Xavier Michelena, editor
La partida de Xavier Michelena deja un profundo vacío en la cultura ecuatoriana. Este texto recuerda al editor y fundador de Paradiso Editores

Xavier Michelena, a la derecha, en un encuentro literario como referente cultural.
Tengo la obsesiva sensación de que Xavier va a llamarme después de que aparezca este artículo escrito en su nombre y para de alguna manera hacer esguinces con la memoria ante lo imposible. Que me va a comentar el tono del artículo respondiéndome desde Lima, donde debería estar en la Feria del Libro y donde, en un plan acordado meses atrás, nos deberíamos encontrar con Leonardo Valencia. Xavier no alcanzó a ir; yo desistí meses atrás porque no alcancé a terminar mi nuevo libro de ensayos de filosofía ‘In partibus infidelium’, cuyo título debo a un poema dedicado a mí por Iván Carvajal. Tenía mis dudas que escrito en latín y con el destierro de la filosofía en nombre del pragmatismo, semejante título provocase acogida. Xavier insistió una y otra vez en que debería mantenerlo y me demostró a mí, el filósofo, la fortaleza de la filosofía.
Paradiso Editores, una apuesta por la cultura ecuatoriana
Seguramente también por Leonardo Valencia me enteré un día de la existencia de Paradiso Editores, la editorial que fundó Xavier hace casi 20 años y que permitió lograr el acercamiento del escritor con el lector, que es la tarea del editor. Xavier hizo el acercamiento de escritores cuya lista completa no tiene sentido enumerar, pero entre los que constan Jorge Carrera Andrade, Wilfrido Corral, Miguel Donoso Pareja, el propio Leonardo, con el público. Y también de la obra de ensayistas, historiadores y periodistas como Hernán Rodríguez, Enrique Ayala y Juan Carlos Calderón.
Publicar libros en un país que lee poco
Al principio el proyecto de Xavier con Paradiso Editores me pareció temerario. En un país de tan bajo índice de lectura por obras de literatura, historia y arte, y aficionado a la autoayuda, cuyos títulos atropellan los estantes de las librerías, resultaba un empeño quijotesco hacer que el público se interesase por estos temas. “¿Cómo suscitar el deseo por algo que es un objeto complejo, en buena medida desconocido y en otra gran medida elusivo?”, se pregunta el maestro de los editores, Roberto Calasso. Xavier no lo creía imposible y pensaba que hacía falta acercar a los lectores a la cultura y a la realidad que vivíamos, con libros como El Gran Hermano: historia de una simulación, de Juan Carlos Calderón y Christian Zurita.
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Demasiado prematura la partida de Xavier. Demasiadas cuestiones culturales que hacer y emprender. Tengo la extraña ilusión de que cuando aparezca este artículo me suene el teléfono para contarme cómo y dónde se encuentra y para apurarme por el libro que no termino.