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Diario Expreso Ecuador

el chulla del barrio

Emma Lagla, la mujer que mantiene viva una tradición de plantas medicinales y limpias en Quito

El saber, basado en plantas y baños, lo heredó de la bisabuela, la abuela y la madre. Su local está en las calles Rocafuerte y Cuenca.

Emma Lagla aprendió sobre este oficio, en el que se usan plantas para sanar, de su abuela y su madre.

Emma Lagla aprendió sobre este oficio, en el que se usan plantas para sanar, de su abuela y su madre.Gustavo Guamán/ EXPRESO

Rosero Mariela
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Lo que debes saber:

  • Emma Lagla mantiene en San Roque una tradición de cuatro generaciones basada en plantas medicinales y limpias.
  • Desde hace 40 años, personas de Quito acuden a Emma por limpias, “mal aire” y problemas de ánimo.
  • El saber familiar llegó desde La Magdalena y hoy continúa en un pequeño local del Centro de Quito. Acuden desde madres con bebés en brazos, jóvenes y adultos. 

Lilia González tiene 67 años y lleva cuatro décadas buscando a Emma Lagla y a sus hermanas. El martes 22 de septiembre del 2026 volvió a hacerlo. Esperaba mientras Emma “curaba” a su nieta, una niña de 2 años y tres meses a la que, según su abuela, le ha dado “mal aire”: se asusta, grita de repente y, algunas noches, se despierta llorando.

La madre de la niña, Yadira, tiene 43 años y es médica. No cree en esta tradición, cuenta Lilia. Pero incluso ella, cuando era pequeña, fue “paciente” de la mujer, de 69 años.

El lugar huele a plantas medicinales mezcladas con alcohol. Está en las calles Rocafuerte y Cuenca, en pleno Centro de Quito, y lleva un nombre que anuncia lo que ocurre adentro: ‘El secreto de las plantas medicinales y los baños energéticos’.

A primera vista, podría parecer que son pocos quienes llegan hasta allí. Sin embargo, basta quedarse apenas unos minutos para comprobar lo contrario. En el pequeño local hay bancas para unas seis personas, que esperan su turno. Cuando están ocupadas, los clientes se quedan afuera, en una acera estrecha y transitada, donde también se instalan vendedoras de frutas y verduras.

En su espacio en San Roque, Emma recibe a madres que llegan con bebés en brazos, a quienes debe “curar del espanto”, jóvenes hombres y mujeres que no consiguen trabajo o adultos que están deprimidos o con mal ánimo. Escuchar sus historias hace confirmar que esta práctica transmitida desde la abuela Mercedes Chinchín, se mantendrá.

Ahora mismo hasta el nieto ayuda en el local. Las plantas, los baños, los aceites y las limpias forman parte de una tradición popular que todavía encuentra su lugar en la capital.

La herencia vino de la abuela Mercedes

Mientras Emma pasaba las plantas por el cuerpo de la niña para quitarle aquello que su abuela identifica como “mal aire”, una mujer llegó apresurada. Quería hablar con ella, pero vio que estaba ocupada. Solo pidió un saludo para una candidata a la Alcaldía de Quito, Linda Romero, a quien le deseó buena suerte.

La escena duró pocos segundos. Después, Emma volvió a concentrarse en la pequeña y Lilia, como tantas otras veces durante estos 40 años, esperó.

En ese pequeño local del Centro de Quito, las protagonistas no son solo las plantas ni las creencias. Son también esas mujeres y hombres que, como Emma y sus hermanas, han convertido un saber transmitido entre generaciones. 

En este oficio todavía confían personas que buscan una respuesta cuando la medicina no les ayuda, por tradición o cuando buscan otro camino.

Emma resalta que el conocimiento llega desde su bisabuela. Pero a quien más recuerda es a su abuela Mercedes, quien en la casa de La Magdalena, sur de Quito, atendía a las personas usando las hierbas, pero también el huevo y el cuy. 

“Con mis hermanas Mercedes y Rosario somos la cuarta generación. Seguimos los pasos de mi madre Rosa Correa, quien trabajó hasta sus 87 años”.

En la repisa del local de Emma Lagla, en las calles Rocafuerte y Cuenca, en Quito, hay plantas amargas, llamadas

En la repisa del local de Emma Lagla, en las calles Rocafuerte y Cuenca, en Quito, hay plantas amargas, llamadas "saca sal" y las dulces. Ambas sirven para los baños.Gustavo Guamán/ EXPRESO

Le tiene fe a las plantas, la salvaron...

Cuando era adolescente, Emma no creía en el poder curativo de las plantas. Hasta que una experiencia que vivió, le hizo cambiar de opinión. ¿Qué pasó? Le gustaba salir con sus primos a recoger catzos (escarabajos) en los potreros. Madrugaban, a veces desde las 03:00 y hasta llevaban una guitarra. En una de esas salidas, Emma se metió en una especie de piscina.

Dos días después comenzó a decaer. Se sentía mal y el médico no daba con el diagnóstico. Su mamá, que ya practicaba este oficio, le dijo que se estaba “secando” y decidió llevarla a la 24 de Mayo, en donde hacía limpias con trago. 

“Me dio sueño y dormí. Me levanté con poco apetito. Me hizo la limpia unas tres veces y me puse bien. Comencé a creer”, aseguró.

Desde entonces empezó a mirar de otra manera a este oficio. Recuerda, por ejemplo, los chímbalos, unas bolitas que se colocan como formando un collar. Los encontraba en las quebradas y cerca del parque donde sus hermanos jugaban vóley.

“Arriba había una cancha de vóley. Mis hermanos jugaban y yo cogía eso y las moras de Castilla para comer”.

Lo que buscan de las limpias y baños

Una familia, abuela, hija, yerno y nieta con una muñeca, llegaron al local de San Roque. Simplemente quieren limpias para todos. En el caso de la niña, de menos de 5 años, Emma detecta que es muy “consentida” y le pregunta por qué no duerme, por qué no come. 

Ella dice que tiene miedo. ¿Miedo de qué?, repregunta la mujer. “De que me quiten el celular”. Le pasa las plantas, le coloca el collar de chímbalos.

”Le paso ortiga también, para regular la energía y que ‘se le bajen un poco los humos’ tan altos. A veces los niños se ponen malcriados por ser muy consentidas. Dios me brinda la sabiduría para ayudarles”.

En una de las bancas esperan una madre, su hermana y dos adolescentes, que dicen sentir una “presencia” extraña en la casa que arriendan.

“Acá vienen desde recién nacidos hasta adultos; los jóvenes buscan trabajo, no hacemos milagros. Solo uso las plantas para limpiarles, nos cargamos de energía negativa, algunos creen que les han hecho una maldad y se bloquean. Acá uso la energía natural que Dios nos dio. A veces lloran, en medio de una conversación íntima, padres tienen mucho dolor en su corazón por sus hijos, otros por bienes materiales”.

En un estante tiene las hierbas, algunas acomodadas como escobas ‘saca sal’, con plantas amargas, santa maría, ortiga, chilca, marco, ruda... Con esas empieza la limpia para quitar la mala energía o toxinas. Luego aplica las dulces: esencia de rosa, manzanilla, eneldo romero, hoja de níspero...

EL CHULLA DE MI BARRIO

Es una serie transmedia, para descubrir, retratar y dar visibilidad a los personajes que representan el espíritu quiteño.
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