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Diario Expreso Ecuador

La mala noticia

Sus acuerdos con Unidad Popular, el Partido Socialista y acercamientos con Pachakutik revelan, más allá de las alianzas, la fragilidad del sistema de partidos

Foto referencial del correísmo.

Foto referencial del correísmo.CORTESÍA.

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La buena noticia para la Revolución Ciudadana es que en Ecuador los partidos políticos importan muy poco.

Suspendida la RC y sin poder competir con su propia lista, el correísmo ha hecho lo que cualquier maquinaria electoral eficaz haría en nuestro peculiar sistema. Buscar otra. Y la encontró.

Unidad Popular, heredera del viejo MPD, hoy presta su casillero para que Pabel Muñoz busque la reelección en Quito. También hay acuerdos con el Partido Socialista y acercamientos con Pachakutik. Lo notable no es que existan alianzas, es todo lo que hay que ‘olvidar’ para hacerlas posibles.

De enemigos políticos a aliados electorales

Durante el correísmo, el MPD fue uno de sus enemigos predilectos. Correa llamaba “tirapiedras” a sus militantes. La UNE, estrechamente vinculada a ese espacio político, terminó disuelta y con su sede allanada. Con el movimiento indígena la relación tampoco fue fraterna. Dirigentes de la Conaie y Pachakutik enfrentaron procesos penales por protestar contra el Gobierno, algunos acusados de sabotaje y terrorismo. Y no nos olvidemos de los “ponchos dorados”.

Años de persecución y descalificaciones pesan hoy menos que un casillero.

Partidos convertidos en cascarones

Y el problema excede al correísmo y a sus nuevos amigos. Hace tiempo que nuestros partidos dejaron de serlo. Son cascarones vacíos puestos al servicio del oportunismo. La ideología se acomoda y los programas apenas importan. De un proyecto común, ni hablar. Lo que queda son intereses personales buscando una lista que los ponga en la papeleta.

Por eso una organización puede desaparecer y sus candidatos mudarse a otra. Incluso hay una consecuencia accidentalmente saludable. La suspensión de un partido no deja necesariamente sin opción a una parte importante del electorado. Pero una democracia no debería depender de que siempre existan unas siglas y un número a la venta.

Así que la Revolución Ciudadana probablemente estará en la papeleta, aunque sea con camiseta prestada. Sus dirigentes pueden respirar tranquilos. Han comprobado que, cuando hay votos de por medio, siempre aparece un cascarón disponible. La mala noticia es para el país y su sistema de partidos.

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