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Diario Expreso Ecuador

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Tumbaco revive su identidad con una gran fiesta cultural con música, danza y tradiciones

Pese al crecimiento urbano, el valle de Tumbaco mantiene sus costumbres ancestrales. Niños y jóvenes lideran relevo de fiestas tradicionales

Los danzantes ultiman detalles de sus trajes y movimientos antes del encuentro cultural más esperado del valle, la Gran Toma Cultural.

Los danzantes ultiman detalles de sus trajes y movimientos antes del encuentro cultural más esperado del valle, la Gran Toma Cultural.Foto: Ángelo Chamba

IVONNE MANTILLA
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Lo que debes saber

  • Unos 400 danzantes recorrerán Tumbaco el 25 de julio en la Quinta Gran Toma Cultural para mantener vivas las tradiciones del valle
  • Familias enteras participan en comparsas y bandas para transmitir a niños y jóvenes la identidad, la memoria y el sentido de comunidad
  • Las comparsas partirán desde distintos sectores, como San Blas, La Tola Grande, La Tola Chica y Collaquí 

Las calles de Tumbaco ya no son las mismas de hace tres décadas. Donde antes había chacras y caminos de tierra, hoy se levantan urbanizaciones, conjuntos residenciales y avenidas que reflejan el acelerado crecimiento de uno de los valles con mayor expansión de Quito.

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Sin embargo, detrás de esa transformación urbana persiste un patrimonio que se niega a desaparecer. Las bandas de pueblo siguen marcando el ritmo, las máscaras vuelven a salir de los talleres y cientos de danzantes, muchos de ellos niños y jóvenes, se preparan para demostrar que la identidad del valle continúa latiendo con fuerza.

El próximo 25 de julio, desde las 13:00, alrededor de 400 danzantes y decenas de comparsas recorrerán distintos barrios hasta confluir en el parque central durante la Quinta Gran Toma Cultural Tumbaco, una celebración que busca recuperar el espacio público y recordar que la historia del valle también se escribe a través de la música, la danza y la memoria colectiva.

Tradición que se resiste a desaparecer

Para Miriam Soria, tercera generación de una familia de danzantes tradicionales, mantener vivas estas expresiones culturales es una responsabilidad heredada. Cuenta que sus abuelos transmitieron la tradición a su padre, y él a sus hijos. Hoy toda la familia participa. Ella, su esposo, sus hijos e incluso sus nietos forman parte de diferentes comparsas.

Niños y jóvenes lideran el relevo cultural, cuidando cada detalle para representar con orgullo a personajes tradicionales de Tumbaco.

Niños y jóvenes lideran el relevo cultural, cuidando cada detalle para representar con orgullo a personajes tradicionales de Tumbaco.Foto: Ángelo Chamba

Pero el objetivo va más allá del baile. Explica que estas actividades buscan fortalecer los lazos familiares y ofrecer a niños y adolescentes espacios donde encuentren comunidad y sentido de pertenencia. “Queremos que los chicos se unan a estas tradiciones y no a otros caminos”.

Convivencia de varias generaciones

La organización también es una muestra del trabajo comunitario que aún caracteriza a Tumbaco. Mientras los grupos ensayan durante semanas, otras familias preparan la logística. Las esposas y madres de los bailarines cocinarán para cerca de 800 participantes. Este año servirán mote con maní, papas y pollo, en una comida comunitaria que se ha convertido en otro símbolo de la fiesta.

En los ensayos conviven diferentes generaciones y culturas. En una misma comparsa participan niños nacidos en Tumbaco junto a familias provenientes de otros puntos del país. Es el caso de Consuelo Rocha, oriunda de Cotopaxi, quien encontró en los bailes tradicionales un espacio para que sus hijas mantengan viva la representación de la Mama Negra.

Cristel, de diez años, y Lía, de seis, lucen con orgullo la vestimenta típica mientras aprenden que las tradiciones no pertenecen únicamente al lugar de origen, sino también al sitio donde se construye comunidad. Para su madre, preservar esas expresiones culturales permite que las nuevas generaciones conozcan la diversidad que caracteriza al Ecuador y también vivir las de Tumbaco.

Otro de los protagonistas será Fernando Cumbal, miembro del grupo de los Payasitos Aniñados. Además de bailar, fabrica artesanalmente las máscaras de fibra de vidrio que usan personajes como payasos, caprichos y negros. Cada pieza le toma aproximadamente medio día de trabajo.

Niños y jóvenes se involucran en la preparación de la Gran Toma Cultural de Tumbaco.

Niños y jóvenes se involucran en la preparación de la Gran Toma Cultural de Tumbaco.Foto: Ángelo Chamba

Su personaje tiene una misión particular dentro de la comparsa: bromear con el público, sacar a bailar a los asistentes y convertir el desfile en una celebración en la que todos participan. Para él, el verdadero sentido de la fiesta está en ver sonreír a quienes observan el recorrido, aunque eso implique soportar varias horas bajo el peso del traje y las altas temperaturas del valle.

Las comparsas partirán desde distintos sectores, como San Blas, La Tola Grande, La Tola Chica, Coyaquí y los alrededores del cementerio, hasta encontrarse en el parque central, donde las bandas se unirán para comenzar el gran desfile.

Una respuesta al acelerado proceso de urbanización

La gestora cultural Carlina Bustamante, integrante del Frente Cultural Tumbaco, considera que esta iniciativa nació como una respuesta al acelerado proceso de urbanización que vive el valle. Explica que mientras aumenta el número de construcciones y nuevas urbanizaciones, muchas veces queda invisibilizada la riqueza cultural tradicional, la cual continúa presente en las comunas, barrios y colectivos artísticos.

La Gran Toma Cultural reúne a danzantes tradicionales, agrupaciones migrantes, colectivos ambientales y artistas escénicos. Entre ellos está la comparsa Soy Quebrada, que utiliza la danza y las máscaras para llamar la atención sobre la protección de las quebradas y del volcán Ilaló, recordando que el patrimonio cultural y el natural forman parte de una misma identidad.

Bustamante destaca que uno de los cambios más importantes es la creciente participación juvenil. En lugar de alejarse de las costumbres ancestrales, muchos adolescentes y niños se unen a las comparsas, aportando nuevas miradas sin perder la esencia de las celebraciones. 

De manera que la fiesta se ha convertido en un espacio intergeneracional en el que conviven comuneros, familias recién llegadas al valle y habitantes de urbanizaciones.

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