Quito

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De uno en uno. Las unidades se llenan a toda hora del día. Los pasajeros nunca faltan en los cuatro puntos ubicados en el centro de la ciudad.Ángelo Chamba

El transporte informal no cede espacio en el Centro Histórico

Solo en este sector existen cuatro trayectos cubiertos por los llamados taxirrutas. Una alternativa puede ser el concurso de rutas y frecuencias 

Son las 07:00 y sobre la calle Don Bosco y avenida Gran Colombia, en el sector de La Marín, en el Centro Histórico de Quito, están parqueados, uno detrás de otro, cuatro carros; solo uno de ellos es amarillo tipo taxi. El automóvil se llena de pasajeros e inicia su recorrido. Inmediatamente, el siguiente carro se pone al inicio de la fila; detrás del volante de un Chevrolet azul está Carlos Obando, quien es taxista de ruta en ese sector desde hace 20 años.

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Su memoria asegura que el servicio que brinda y que ahora ha proliferado por varios sectores periféricos de la capital nació hace 35 años en su barrio, La Tola. En ese tiempo movilizaban a los pasajeros en camionetas.

Todos los días, él y sus 45 compañeros llegan hasta esa intersección a las 05:30 para transportar a los vecinos de La Tola (Alta y Baja) e Itchimbía, por el mismo valor que cobran los buses, $ 0,35. Su labor culmina a las 21:30.

La ruta se inicia en el Coliseo Julio César Hidalgo y llega hasta la Tola Baja, en la Rita Lecumberry y Pasaje Toral, la última parada de los buses Tola-Pintado. A pesar de que existe esa línea urbana, los taxirrutas siempre tienen pasajeros. La razón: el costo, la rapidez del recorrido y la sensación de seguridad que brindan a sus clientes, asegura Carla Castillo, usuaria de este tipo de movilización desde hace cinco años. “Yo solo viajo con los vecinos. A veces, si uno está de apuro, ni siquiera debe esperar que el carro se llene. Por $ 1 llego desde La Marín a mi casa, rápido, cómoda y segura”.

Al día, solo Obando moviliza a más de 300 personas. Datos del Informe de Calidad de Vida Quito 2022 señalan que el 56 % de los usuarios de este medio de transporte lo prefieren por la velocidad, el 24 % por la posibilidad de ir sentado, el 18 % por la escasez de transporte público que cubra esa ruta y el 16 % lo usa por seguridad.

Juan Manuel España coincide con la moradora de La Tola. Él vive en la ciudadela Eugenio Espejo, en el límite de El Placer Alto y Bajo, en el sector de El Tejar. Ahí, a pesar del funcionamiento de la cooperativa de buses Cotocollao, también circulan los taxirrutas. “Los buses pasan cada media hora, en cambio los taxirrutas están siempre activos, cada cinco minutos”.

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Los cerca de 25 taxistas que trabajan en ese sector, desde las 07:00 hasta las 20:30, salen desde la iglesia de El Tejar y llegan hasta La Chorrera, la zona más alta. El costo varía por viaje y no por persona. Es decir, hasta el barrio de España cuesta $ 1; hasta la ciudadela Álvaro Pérez, $ 1,50; hasta Toctiuco, $ 2 y hasta La Chorrera, $ 3. La capacidad máxima de cada vehículo es de cinco personas. Entre todos pagan la carrera.

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Interminables. Las filas de los taxirrutas, entre carros convencionales o de color amarillo, se ubican en sitios específicos y ya reconocidos por la gente.Ángelo Chamba

Otra cooperativa de buses que llega hasta San Juan y Toctiuco es la 21 de Julio. Sin embargo, sobre la calle Manabí, en el sector de la Plaza del Teatro, hay otro grupo de taxirrutas que también brinda el servicio por $ 0,35. Luis Aguas es contador de profesión, pero desde hace 15 años trabaja como taxista en ese sector. Él, al igual que Obando, recuerda que desde la administración de Jamil Mahuad buscan, sin éxito, formalizar su actividad. Han pasado siete burgomaestres y ninguno ha logrado darles una solución.

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Obando resalta que durante la última campaña electoral, Pabel Muñoz, quien ganó la Alcaldía de Quito, les visitó y les hizo un ofrecimiento: regularizar su trabajo.

La misma promesa de campaña escuchó Aníbal Veloz, quien trabaja como taxista de ruta en el sector de San Diego. En los exteriores del cementerio que lleva el mismo nombre inicia el recorrido, que llega hasta los barrios de la Cima de la Libertad. Ahí también operan los buses urbanos de la cooperativa Vencedores, pero la inseguridad es el principal motivo para que los moradores opten por el servicio informal.

“Dos veces me asaltaron en el bus, a plena luz del día. La segunda vez el controlador quiso hacer algo, pero le empujaron de la puerta y se cayó”, relata Angélica, quien prefiere no dar su apellido por seguridad.

Está previsto que con la puesta en marcha del metro, anunciada para la primera semana de diciembre de este año, las rutas de los buses urbanos sean reestructuradas.

Datos de la Secretaría de Movilidad señalan que en el Distrito Metropolitano de Quito operan 62 cooperativas, con 2.800 unidades en total. De estas, seis ofrecen el servicio en el casco colonial, cubriendo 11 rutas con 146 buses a disposición.