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El divorcio afecta la vida amorosa de los hijos
A sus 35 años de edad, Javier ha tenido dos relaciones amorosas fallidas en las que sin notarlo antes hubo una constante: sus exenamoradas son hijas de padres divorciados.

A sus 35 años de edad, Javier ha tenido dos relaciones amorosas fallidas en las que sin notarlo antes hubo una constante: sus exenamoradas son hijas de padres divorciados. Y los conflictos y las rupturas se dieron por los celos e inseguridad de ellas.
Que Javier dijera que iba a almorzar con su familia el domingo, como acostumbra, fue motivo de pelea, porque su expareja exigía que le dedique ese tiempo. Y discutían cuando su exenamorada iba a sus compromisos sociales sin él, mientras que Javier quería llevarla a los suyos. “Para ella era normal salir sola porque su mamá lo hacía”.
En cada relación ocurrió que las dos temían que él les fuera infiel, pues este fue el motivo del divorcio de sus papás, cuenta Javier.
Las especialistas consultadas por EXPRESO coinciden en que el divorcio de los padres puede generar secuelas en la vida amorosa de sus hijos, pero no son patrones fijos que se repiten, sino que depende de las circunstancias de cada caso. Es decir, de si viven la separación de mutuo acuerdo o en conflicto.
Al preguntarle si un divorcio por infidelidad genera que los hijos se vuelvan celosos, al punto de afectar sus relaciones amorosas, la psicóloga clínica Mónica Llanos responde que puede ocurrir, pero no es la única causa, sino la propia dinámica de la relación que se va estructurando por la falta de confianza y transparencia.
Llanos agrega que nadie quiere vivir el mismo episodio. “Se tienen intentos fallidos en las relaciones porque no se ha enfrentado y resuelto las emociones, frustraciones y resentimientos que aún pueden estar presentes a consecuencia del divorcio de los padres. Es importante que se identifique el grado de aceptación, el dolor, la culpa, se perdone a los padres y se restauren las relaciones con ellos”.
Su colega y especialista en Psicología Infantil, Gía Mosquera, hace hincapié a este Diario en que no hay reacciones emocionales predeterminadas, sino consecuencias a corto y largo plazo. Estas dependen de la edad del niño al momento del divorcio, del proceso de separación y de qué tan traumático sea este para él.
“La conducta de una persona celosa, desconfiada, que no logra establecer relaciones estables pueda deberse a muchas circunstancias; una de ellas puede ser los problemas traumáticos de la separación de sus padres... Pero no es un condicionante que si los padres se divorcian el hijo va a ser un adulto inmaduro emocionalmente, no va a tener relaciones estables. No es así, depende de cómo haya sobrellevado la separación y de la capacidad que tenga para afrontar los problemas”, manifiesta Mosquera.
“Los descendientes de infieles sienten que lo mismo puede volver a ocurrir, por lo que sus relaciones amorosas están marcadas por la incertidumbre. Así como pueden repetir el patrón de la infidelidad (ser infieles), ellos también pueden ser engañados por su pareja”, expresa Teresa Baquerizo Cornejo, psicóloga clínica y máster en Terapia Familiar.
Baquerizo afirma que también puede que la reacción sea la opuesta, es decir, que en lugar de comportarse como sus padres se conviertan en personas “altamente intolerantes” ante cualquier infidelidad o percepción de peligro. Esto puede conducir a establecer criterios excesivamente rígidos en su relación con los demás. Así surgen los celos o las inseguridades con la pareja, explica Baquerizo.
A la pregunta de si a los hijos de los divorciados les cuesta más encontrar pareja, Llanos, quien es máster en Docencia Superior e Investigación Educativa, contesta: “Se vuelven más exigentes, menos tolerantes, más independientes. La relación de pareja es compromiso y aceptación de las características positivas y negativas, pero esto resulta difícil si se ha pasado por el divorcio de los padres, puesto que se pueden volver mucho más críticos y con expectativas irreales”.
Baquerizo tiene un consejo para todos quienes como Javier quieren evitar una relación amorosa fallida: antes de elegir a una persona como pareja es conveniente conocer sus creencias y valores y encontrar qué tienen en común y qué los diferencia.
A los hijos de divorciados les cuesta confiar
¿Los hijos, después del divorcio de sus padres, se vuelven desconfiados?“Sí, les cuesta confiar, sobre todo dudan de poder encontrar a una persona que los ame y se comprometa con ellos a permanecer a su lado. Se corre el riesgo de que se desvalorice el matrimonio y se tenga una actitud a la defensiva con sus propias parejas, pretendiendo de forma inconsciente no repetir el patrón o error de sus padres y su relación. Dependiendo del caso, pueden pretender ser independientes y autosuficientes o por el contrario refugiarse de forma extrema en una relación esperando demasiado de la pareja (que sea infalible)”, responde a EXPRESO Mónica Llanos. Es psicóloga clínica, máster en Docencia Superior e Investigación Educativa y catedrática de Psicología y Recursos Humanos en la Universidad Ecotec.
Agrega que los hijos de divorciados no pierden el sentido de familia por no criarse con papá y mamá, porque quien se queda con ellos puede mantener las características de hogar si se comparte y disfruta en familia y se aprovecha la riqueza emocional de la relación con la familia extensiva: tíos, abuelos, primos. MVM
“Sin un modelo satisfactorio de pareja, no saben hacerlo”
Teresa Baquerizo, psicóloga clínica y máster en Terapia Familiar, explica a EXPRESO que puede ocurrir que los hijos de divorciados, por carecer de un modelo parental satisfactorio de cómo ser pareja, no saben hacerlo. “Y si se empatan con personas con las mismas experiencias inapropiadas, les resultará casi imposible establecer relaciones saludables y que puedan resolver las dificultades de manera apropiada antes de que estas se conviertan en conflictos sin solución”.
Baquerizo afirma que si no se ha recibido un modelo de familia funcional, es posible que los roles se confundan; por ejemplo, que en una relación de pareja se esté buscando la figura de protección de un padre o una madre, que hizo falta durante el crecimiento. MVM