Así acaba el correísmo: no con una explosión, con un puchero

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Así acaba el correísmo: no con una explosión, con un puchero

Con la encuesta de Santiago Pérez bajo el brazo, los correístas apostaron por un empate técnico que les permitiera denunciar un fraude. Perdieron: Lasso les sacó cinco puntos.

Arauz proclama su victoria antes de hora, 11 abr. 21
Tarima. Lo de Andrés Arauz fue inédito: por primera vez un candidato a la Presidencia proclama su victoria a los 15 minutos de cerradas las urnas.Angelo Chamba

No se pudo contener: Andrés Arauz rompió ayer una vieja tradición según la cual el candidato es el último en hablar. Normalmente lo hace una vez conocidos los resultados, para asegurarse de si ganó o perdió (es una simple precaución para no quemarse) y casi nunca antes de las ocho de la noche. No fue normal, por tanto, ver al candidato correísta a las cinco y cuarto de la tarde, apenas 15 minutos después de cerradas las urnas, saltar a la tarima instalada frente a la sede de su partido, en la calle Piedrahíta, donde un grupo de músicos vestidos con un muy apropiado traje naranja de presidiario se desgañitaba frente a una carota de Jimmy Jairala a plena pantalla: “¡En los resultados del exit poll hemos triunfado! ¡Vamos a vencer, vamos a vencer!”, enronquecía en vano ante un centenar de seguidores no del todo convencidos de lo que estaban oyendo.

Cuatro horas más tarde, revestido de estudiada dignidad pero descompuesto hasta el borde de las lágrimas, haciendo pucheros que no podía evitar, el mismo personaje se presentaba en un salón del capitalino hotel Mercure para aceptar su derrota y leer, con párrafos evidentemente cortados a machete y visibles remiendos de oceánicas costuras, el discurso de victoria que tenía preparado: “El poder nunca ha sido un capricho para mí. Gulp”.

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Fallaron las cuentas. Polibio Córdova, de Cedatos, fue el as de la jornada con una encuesta a boca de urna de exactitud casi matemática. Santiago Pérez, de Clima Social, volvió a hundirse en el descrédito público anunciando un empate técnico (con una “ligera ventaja” de Arauz, especificó en tres canales de televisión) que defendió como “muy consistente”. Pero no tiene nada que temer: lo seguirán contratando. Su exit poll, que se publicó a las 17:00 junto con el de Cedatos y enrareció la tarde, se ajustó a la perfección al libreto de los correístas y les permitió cantar victoria y especular con el fraude. Si Guillermo Lasso hubiera ganado con un punto y medio en lugar de hacerlo con cinco, ardía Troya. Esa era la estrategia. Por eso la temprana aparición de Andrés Arauz en la tarima de la calle Piedrahíta.

Virgilio Hernández, Pabel Muñoz, Pierina Correa... Uno tras otro los mandos medios del correísmo fueron desfilando por uno y otro medio. Y en cada presentación se aferraban con uñas y dientes a la encuesta a boca de urna de Santiago Pérez. “Saquemos a la encuestadora que se sale de lo normal”, dijo Muñoz en referencia a Cedatos: “Las demás establecen una diferencia de 1,6 puntos”. Según él, Arauz era presidente por aclamación de encuestadores. Todavía era temprano y había lugar para cualquier duda. Pero cuando Virgilio Hernández se presentó en La Posta eran las siete de la noche, el 50 por ciento de los votos habían sido escrutados y Lasso sacaba una ventaja de nueve puntos sobre su rival.

“Aquí nadie tiene cara de velorio -dijo-, aquí estamos absolutamente seguros del triunfo, no voy a validar ningún supuesto que venga de una encuestadora cuestionada”. Más aún: “Cedatos estableció un montaje con los grandes medios de comunicación”. Hablaban los correístas como si el mundo estuviera a punto de acabarse y diera igual cualquier cosa que mintieran. Total: nadie quedaría vivo para comprobarlo. Pierina Correa, en Teleamazonas, despachaba el cuento de su conteo propio “con big data” (debe sonarle de gran importancia ese anglicismo) que arrojaba “resultados inversos” a los de Cedatos. 

No es fácil perder una elección presidencial luego de 15 años de ganarlas todas. Preguntadas (incluso con insistencia) sobre su disposición para admitir la victoria de Guillermo Lasso si el Consejo Nacional Electoral la proclamara, las figuras del correísmo que desfilaron la tarde de ayer por los medios se dieron modos para cambiar de tema y no hacerlo. En fin: cada quien aplicó religiosamente el guion dictado desde Bélgica o donde fuera vía Twitter, según el cual todos los caminos conducían al fraude.

Mientras tanto, la tarima de la calle Piedrahíta iba quedando en el abandono. Y en el salón del hotel Mercure, donde la militancia correísta esperaba la llegada de su candidato, programada para las seis y media de la tarde, daban las siete, las ocho, las ocho y media... Cuando Arauz llegó, a las nueve de la noche, su derrota en el rating televisivo fue aún más apabullante que la que sufrió en las urnas: todos los canales estaban con el presidente electo, que a esa misma hora hablaba a sus seguidores congregados en el Centro de Convenciones de Guayaquil.

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Del retórico y apergaminado discurso leído por el candidato derrotado ante sus llorosos seguidores en el hotel Mercure poco queda para los titulares, salvo la revelación de su estrategia legislativa (para tomarse en cuenta, pues son el bloque más numeroso de la Asamblea): formar “un bloque histórico: el progresismo, la plurinacionalidad, la socialdemocracia”. En otras palabras: correísmo, Pachakutik, Izquierda Democrática. El ministro de Gobierno de Guillermo Lasso aún no ha sido nombrado pero ya tiene trabajo.

Mientras tanto, el líder máximo callaba. De desgañitarse denunciando el fraude que se venía pasó a la cruda realidad: cinco puntos de ventaja. Terminó la jornada haciendo pucheros: “Solo le pido (tuiteó al nuevo presidente) que cese el lawfare”. Saludo a la bandera de un prófugo que jamás regresará.