Ignorantes informados
El problema no es necesariamente la IA y el acceso a tanta información, sino la pérdida de criterio para filtrar qué es relevante o verdadero

La falta de criterio se combatirá con intercambios de pensamiento humano, conversaciones profundas y debates civilizados cara a cara, no por un tuit o comentario de redes.
Bienvenidos a la era de la ‘tontocracia’, como lo describe Santiago Avilés, economista y profesor universitario. Esta era está irónicamente repleta de información, disponible como nunca. Todo el conocimiento que antes era un privilegio de los que podían acceder a libros, está prácticamente multiplicado para cualquiera con acceso a internet. Paralelamente estamos entrando a una era donde el acceso a información no es sinónimo de sabiduría o pensamiento.
Desde los primeros asentamientos humanos, las personas con más conocimiento eran los líderes de la manada; ellos, con su experiencia y años de vivencias, eran capaces de guiar a los más jóvenes con su sabiduría. Las sociedades se han construido alrededor de la misma lógica: el que más sabe, porque ha estudiado, vivido, construido, es la persona que nos guía; admirada por ser referente, se convertía en líder. En los últimos años, esa dinámica ha cambiado. Con el acceso a la información y al pensamiento tercerizado de la IA, hemos perdido el norte de quiénes son los sabios de nuestros tiempos. El público valora más la opinión de un creador de contenido en redes que la de un doctor o experto. Las redes están inundadas de opiniones que, para los usuarios, suenan como verdades absolutas que son capaces de cambiar comportamientos, pensamientos, decisiones e incluso verdades.
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Valeria Alvear
Manipulación por falta de criterio
El problema no es necesariamente el acceso a tanta información, sino la pérdida de criterio para filtrar qué es relevante o verdadero. Inocentemente pensamos que la democratización del acceso a la información nos hará libres y educados, pero estamos viviendo una era de personas altamente manipulables, que carecen de criterio para formar sus propias opiniones. Carecemos de una agenda educativa (no solo para los niños y jóvenes) que nos vuelva a entrenar el pensamiento. Que aplique métodos socráticos de cuestionamiento que nos permitan despertar de esta burbuja de tendencias hacia un criterio formado. El atrofiamiento del músculo se combatirá con intercambios de pensamiento humano, conversaciones profundas y debates civilizados cara a cara, no por un tuit o comentario de redes; quien se atreva a ello llevará una ventaja de pensamiento.