comicios electorales
Del arrastre al lastre: los riesgos de ADN rumbo a las seccionales
ADN enfrenta su primer reto local sin liderazgos locales. El presidente Daniel Noboa concentra el protagonismo. Ante esto, los expertos ven riesgos

Expertos advierten que las próximas elecciones seccionales podrían convertirse en una evaluación directa del liderazgo político de Daniel Noboa.
Lo que debes saber
- ADN afrontará las seccionales de 2026 sin estructuras territoriales consolidadas y apoyado en figuras del Gobierno.
- Expertos advierten que Daniel Noboa ha concentrado el protagonismo político y comunicacional del oficialismo.
- Analistas alertan que mantener funcionarios cuestionados podría generar desgaste y voto castigo en las urnas.
Las elecciones seccionales del próximo domingo 29 de noviembre de 2026 se perfilan como un proceso marcado más por el centralismo que por las dinámicas territoriales, según expertos en Ciencias Políticas y Comunicación Política consultados por EXPRESO. Para los analistas, el principal impulsor de esta tendencia es el presidente Daniel Noboa.
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La marca Noboa frente al reto territorial
Detrás de esta apuesta también aparece una necesidad política del oficialismo. En su primer desafío electoral a escala local, Acción Democrática Nacional (ADN) llega sin una red sólida de liderazgos territoriales ni estructuras consolidadas en gran parte del país, por lo que ha decidido apoyarse en los rostros más visibles del Gobierno para intentar ganar espacio en alcaldías y prefecturas.
Por lo que, ante ese contexto, las próximas elecciones seccionales de 2026 podrían convertirse en una extensión del proyecto político del Ejecutivo más que en una disputa centrada en las necesidades de cada territorio. Para el politólogo Juan Carlos Valarezo, coordinador de las carreras de Relaciones Internacionales y Ciencias Políticas de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, ADN busca trasladar la marca presidencial hacia alcaldías y prefecturas, en un contexto en el que todavía no cuenta con una estructura local consolidada.
Esa estrategia responde, además, a una lógica de centralización de las decisiones. El politólogo Valarezo sostiene que la selección de candidatos parece estar dirigida desde la cúpula del movimiento oficialista y no desde procesos territoriales, liderazgos construidos en las provincias y cantones, ni procesos de democracia interna.
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ADN busca compensar la falta de cuadros propios
Tatiana Quinga, politóloga y coordinadora de monitoreo político de Icare Inteligencia Comunicacional, coincide en que el oficialismo evidencia dificultades para generar cuadros propios. A su juicio, ADN carece de procesos de formación política comparables a los de agrupaciones más tradicionales, por lo que termina recurriendo a figuras cercanas a Noboa para ocupar espacios electorales.
La decisión de promover a ministros y asambleístas como posibles cuadros también deja al descubierto una de las principales debilidades de ADN: la falta de nuevos liderazgos con alcance nacional. Según la consultora en comunicación política María Fernanda Carvajal, el oficialismo recurre a figuras como John Reimberg, Gabriela Sommerfeld, Niels Olsen, Andrés Guschmer, Andrés Cevallos y Cynthia Gellibert porque ya poseen notoriedad pública, mientras que posicionar candidatos nuevos demandaría un tiempo y una inversión política que el movimiento no tiene de cara a las seccionales.
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Las redes como filtro para elegir candidatos
Para la politóloga Quinga, la difusión de esos nombres funciona como un “globo de ensayo”. La especialista considera que el oficialismo está observando la reacción de los usuarios en plataformas digitales para determinar qué perfiles generan respaldo y cuáles provocan rechazo.
El experto político-electoral Alfredo Espinosa manifiesta que las redes sociales se han convertido en una especie de grupo focal permanente para el Gobierno ecuatoriano. Según su análisis, la decisión final sobre determinadas candidaturas podría depender más de la respuesta digital que de mecanismos internos de democracia partidaria.
Andrés Jaramillo, estratega de comunicación política, añade que esa estrategia tiene costos para la administración pública. Advierte que cuando ministros con responsabilidades nacionales empiezan a proyectarse electoralmente, parte de su atención se desplaza de la gestión hacia la construcción de una candidatura.
Desde la perspectiva de la comunicadora Carvajal, la reestructuración ministerial, que Noboa dictó el 4 de junio, también puede interpretarse como una forma de facilitar el salto electoral de determinadas figuras. No obstante, alerta que la fusión de carteras podría, indica, afectar la calidad de los servicios públicos, para la ciudadanía, si la reorganización termina reduciendo capacidades institucionales.
Noboa concentra la vocería del oficialismo
Por otro lado, la creciente exposición del propio presidente Daniel Noboa responde, según varios analistas, al deterioro de los voceros gubernamentales. Jaramillo sostiene que muchos ministros ya se encuentran políticamente desgastados, por lo que el presidente ha terminado convirtiéndose en el principal defensor de la gestión oficial.
Espinosa coincide con esa lectura y afirma que la reciente carta difundida por el primer mandatario refleja un intento por concentrar la vocería en una sola figura. El objetivo sería evitar contradicciones internas y blindar a los potenciales candidatos frente al costo político derivado de las crisis gubernamentales.
Esa estrategia, añade el politólogo Juan Carlos Valarezo, también profundiza una lógica de hiperpresidencialismo dentro del oficialismo. Cuando las explicaciones sobre la gestión pública recaen directamente en el jefe de Estado y no en los funcionarios responsables de cada cartera, el liderazgo presidencial termina absorbiendo funciones políticas y comunicacionales que deberían estar distribuidas en el gabinete de Gobierno.
El resultado, advierte, es una administración cada vez más personalizada, en la que la figura de Noboa se convierte simultáneamente en el principal activo electoral y en el mayor riesgo político para ADN. Sin embargo, asumir personalmente la defensa del Gobierno también implica riesgos para el primer mandatario, ya que al convertir las seccionales en una evaluación directa de su liderazgo, cada victoria fortalecerá su proyecto político, pero cada derrota relevante podría interpretarse como un rechazo ciudadano a su gestión, advierte Valarezo.
Las seccionales de noviembre podrían convertirse más en una evaluación de Daniel Noboa que de los candidatos de ADN, debido a que el presidente concentra cada vez más el protagonismo político y comunicacional del oficialismo.
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El costo de sostener a figuras cuestionadas
La falta de depuración del gabinete de Daniel Noboa también acarrearía consecuencias. El caso de Roberto Luque es uno de los más representativos. Tatiana Quinga señala que, pese a las controversias vinculadas al caso Progen, el Gobierno no solo decidió mantenerlo en funciones, sino otorgarle mayores competencias dentro de la nueva estructura ministerial.
Para Andrés Jaramillo, ese movimiento constituye un mensaje político explícito. Mantener a Luque y fortalecer su posición implica transmitir que el presidente sigue respaldándolo plenamente, incluso en medio de cuestionamientos que han afectado la imagen del Gobierno.
No obstante, esa decisión también puede convertirse en un factor de desgaste electoral. Juan Carlos Valarezo advierte que figuras asociadas a polémicas podrían transformar el denominado “efecto arrastre” presidencial en un “lastre”, perjudicando a las candidaturas que el oficialismo impulse en los territorios.
Aunque todavía faltan varios meses para los comicios, Quinga recuerda que la teoría política muestra que los gobiernos debilitados suelen enfrentar expresiones de voto castigo en las elecciones intermedias o locales. Por ello, sostiene que la acumulación de conflictos y la permanencia de figuras desgastadas podrían convertirse en un elemento de evaluación ciudadana cuando los electores acudan a las urnas en noviembre de 2026.