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Diario Expreso Ecuador

Educación

Día del Maestro en Ecuador: historias de vocación que nacen en el aula

Docentes celebran al recordar el cariño de los estudiantes. Tres de ellos aseguran que las condiciones no son favorables pero la vocación los mueve

Relatos. Este 13 de abril se conmemora e Día del Maestro ecuatoriano y sus protagonistas narran la realidad de la docencia.

Relatos. Este 13 de abril se conmemora e Día del Maestro ecuatoriano y sus protagonistas narran la realidad de la docencia.ARCHIVO.

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La docencia, para Lorena Díaz Peña, de 49 años, fue un regalo de su segunda hija: al iniciar las clases de estimulación temprana de la pequeña se enamoró de la profesión e inició su camino como maestra. “Ha sido el tiempo más gratificante, siento que esto es mi vocación y estuve hecha para compartir con los niños”, asegura.

La paciencia y la entrega caracterizan las clases de la profesional y hoy, el día del maestro ecuatoriano, le añade un poquito de orgullo y alegría para celebrar su labor de todos los días pues admite que, aunque esté de vacaciones, todos los días enseña algo diferente a las personas que la rodean.

Lorena durante sus años de trabajo ha pasado por instituciones educativas particulares, pero también las públicas, como la escuela en la que actualmente labora, en el recinto La Zulema, en El Triunfo (Guayas). Desde hace cuatro años, ella viaja todos los días desde Guayaquil hasta el cantón ubicado en el límite sur de la provincia para dar clases y compartir con pequeños desde primero hasta séptimo de básica.

Suena cansado y lo es (risas), pero no deja de ser parte de mi vocación y lo hago de corazón. Mi día inicia a las 02:00 porque cocino el desayuno y almuerzo para mi familia, luego alisto todo lo mío y voy hasta la Terminal para viajar una hora y media. Ahora, luego de algunos años con la misma rutina, ya puedo dormir un rato en el bus y no pasarme de mi parada”, dice con entusiasmo.

Una maestra imparte sus clases y recuerda la vocación que se requiere para la docencia.

Una maestra imparte sus clases y recuerda la vocación que se requiere para la docencia.ARCHIVO.

Ser maestra en una zona rural, refiere Lorena, es un gran reto ya que enfrenta las ‘tentaciones’ de los pequeños a los que educa: en su mayoría no se visualizan con carreras profesionales, sino laborando en bananeras de la localidad y no ven provecho en estudiar. 

“Los más grandecitos, los de sexto o séptimo, llegan a pensar así. De hecho, dejan de ir a la escuela por irse a trabajar con sus padres; cuando veo que falta alguno les pregunto a los demás ‘chicos, ¿qué ha pasado con tal niño?’ y ellos responden que se ha ido a la bananera”, revela. 

Ella está consciente de que las oportunidades y, sobre todo, el acceso a las herramientas tecnológicas en La Zulema son escasas; sin embargo, junto con sus compañeras de trabajo que también van desde Guayaquil para enseñar, hacen lo posible para mostrarles el ‘mundo’ a sus estudiantes.

"Tenemos grupos con más de 45 estudiantes"

En una situación similar se encuentra Martha Zambrano, quien labora en Flavio Alfaro, cantón de la provincia de Manabí, pero reside en Chone. La docente, por su parte, expone que la sobrecarga laboral suele causar efectos en la enseñanza y para ella es otra realidad también importante en zonas apartadas de las grandes ciudades.

“Tenemos grupos con más de 45 estudiantes y no siempre hay recursos ilimitados; hay que hacer magia con lo que se tiene. Aparte, hay que dividir el tiempo entre dar clases, hacer planificaciones, evaluaciones, informes, reuniones y atención a los padres fuera del horario laboral. No obstante, entiendo la importancia de los docentes y por eso sigo luchando, somos el pilar de cualquier sociedad”, afirma Martha.

"Esto me llena; estoy en un buen camino"

Para Roberto Franco, docente de educación especializada, los días han sido diferentes desde hace 29 años. “Cada día es un reto como con cualquier estudiante; sin embargo, con los niños o jóvenes con discapacidad es aún más grande el reto porque cada uno es un mundo con enfermedades que acompañan su condición”, refiere.

Cada día es un reto como con cualquier estudiante"Roberto Franco

Para él, que labora en su mayoría con personas con síndrome de Down, los días más felices son los que los estudiantes, grandes o pequeños, le comparten los trabajos que hacen durante el día de clases, lo saludan o simplemente asoman sus cabecitas en su oficina. “Aunque en estos dos últimos años he ocupado un rol administrativo, igual eso me llena y me hace pensar que elegí bien y estoy en buen camino”, insiste.

Por su parte, comenta que no todo es color de rosas en la educación especializada sino que las familias o el acceso a la salud pública se levantan como grandes paredes en el camino de los estudiantes.

“Las familias, a veces, porque piensan que cuidan a los chicos les dan todo hecho y nosotros luchamos para que ellos logren autonomía. Si ellos, sus parientes, les abren hasta los alimentos, nuestro trabajo no refleja resultados. Por otra parte, una gran parte de la población de mi lugar de trabajo enfrenta enfermedades que acompañan su condición y en el sistema público no consiguen citas o las tienen para dentro de seis meses... ¡A veces el año se termina y el docente no puede avanzar con el diagnóstico y adaptación!”, expone Roberto.

Finalmente, la docencia especalizada, según dice, ha sido como un regalo para él, pues se lleva muchas lecciones de vida y una de ellas fue el tiempo de trabajo durante la pandemia de COVID-19 y la cuarentena. “Todos nos adaptamos, incluso los estudiantes. Si ellos tenían dificultades, las superaban y continuaban. Es la lección más grande”, concluye.

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