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Alberto Acosta se alejó de lo que entonces era Alianza PAIS, por discrepancias con sus dirigentes.Archivo/ EXPRESO

“El Consejo de Participación Ciudadana no funcionó como esperábamos”

Entrevista a Alberto Acosta, economista, académico y primer presidente de la Asamblea Constituyente de Montecristi

Fue uno de los ideólogos y mayor defensor del proyecto político de la Revolución Ciudadana, del que se fue desencantando en el tramo final de la elaboración de la Constitución, en 2008, en parte por los tintes autoritarios que comenzaron a aparecer y que se atizaron con la puesta en vigencia de esa carta magna.

Aunque manoseada y transgredida, Alberto Acosta asegura que no ha dejado de tener fe en la Constitución aprobada en 2008. Él reconoce que no se la ha podido aplicar de forma rigurosa por varios factores, empezando por intereses políticos, pero también por falta de empoderamiento ciudadano.

¿Por qué la Constitución que el expresidente Rafael Correa dijo que duraría 300 años ha sufrido tantas violaciones e intentos de modificación en 14 años?

A Correa no le interesó cumplir la Constitución, sino que asumió su aprobación en clave de consolidar su poder como caudillo. Sus sucesores no se quedan atrás. Y la sociedad no ha terminado de empoderarse de ella, asumiéndola como una herramienta democratizadora.

¿El espíritu de esa Constitución sigue vigente, o con todas las modificaciones aplicadas ya es solo un pálido reflejo de la idea original?

La esencia se mantiene. Tan es así que los grupos de poder tienen miedo de su potencial democratizador y transformador. Eso explica por qué quieren desmontarla.

La consulta no plantea solución a los puntos que la convocan, que son inseguridad, déficit democrático.

¿La Constitución de 2008 se ha convertido en una camisa de fuerza para quien llega a gobernar?

Es obvio. Se trata de una Constitución construida democráticamente, con contenidos transformadores, para gobernantes democráticos. Y esos gobernantes no los hemos tenido.

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¿Se puede evaluar en el momento actual el impacto, positivo o negativo, que ha tenido esta carta magna en la sociedad ecuatoriana?

A pesar de las violaciones e incumplimientos es una Constitución que marca una época y que señala los derroteros de cambio. Es incluso ejemplo fuera del país.

¿Esta Constitución es aún perfectible o se requiere una nueva como sugieren varios sectores?

Toda obra de los seres humanos es perfectible. Demandamos que los gobernantes cumplan con sus disposiciones y que la sociedad, asumiendo sus derechos y deberes, haga cumplir la Constitución vigente.

¿Se la acusa de ser muy garantista, pero temas como la consulta previa, la independencia de la justicia y los derechos de la naturaleza son aún tareas pendientes?

Hay muchas tareas que siguen pendientes. La mayor, la independencia de la justicia, pues Correa “le metió la mano” y no se pudo cristalizar el proceso previsto en las transitorias de la Constitución. La consulta previa es una herramienta de lucha. Y los derechos de la naturaleza comienzan a ser una realidad en Ecuador, mientras se expanden por el mundo.

Se trata de manipular los sentimientos de hartazgo ante la inseguridad y la politiquería.

¿El Consejo de Participación Ciudadana y Control Social (CPCCS) es una idea fallida?

Sí, no funcionó como esperábamos. La propuesta del presidente Guillermo Lasso, sin embargo, vuelve a las viejas prácticas reforzando el tan cuestionado hiperpresidencialismo, pues será el presidente quien presente las ternas para designar titulares de los organismos de control.

¿Considera entonces que no es solución devolver la designación a la Asamblea? ¿Cuál sería la alternativa?

Una mixta. Por ejemplo el Consejo, en un proceso totalmente transparente y participativo, podría tramitar la selección y calificación de ternas provenientes de distintas instancias del Estado y de la misma sociedad, para que luego elija la Asamblea.