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Diario Expreso Ecuador

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Descontrol

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Causa vergüenza ajena y es motivo de indignación lo que ocurre con la Contraloría General del Estado. Es la imagen del descontrol y del descalabro institucional.

La Contraloría debe ser una institución proba, donde predomine la honestidad de procedimientos y conducta, alejada de los juegos y cálculos políticos, donde deben regir las mejores prácticas de gestión, sus autoridades y personal ser merecedores de la confianza y el respeto de los ciudadanos.

Pero hoy la Contraloría da un triste espectáculo, convertida en “cueva de Rolando”. Es presa de bandos políticos, antes compañeros de aventura, hoy fieramente antagónicos. Queda flotando en el ambiente el hedor de que se trata de una nueva distracción para evitar, por todos los medios, que los ecuatorianos conozcamos los detalles de las tramas de corrupción emblemáticas de la década perdida. Son los mismos actores (y actrices), dándose golpes de pecho, haciendo proclamas que suenan a descargos vacíos y argumentos de hipócritas, quienes salen una vez más a la búsqueda de nuevos episodios para que los “peces gordos” escapen de la red.

El espectáculo se torna más grotesco cuando las conductas de los protagonistas, captadas en video, los revelan como personas impresentables. El Derecho, disciplina desterrada del país por algún tiempo ya, es pisoteado una vez más. Las anomalías crean situaciones de evidente ilegalidad y contribuyen al proceso de degeneración y destrucción de las instituciones: otra marca atribuible a la Revolución Ciudadana.

No hay buenos y malos: ¡todos son malos! Se los encuentra entre quienes ejercen el mamotreto denominado Quinto Poder. Entre los capos de ayer y hoy. En la persona del Contralor de los diez años, cuya reputación es severamente cuestionada. Se los halla entre los que defienden la impunidad por todos los medios. Finalmente, se materializan entre los funcionarios de nombramiento y de carrera que han sido nombrados y acusados, y no han disipado las dudas, de ser corruptos y vender sus informes al mejor postor.

¡Se agotó la paciencia! Hay que dejar atrás el ignominioso pasado inmediato, el tiempo del abuso, la corrupción, el despilfarro, y la mitomanía: esta última elevada a política de Estado.

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