Mentes que sanan
Recibir un diagnóstico complejo: claves para cuidar la salud mental durante el proceso
Un diagnóstico grave cambia la vida. La psicóloga Paula Guerrero explica cómo procesar esa noticia, fortalecer la resiliencia y acompañar correctamente

Referencial. Un diagnóstico grave divide la vida en un antes y un después, no solo para el paciente sino para toda su familia.
Lo que debes saber tras recibir un diagnóstico complejo
- Recibir un diagnóstico grave genera un impacto emocional inmediato que afecta al paciente, a sus padres y a todo su entorno familiar.
- La ansiedad y la depresión no tratadas pueden somatizarse y agravar el cuadro físico del paciente, por lo que el acompañamiento psicológico es crucial.
- La escucha activa y los espacios de bienestar emocional son herramientas terapéuticas clave para fortalecer la resiliencia.
Hay un antes y un después. Eso es lo primero que ocurre cuando un médico entrega un diagnóstico complejo: el mundo se divide en dos partes y nada vuelve a ser exactamente igual. No importa si quien lo recibe tiene cinco años o cincuenta. El impacto es global, profundo y alcanza a toda la familia.
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La psicóloga Paula Guerrero, que trabaja con pacientes oncológicos (en su mayoría niños y adolescentes) en la Fundación Casa Ronald McDonald y otras organizaciones de apoyo, ha acompañado ese momento de quiebre más veces de las que puede contar. Su mirada sobre el proceso no es clínica ni distante: es humana, cercana y construida desde cada sala de los hospitales.
El diagnóstico como duelo: un antes y un después
Antes del diagnóstico, ese niño iba a la escuela, jugaba con sus amigos, tenía rutinas. En un instante, todo eso cambia. El entorno pasa a ser blanco, hospitalario, lleno de tratamientos y términos médicos que nadie eligió aprender.
"Este paciente, este niño horas antes de recibir ese diagnóstico tenía una vida normal. Era un niño más, como todos", señala Guerrero. Lo que sigue a esa noticia, dice la psicóloga, es un duelo. No por una muerte, sino por la vida que se tenía antes.
Ese duelo no es exclusivo de los niños. Los adultos y adultos mayores también lo atraviesan, aunque de formas distintas. La incertidumbre sobre el futuro, el miedo al dolor, la pregunta de si valdrá la pena luchar: todo eso aparece de golpe y no siempre tiene respuestas inmediatas.
La montaña rusa emocional que nadie advierte
Guerrero describe el proceso emocional tras un diagnóstico complejo como una montaña rusa. Hay ira, frustración, negación, tristeza; pero en medio de todo eso, también suele existir esperanza. "En la mente de un niño siempre está esa parte de la alegría, la esperanza de que todo va a mejorar", explica.
Pero esa fortaleza aparente tiene un límite. Cuando la ansiedad y la depresión no se atienden a tiempo, pueden somatizarse y agravar el cuadro físico. La mente y el cuerpo no son compartimentos separados: lo que no se procesa emocionalmente termina manifestándose de otras formas.
Por eso, Guerrero insiste en un punto que parece obvio pero pocas veces se aplica: no esperar a estar en crisis para buscar ayuda psicológica. "A veces nosotros buscamos apoyo cuando ya estamos mal", reconoce. La promoción y la prevención en salud mental deberían comenzar desde el momento mismo del diagnóstico, no cuando el deterioro emocional ya es evidente.
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La autoestima y la identidad, en riesgo
El diagnóstico no solo afecta el cuerpo. También toca la manera en que una persona se ve a sí misma. En los adolescentes, ese impacto es particularmente delicado: están en plena construcción de su identidad cuando reciben una etiqueta que no eligieron y que sus propios pares pueden llegar a repetir.
"Al recibir este tipo de diagnóstico ya estamos etiquetando", advierte Guerrero. Y esa etiqueta (la del niño enfermo, el adolescente con cáncer) puede convertirse en una carga adicional sobre una autoestima ya golpeada. El trabajo terapéutico, en esos casos, consiste en restituirle a esa persona su historia, sus sueños y su identidad más allá de la enfermedad.

Referencial. El acompañamiento psicológico desde el momento del diagnóstico puede prevenir cuadros de ansiedad y depresión en pacientes y cuidadores.
El juego como terapia: más que pasar el rato
Una de las herramientas que Guerrero utiliza con sus pacientes más jóvenes es el juego. No como entretenimiento, sino como intervención terapéutica deliberada. Mientras los niños juegan, cantan o simplemente comparten un momento de normalidad, la psicóloga observa, escucha y trabaja.
"Estoy creando un momento para ellos que es beneficioso a nivel de bienestar emocional", explica. Esos espacios activan la dopamina, la serotonina y las endorfinas, y tienen un efecto directo sobre el umbral del dolor y la ansiedad.
Para ese trabajo, Guerrero también usa un personaje que visita los hospitales y se pone al nivel de los niños. "Jugamos, cantamos. Ellos pueden ser ellos mismos", describe. En un entorno saturado de procedimientos médicos, ese espacio de juego puede ser el único momento del día en que un niño de cinco años olvida, por un rato, que tiene un catéter en el pecho.
Los padres también necesitan ayuda
Uno de los errores más comunes en el acompañamiento a pacientes con diagnósticos graves es enfocarse únicamente en quien está enfermo y olvidar a quienes cuidan. Los padres (y especialmente las madres, que en muchos casos son quienes viajan desde otras provincias para acompañar a sus hijos en los tratamientos) cargan un peso que pocas veces se reconoce.
Dejan a sus familias, reorganizan sus finanzas de golpe, duermen en albergues y conviven con la incertidumbre de forma permanente. Sin acompañamiento, ese nivel de estrés sostenido puede derivar en agotamiento severo y depresión.
"Los padres también sufren. A veces nos enfocamos en el paciente, pero nos olvidamos de ellos", subraya Guerrero. La red de apoyo, en estos casos, debe extenderse a toda la familia.
Cómo acompañar a alguien con un diagnóstico complejo
No hacen falta palabras perfectas. Esa es, quizás, la enseñanza más importante que ofrece la psicóloga para quienes están cerca de alguien con una enfermedad grave. La presencia, la escucha activa y la empatía valen más que cualquier frase bien intencionada pero vacía.
"No hay palabras exactas en estos momentos. Lo que necesitan es amor, empatía y que comprendamos su dolor", resume Guerrero.
Algunas orientaciones concretas:
- Escuchar sin juzgar. Permitir que la persona exprese lo que siente, incluso cuando eso incluya miedo, rabia o desesperanza.
- No presionar hacia la fortaleza. Decirle a alguien que "tiene que ser fuerte" puede ser contraproducente. Validar las emociones es más útil que suprimirlas.
- Estar presentes de forma concreta. Visitar, acompañar en consultas, participar en voluntariados en fundaciones de apoyo.
- Buscar ayuda profesional sin esperar la crisis. Tanto el paciente como su familia se benefician del acompañamiento psicológico desde el inicio.
La resiliencia no se improvisa: se construye con apoyo
Fortalecer la resiliencia ante un diagnóstico grave no es un proceso individual. Es colectivo, multidisciplinario y requiere tiempo. Médicos, psicólogos, familiares, amigos y voluntarios forman parte de esa red que sostiene al paciente cuando el peso se vuelve demasiado pesado para cargarlo solo.
Guerrero trabaja desde ese enfoque: crear espacios de bienestar emocional, trabajar la contención y ayudar a que cada persona (niño, adolescente o adulto) recuerde que tiene una historia propia, sueños propios, una identidad que va mucho más allá del diagnóstico que recibió un día.
"Cada uno de estos niños tiene un sueño, tiene metas que cumplir", dice. Y esa convicción, más que cualquier técnica, es lo que sostiene el trabajo de quienes los acompañan.
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¿Qué es Mentes que sanan?
Mentes que sanan es el pódcast de psicología de Diario EXPRESO, disponible en Spotify y YouTube. En cada episodio abrimos un espacio para conversar sobre salud mental y bienestar emocional, abordando temas que forman parte de la vida cotidiana.
Cada entrega cuenta con la participación de psicólogos y especialistas que comparten conocimientos, experiencias y herramientas para comprender mejor nuestras emociones y fortalecer el bienestar personal.