘fake news’ (noticia falsa) se ha multiplicado en estos últimos meses en los medios de comunicación a nivel mundial, una expresión que designa una información deliberadamente falsa que tiene el poder de distorsionar la realidad y de impactar en la vida de las personas, a través de su circulación en las redes sociales.

Ecuador no ha estado al margen de esa tendencia por la mayor penetración de Internet, servicio al que acude el 70 % de las personas, según datos del último censo del INEC.

La Universidad Casa Grande, en conjunto con La Conversación, puso ayer el tema en la mesa. Los encargados de analizarlo fueron Mabel González y Héctor Bujanda, docentes de dicha alma mater; Adrián Arroyo y Marena Briones, de la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil; y Carlos Iván Rivera, de la Espol.

Los exponentes coincidieron en la necesidad de educar a la comunidad en el uso de los nuevos entornos digitales y que la gente aprenda a actuar con ética al momento de informar.

“La función de las ‘fake news’ es la desinformación, casi siempre con un interés detrás, ya sea político, económico, deportivo, etc.”, dice Rivera, quien asegura que las redes sociales generan una burbuja de información, alimentada de forma automática por algoritmos que contaminan a los usuarios, ofreciéndoles contenidos en función de sus preferencias y las de sus contactos.

Todos los días los llamados ‘bots’ de grupos, partidos o movimientos buscan crear tendencias con la difusión de noticias falsas, con o sin intención.

Además de aprovechar el tirón de las redes sociales, donde se propagan rápidamente mucho antes de ser desmentidas, los creadores de ‘fake news’ aprovechan otros métodos para confundir a los lectores. “Utilizan dominios similares a páginas reales, copian la apariencia de medios reputados para confundir e incluso establecen alianzas entre páginas de noticias falsas para apoyarse y ganar credibilidad entre la audiencia”, añade Bujanda.

Además, el negocio de estas páginas consiste en incrementar su tasa de clics, para así lograr un mayor número de impresiones publicitarias y, por extensión, más ingresos.

En Ecuador, casi el 60 % de los lectores comparten información por redes sociales (Facebook, Twitter y WhatsApp), que figuran como el principal medio para la distribución de noticias falsas, dijo González, citando a encuestas realizadas.

Briones cree que queda en cada persona establecer herramientas para defenderse de la manipulación. Y Arroyo plantea implementar programas mediáticos de alfabetización e informacionales en colegios y universidades, tal como lo sugiere la Unesco. Es decir, la ética y la educación como un freno a los rumores en las redes.

Los catedráticos recomiendan a los periodistas regresar al relato que se ajusta a los hechos, donde lo importante no es decir primero, sino decir la verdad; hacer periodismo de investigación y crónicas de largo aliento; y que las plataformas asuman su rol de medios y contraten a editores para atender este problema.