Emprendimientos
¿Cómo funciona Capital Semilla en Quito? Tres negocios cuentan cómo este fondo cambió sus proyectos
Tres emprendimientos quiteños muestran cómo Capital Semilla impulsó sus negocios y creó nuevas oportunidades laborales en la ciudad. ¿Cómo aplicar?

Emprender. Natalie y Dennis Díaz transformaron el oficio familiar del tejido en Runawana, una marca que fusiona diseño e identidad quiteña.
Capital Semilla Quito
- Runawana, Vecroux y La Gran Fructa crecieron con Capital Semilla en Quito y generaron empleo.
- El programa municipal apoyó emprendimientos con financiamiento y asesoría para fortalecer negocios locales.
- Desde 2023, Capital Semilla Quito impulsó más de 260 proyectos con inversión y acompañamiento técnico.
En Quito, pequeños emprendimientos están convirtiendo historias familiares, conocimientos artesanales y nuevas tecnologías en negocios con mayor proyección. A través del programa Capital Semilla, marcas como Runawana, Vecroux y La Gran Fructa encontraron una oportunidad para crecer, ampliar su producción y generar empleo.
Desde un taller de confección en el tradicional barrio San Juan hasta una clínica odontológica que apuesta por la transformación digital y una empresa de alimentos que nació durante la pandemia, estos emprendimientos muestran cómo el apoyo económico y técnico puede cambiar el rumbo de un negocio.
Detrás de cada proyecto hay una historia de esfuerzo, innovación y búsqueda de identidad. Son iniciativas que no solo venden productos o servicios, sino que buscan crear impacto económico y social en Quito.
Runawana: los suéteres que cuentan historias de Quito

En su taller del barrio San Juan, Runawana convierte más de 30 años de conocimiento artesanal en prendas con identidad quiteña y diseño sostenible.
En un taller del tradicional barrio San Juan, en el centro de Quito, las máquinas de coser trabajan al ritmo de una historia que comenzó hace más de tres décadas. Allí, entre ovillos de lana y agujas de tejer, Natalie y Dennis Díaz decidieron transformar el oficio heredado de sus padres en una propuesta con identidad propia.
Así nació Runawana, una marca que no solo confecciona suéteres, sino que busca contar historias sobre la ciudad, rescatar el trabajo artesanal y demostrar que la moda también puede convertirse en una herramienta para fortalecer la identidad local.
Sus padres llevan más de 30 años dedicados a la confección de prendas tejidas. Él es artesano calificado; ella ha compartido durante décadas el trabajo en el taller familiar. Sobre esa experiencia, los hermanos construyeron un proyecto que vio la luz en diciembre de 2019 con un objetivo: darle un nuevo valor al conocimiento que durante años permaneció entre las paredes del hogar.
“Queríamos revalorizar el trabajo de nuestros padres. Ellos han hecho suéteres toda la vida, pero sentíamos que era momento de contar esa historia desde otra perspectiva”, dice Natalie.
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Una colección inspirada en los barrios tradicionales de Quito
Ese enfoque permitió que Runawana accediera, en 2024, al programa Capital Semilla del Municipio de Quito. Con esos recursos desarrollaron en 2025 ‘El barrio teje’, una colección inspirada en distintos rincones tradicionales de la capital.
Cada prenda cuenta una historia: Rombo Ronda recrea los adoquines de las calles quiteñas; Orgullo Toleño evoca las noches del barrio La Tola; mientras Bruma Guapuleña rinde homenaje a la neblina característica de Guápulo.
“No hacemos únicamente un diseño. Cada colección nace de un lugar, de una memoria y de una experiencia que queremos compartir”, cuenta Natalie.
Actualmente, seis personas trabajan de manera permanente en Runawana entre costureras, tejedor, la madre de los fundadores y los dos hermanos, quienes dirigen la marca.
Para Dennis, el financiamiento fue determinante para ampliar la producción y consolidar nuevas plazas de trabajo. “Cuando un emprendimiento recibe apoyo, puede producir más, vender más y, en consecuencia, contratar más personas”, afirma.
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Innovación. La clínica Vecroux fortaleció sus servicios con escáner oral e impresión 3D para tratamientos odontológicos en la capital.
Vecroux apuesta por la odontología digital en Quito
Una historia distinta, pero con un punto de partida similar, se vive en la clínica odontológica Vecroux. Lo que comenzó hace 13 años como un sueño familiar hoy avanza hacia la odontología digital gracias al respaldo obtenido mediante Capital Semilla.
Su gerente general, Diana Vega, manifiesta que conoció la convocatoria a través de una red de mujeres emprendedoras. Diseñaron un proyecto para incorporar un escáner oral, impresoras 3D y tecnología digital que permite ofrecer tratamientos más precisos y reducir tiempos de atención.
Sin embargo, asegura que el mayor aporte no fue únicamente económico.
“Uno piensa que financiarse significa endeudarse. Aquí descubrimos que también existen oportunidades para crecer sin cargar con un crédito bancario. Además del dinero, recibimos asesoría permanente para fortalecer el negocio”, explica.
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El acompañamiento técnico se extendió durante todo el proceso, desde la validación del proyecto hasta el seguimiento posterior a la entrega de los recursos.
Esa asesoría permitió consolidar la inversión y ampliar el equipo de trabajo. Antes del proyecto, la clínica empleaba directamente a una persona; hoy son cuatro trabajadores bajo relación de dependencia y mantienen una red de alrededor de 17 proveedores.
Para Vega, ese efecto multiplicador beneficia no solo al emprendimiento sino también a toda la cadena económica que lo rodea.

La clínica odontológica Vecroux incorporó escáner oral e impresión 3D para ofrecer tratamientos más precisos y fortalecer su crecimiento empresarial.
La Gran Fructa: una empresa que nació en pandemia y llegó a nuevos mercados
La misma dinámica experimentó Edison Toaza, fundador de la marca La Gran Fructa. Durante la pandemia pasó de vender comida rápida a elaborar granola artesanal con frutas deshidratadas para consumo familiar.
La aceptación del producto lo motivó a convertir aquella idea en una empresa.
El respaldo de Capital Semilla permitió certificar su planta con buenas prácticas de manufactura, adquirir materia prima, fortalecer la producción y contratar personal.
Lo que comenzó con Toaza y su esposa hoy genera siete empleos directos y movimiento económico para unas 25 personas entre proveedores y distribuidores.
Actualmente producen entre 8.000 y 10.000 empaques mensuales que llegan a mercados de Quito, Ibarra y Lago Agrio.

Edison Toaza convirtió una idea nacida durante la pandemia en La Gran Fructa, una empresa quiteña de granolas y frutas deshidratadas.
Capital Semilla impulsa empleo y crecimiento empresarial en Quito
Historias como estas son las que, según Gonzalo Criollo, director ejecutivo de ConQuito, evidencian el impacto que busca generar el programa Capital Semilla.
Explica que se trata de fondos parcialmente reembolsables destinados a impulsar emprendimientos mediante convocatorias anuales.
Desde su creación se han financiado más de 260 proyectos y se han colocado cerca de 3,8 millones de dólares, de los cuales $2,8 millones corresponden al período comprendido desde 2023, cuando el programa quedó incorporado como política pública mediante la Ordenanza de Fomento al Emprendimiento.
Pero el respaldo no termina con la entrega del dinero. Criollo sostiene que el acompañamiento durante tres años es clave para superar el denominado “valle de la muerte”, la etapa en la que la mayoría de negocios desaparece.
Mientras en Ecuador ocho de cada diez emprendimientos fracasan antes de cumplir tres años, el 90 % de quienes recibieron Capital Semilla continúa operando.
Los resultados también se reflejan en otros indicadores. Los emprendimientos beneficiarios incrementaron su facturación en un 120 %, pagan hasta un 300 % más de impuestos y contratan un 55 % más de personal que aquellos que no accedieron al programa.
En una ciudad donde el desempleo bordea el 9 %, esas cifras muestran que detrás de cada emprendimiento fortalecido existe también una oportunidad de generar empleo y dinamizar la economía local.