
Quito celebra Arrastre de Caudas 2026: tradición única y reflexión sobre violencia
Quito celebra el Arrastre de Caudas 2026, rito histórico de Semana Santa y reflexión sobre la violencia
Como cada año desde 1550, la capital ecuatoriana conmemoró este Miércoles Santo el tradicional Arrastre de Caudas, un rito único en el mundo que recuerda la muerte y resurrección de Jesucristo. La ceremonia, celebrada en la Catedral Metropolitana de Quito, contó con la presencia de autoridades municipales y fue presidida por monseñor Alfredo Espinoza de los Monteros.
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La liturgia inició con la solemne oración de las vísperas, acompañada de cánticos, salmos, lecturas bíblicas y preces, en un ambiente de recogimiento que rememora siglos de fe y tradición.
La homilía y el llamado a la justicia
Durante su discurso, monseñor Espinoza reflexionó sobre la ola de inseguridad que atraviesa el país, señalando que este rito cargado de historia simboliza la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte, y se proyecta hoy en la realidad de tantas víctimas de violencia.
El Arzobispo hizo un emotivo recuerdo del padre Maximiliano Estupiñán, asesinado la semana pasada, y afirmó que “no podemos callar cuando la sangre inocente clama al cielo y el miedo se ha instalado en nuestras calles”. Recalcó que no hay paz sin justicia y que el silencio frente al mal es una forma de complicidad.
“Que el Arrastre de Caudas no se vea solo como una tradición única en el mundo, sino como un llamado a tomar posición: ¿del lado del miedo o de la esperanza?”, invitó el prelado, animando a la comunidad a denunciar injusticias y sanar heridas.

El rito del Arrastre de Caudas
El Arrastre de Caudas es una ceremonia de fúnebre apoteosis a la Cruz Redentora, que se realiza con el cabildo de canónigos vestidos con lujosas capas negras con largas colas que simbolizan los pecados del mundo. Durante la procesión, los clérigos arrastran estas caudas por el suelo al son de marchas fúnebres interpretadas por el órgano de la catedral.
El momento culminante ocurre cuando el Arzobispo ingresa con la Lignum Crucis, la verdadera cruz que contiene una astilla del madero de la crucifixión de Jesús. Posteriormente, bate la bandera negra con una gran cruz roja sobre el altar y los sacerdotes, transmitiendo simbólicamente el espíritu y los méritos de Cristo. El acto final representa la resurrección de Jesucristo y la redención de los pecados, seguido del himno Vexilla Regis, la bendición con la reliquia y la despedida.

Una tradición histórica y única
Este rito llegó a Quito desde España en el siglo XVI y se ha celebrado de manera ininterrumpida, a excepción de la pandemia de COVID-19. Mientras otras catedrales católicas del mundo dejaron de escenificarlo —como Sevilla (España) y Lima (Perú)— Quito mantiene viva esta ceremonia que combina fe, historia y simbolismo.