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Diario Expreso Ecuador

Análisis

La bancada de ADN se pegó un tiro con su ataque a Osvaldo Hurtado

Las declaraciones del expresidente ya tenían el peso suficiente para viralizarse por su contenido. Lo de los asambleístas solo demostró lealtad a su jefe

Osvaldo Hurtado se convirtió en el centro del debate político tras los ataques coordinados de varios asambleístas de ADN contra sus declaraciones.

Osvaldo Hurtado se convirtió en el centro del debate político tras los ataques coordinados de varios asambleístas de ADN contra sus declaraciones.Imagen generada con IA

Martin Pallares
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Al comedido del Gobierno a quien se le ocurrió la idea de poner a los asambleístas de ADN a atacar a Osvaldo Hurtado deben haberlo enviado a pagar su torpeza a la quinta paila del infierno. En su defensa, lo único que podría alegar es que logró proyectar la imagen de una bancada unida y leal. Y eso, inútilmente, porque la verdad es que el verdadero resultado del operativo fue que el expresidente se convirtió, de un momento a otro, en el gran protagonista de la escena política. Movilizó a una inmensa cantidad de personas que normalmente no se habrían interesado en escuchar con atención las declaraciones que hizo el 28 de julio en Teleamazonas y el 23 de julio con el periodista manabita Pedro Clotario.

Si sus declaraciones ya tenían el peso suficiente para viralizarse por su contenido, con el operativo de los asambleístas su alcance fue muchísimo mayor. ¿Y el resultado? Hurtado marcó la agenda mediática y los legisladores, a lo mucho, demostraron lealtad a su jefe. Sin embargo, quedaron ante la opinión pública como pasabolas hablando mal de Messi.

Un ataque coordinado con argumentos correístas

Evidentemente, una de las cosas que más perjudicaron la iniciativa fue que se notaba a leguas que había sido coordinada y respondía a un guion común. Es decir, no era espontánea. Además, el guion no pudo ser más torpe: la línea argumental predominante en los mensajes era profundamente correísta. ¿Con qué legitimidad habla en contra del presidente alguien que nunca ha ganado elecciones? Ese argumento apareció en una gran cantidad de los mensajes que once asambleístas publicaron en la plataforma X y reproduce casi a la perfección el razonamiento al que el correísmo y el propio Rafael Correa recurrían para deslegitimar a sus críticos.

En esa línea destacó, quizá como ninguno, el mensaje de Adrián Castro, que además contenía un error histórico de proporciones épicas. “Que una persona que nunca fue elegida por el pueblo y que llegó a ser presidente por un lamentable ‘accidente’ aéreo hable sobre democracia, es como que un extranjero venga a hablarnos de encebollado”, escribió.

Castro no solo reprodujo el mismo argumento que utilizaba el correísmo para desacreditar a sus críticos, sino que además desconoció, de forma olímpica, la historia. Hurtado fue elegido vicepresidente de la República en binomio con Jaime Roldós y asumió la Presidencia tras la muerte de este. Es decir, sí ganó una elección. Y no fue la única: en 1997 fue elegido asambleísta para la Asamblea Constituyente de Sangolquí con la votación más alta de todos los candidatos.

Otra falacia fue afirmar que Hurtado acusa a Noboa de autoritario, pero que nunca hizo lo mismo con Correa. La realidad es exactamente al contrario: Hurtado fue, desde el comienzo del correato, uno de los críticos más consistentes de ese gobierno.

En realidad, quienes utilizaron ese argumento son precisamente quienes menos antecedentes tienen de haber sido anticorreístas. Y su mayor incoherencia consiste en olvidar que el propio Daniel Noboa, a quien dicen defender, jamás se distinguió por hacer oposición a Correa. Es más, cuando era asambleísta mantenía una excelente relación con varios legisladores correístas, al punto de que invitó a algunos de ellos a un viaje a Rusia para promocionar las exportaciones de banano ecuatoriano. Ahora los asambleístas oficialistas parecen olvidar que Daniel Noboa nunca fue una figura identificada por su militancia anticorreísta.

El operativo que terminó fortaleciendo a Hurtado

Quizá el argumento más llamativo de todo el operativo fue sostener que Hurtado abusa del derecho a la libertad de expresión. En esa línea, el mensaje de Andrés Guschmer resulta especialmente revelador. “Sin duda puede discrepar con el Gobierno y señalar sus puntos, pero nunca aprovechar su papel de expresidente para hacerlo de esa forma. Doctor Hurtado, recuerde que en una sociedad la democracia debe venir junto a la libertad de expresión, pero esa libertad de expresión debe venir junto a la responsabilidad de lo que se dice”, publicó.

En ese texto hay, por lo menos, dos aspectos insólitos. El primero es el desconocimiento absoluto de lo que significa la libertad de opinión y cuáles son sus límites jurídicos. El segundo es que el mensaje puede interpretarse como una advertencia velada sobre una eventual demanda por injurias: “esa libertad de expresión debe venir junto a la responsabilidad de lo que se dice”.

Hay un elemento adicional que explica por qué la iniciativa terminó siendo tan contraproducente para el Gobierno. Hurtado no es un correísta al que resulte sencillo descalificar cuando habla de autoritarismo, ni pertenece al grupo de políticos con antecedentes oscuros que el oficialismo suele exhibir cuando quiere desacreditar a un crítico. Se trata de un expresidente con una sólida trayectoria intelectual, reconocido como uno de los principales representantes del liberalismo democrático en América Latina.

El operativo de los asambleístas tuvo, entonces, un altísimo costo comunicacional. Contribuyó a convertir las declaraciones de Hurtado en un tema de enorme relevancia pública y dio la impresión de que el Gobierno les atribuyó la suficiente importancia como para movilizar una defensa política coordinada. Paradójicamente, terminó fortaleciendo la visibilidad de la crítica que pretendía neutralizar. A veces el mejor favor que un gobierno puede hacerle a un crítico es convertirlo en enemigo oficial. Eso fue exactamente lo que hicieron con Osvaldo Hurtado.

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