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Diario Expreso Ecuador

Farmear aura explicado para tías: antes decíamos “Tírate un paso”, “Métele Flow” o “Shufflea”

La generación Alfa convirtió gestos y bailes extraños en una competencia para demostrar quién tiene más carisma. Pero antes de TikTok ya se 'farmeaba'

Las coreografías virales no nacieron con TikTok: cada generación ha tenido sus propios pasos para llamar la atención, destacar en la pista y conseguir lo que hoy se conoce como “aura”.

Las coreografías virales no nacieron con TikTok: cada generación ha tenido sus propios pasos para llamar la atención, destacar en la pista y conseguir lo que hoy se conoce como “aura”.Imagen generada con CHATGPT

Giannella Espinoza

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Si usted tiene más de 40 años y ha visto a un grupo de adolescentes señalarse la mandíbula, entornar los ojos o hacer movimientos incomprensibles con las manos, probablemente se haya preguntado qué están haciendo y por qué todos parecen entenderlo menos usted.

La respuesta es que están “farmeando aura”. El término proviene de la cultura de internet y los videojuegos, pero la dinámica no es tan nueva como parece. Nosotros también lo hicimos. La diferencia es que antes no tenía un nombre oficial: simplemente alguien decía “A ver, tírate un paso” o "métele flow" y comenzaba el espectáculo.

Farmear aura consiste en realizar gestos, movimientos o acciones para proyectar seguridad, carisma, misterio o estilo. Es decir, hacer algo que consiga que los demás miren, se sorprendan, se rían o admiren a quien ocupa el centro de atención.

Oxford Languages define el aura farming como el cultivo de una imagen impresionante, atractiva o carismática mediante una forma de comportarse con la que se pretende transmitir confianza, serenidad o misticismo. La expresión estuvo incluso entre las finalistas a palabra del año de Oxford en 2025.

“Farmear” proviene del inglés farming, que significa cultivar. En el mundo de los videojuegos se utiliza para describir la acción de recolectar repetidamente recursos o experiencia para avanzar de nivel. Aplicado a esta tendencia, significa acumular puntos imaginarios de popularidad o carisma.

Antes decíamos “A ver, tírate un paso” o "Métele flow"

El fenómeno no nació con TikTok. Lo nuevo es el nombre, el escenario digital y los códigos que utilizan los jóvenes para llamar la atención.

Antes nadie anunciaba que iba a acumular puntos de aura. Bastaba con que sonara una canción y alguien gritara “A ver, tírate un paso”, “hazte la de Travolta” o “a ver cómo es ese baile”. La persona entraba al centro de la pista, imitaba una coreografía conocida o inventaba un movimiento para provocar aplausos, risas o admiración.

En las décadas de 1960 y 1970, los jóvenes aprendían los pasos de moda del rock and roll y otros ritmos. Entre aquellos movimientos estaba levantar una pierna y simular que se lustraba el zapato. Quien lo hacía con mayor soltura se convertía, aunque fuera durante unos segundos, en el protagonista de la fiesta.

En los años ochenta, cuando sonaba “Maquillaje”, de Mecano, muchos representaban con las manos aquello que relataba la canción. Simulaban ponerse sombra en los ojos, sostenían un espejo imaginario y se retocaban el rostro mientras bailaban.

No se hablaba de “farmear aura”, pero quien ejecutaba la coreografía con más gracia conseguía exactamente lo que ahora buscan los adolescentes: captar las miradas de quienes estaban alrededor.

También estaban los movimientos popularizados por John Travolta: un brazo arriba, el otro abajo y luego el cambio de lado al ritmo de la música. No había puntos, seguidores ni reproducciones de por medio, pero sí existía una recompensa social: convertirse en la persona con más estilo de la pista.

Los mileniales tampoco podemos burlarnos

Durante los años noventa y los primeros años de la década del 2000, los mileniales continuamos con la misma tradición, aunque ahora algunos miremos con desconcierto los bailes de TikTok.

En Ecuador tuvimos un ejemplo que permanece en la memoria colectiva: Flor María Palomeque y sus particulares pasos de “La mosca” en el programa A todo dar. La entonces bailarina se movía con tal energía y personalidad que aquella coreografía la volvió popular en la televisión nacional. Décadas después, sus movimientos siguen reapareciendo en las redes sociales y despertando nostalgia entre quienes intentaron imitarlos. 

Cuando sonaba “Me pasa la corriente”, de El Chombo y Dangerous, lanzada en 1999, convertíamos los brazos en supuestos cables y tocábamos a otra persona para representar cómo se transmitía una descarga eléctrica.

También bailábamos “Mayonesa” juntando y moviendo los brazos como si realmente estuviéramos batiendo la salsa. Con “Chocolate” repetíamos otra coreografía literal mientras simulábamos mezclar sus ingredientes. No importaba si el movimiento tenía sentido fuera de la canción: todos conocíamos el código y sabíamos exactamente cuándo ejecutarlo. No olvidemos a la Macarena.

Algo parecido ocurría con aquella frase que advertía que, después de nueve meses, se vería “el resultado”. Al escucharla, llevábamos las manos al vientre y simulábamos un embarazo. Era un gesto absurdo para quien no conociera la canción, pero completamente reconocible para quienes estaban dentro de la pista.

La coreografía de “Me pasa la corriente” era literal, exagerada y, vista desde el presente, posiblemente tan extraña como los movimientos que hacen hoy los adolescentes. Lo mismo podría decirse de batir una mayonesa imaginaria, mezclar chocolate en el aire

También llegó el shuffle, popularizado mundialmente en 2011 por “Party Rock Anthem”, de LMFAO. La coreografía consistía en deslizar los pies rápidamente, alternando uno hacia delante y otro hacia atrás, mientras el cuerpo parecía moverse sin esfuerzo. Quien dominaba el paso se convertía de inmediato en el centro de la fiesta.

Repetir esos movimientos era una forma de demostrar que se estaba al día con la cultura popular y, de paso, conseguir que los demás nos miraran. La diferencia es que nosotros conocíamos las canciones y entendíamos las referencias.

Por eso, quizás el problema no sea que los pasos actuales resulten absurdos. Lo que ocurre es que quienes superan los 40 años ya no siempre reconocen los códigos que les dan sentido.

TikTok y los videojuegos cambiaron el lenguaje

Los movimientos utilizados para farmear aura suelen surgir de memes, videojuegos, personajes animados, filtros de inteligencia artificial y tendencias que circulan en TikTok.

Entre los gestos más comunes están señalarse la mandíbula, adoptar una mirada intensa, pasar los dedos frente a los ojos, mantener una expresión seria o realizar movimientos que parecen formar parte de una animación. También hay pequeños bailes, piruetas y demostraciones de destreza física.

No existen reglas estrictas. Cada participante interpreta un personaje y utiliza aquello que considera que puede hacerlo ver más interesante, poderoso, gracioso o misterioso.

Para alguien que no pasa tiempo dentro de esos espacios digitales, los gestos pueden parecer inconexos y carentes de sentido. Sin embargo, cada generación ha desarrollado movimientos que funcionan porque sus integrantes comparten las mismas referencias.

Si una persona que nunca escuchó “Me pasa la corriente” hubiera observado a varios jóvenes simulando que sus brazos eran cables, probablemente tampoco habría entendido nada. Lo mismo habría ocurrido si hubiera visto a un grupo de personas batiendo una mayonesa invisible.

Reconocer el movimiento permite pertenecer al grupo. Ejecutarlo con seguridad permite destacar dentro de él.

De las pistas de baile a las batallas de aura

La tendencia ha dejado de ser exclusivamente digital. En países como Ecuador, Argentina, México y Honduras ya se han realizado encuentros en los que niños, adolescentes y jóvenes compiten para demostrar quién puede farmear más aura.

Los participantes entran al centro, ejecutan sus mejores movimientos y esperan la reacción del público o la evaluación de un jurado. Algunas presentaciones apuestan por la seriedad y el misterio; otras, por el humor.

Las llamadas “batallas de aura” recuerdan, en cierta medida, a las competencias de breakdance, las ruedas de baile y los enfrentamientos de freestyle. No son exactamente lo mismo, pero comparten una lógica: alguien ocupa el centro, interpreta un personaje y utiliza su actitud y sus movimientos para superar a otro participante.

La principal diferencia es que ahora la presentación puede quedar grabada, circular en las redes sociales y ser observada por millones de personas. La audiencia ya no se limita a quienes estaban presentes en la calle o en la fiesta.

Más allá de la competencia, estos encuentros permiten que jóvenes con referencias e intereses comunes se conozcan y formen comunidad fuera de las pantallas.

Lo nuevo es el nombre

Farmear aura no consiste únicamente en bailar. También puede implicar caminar de una manera particular, lanzar una mirada a la cámara, realizar una pirueta o actuar como si una acción extraordinaria fuera completamente normal.

El movimiento es solo el vehículo. El verdadero objetivo es proyectar personalidad y conseguir la aprobación o admiración de los demás.

Esto tampoco significa que las generaciones anteriores utilizaran exactamente los mismos códigos o buscaran conscientemente acumular “puntos de aura”. La conexión está en una conducta mucho más antigua: entrar al centro, lucirse durante unos segundos y esperar la reacción del grupo.

Cambiaron las referencias y apareció una expresión para explicarlo, pero las ganas de llamar la atención frente a los demás han existido toda la vida.

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