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Diario Expreso Ecuador

Breve historia del anticorreísmo

Un gobierno que controla la justicia, hace tabla rasa del sistema de pesos y contrapesos de una democracia, persigue al periodismo…

El anticorreísmo vuelve al debate político en el gobierno de Daniel Noboa.

El anticorreísmo vuelve al debate político en el gobierno de Daniel Noboa.Presidencia de la República

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El anticorreísmo de Daniel Noboa es más falso que un billete de tres dólares.

Durante lustros el anticorreísmo fue el instinto de supervivencia de los demócratas del Ecuador, la elemental barrera de defensa de los ciudadanos conscientes contra el proyecto totalitario que pretendió reducir la vida política de la nación a un régimen de partido único, que arrasó las instituciones democráticas, metió la mano en la justicia, persiguió al periodismo independiente, hizo y deshizo de los organismos de control y eliminó el sistema de pesos y contrapesos de la democracia bajo la pretensión estúpida de que Montesquieu (léase: el sistema de división de poderes) “había sido superado”: lo dijo Marcela Aguiñaga, hasta hace poco tímida aspirante a dizque convertirse en el rostro de “la tercera vía”, lo que sea que eso signifique.

Los primeros que pusieron en duda la vigencia del anticorreísmo fueron, claro, los propios correístas. En su estilo hecho de burlas y cháchara y descalificaciones, vendieron la idea de que hablar de Correa era estar enamorado de él. Posicionaron una versión según la cual el correísmo era cosa del pasado, pues ya no era gobierno. Si aún había alguien que lo nombrara era porque no podía vivir sin él.

Mientras tanto, el correísmo conspiraba para tumbar a los gobiernos legítimos que sucedieron al suyo; participaba en dos tentativas de golpe de Estado (una en octubre de 2019, otra en junio de 2022); llevaba a juicio político al presidente de la República (con el bloque mayoritario en la Asamblea) y precipitaba su caída, que se resolvió con el recurso de la muerte cruzada. Todo esto ocurrió mientras la idea dominante del debate público era, absurdamente, que el correísmo era cosa del pasado y que había que pasar la página.

Noboa y el discurso anticorreísta: entre narrativa y contradicción

En 2023, esa idea dominante llevó a Daniel Noboa a la presidencia con el increíble eslogan de “lo anti tiene un techo, lo pro es infinito”. Increíble porque no significa nada: eslogan hecho de prefijos, representa como ninguna otra cosa la pérdida de sustantividad (literalmente) del discurso político.

Chico “pro” en toda regla, Noboa se repartió con el correísmo el control del CPCCS, pactó con él la presidencia de Mario Godoy en el Consejo de la Judicatura, asumió el modelo de comunicación pública de Fernando Alvarado (ahora se sabe que estuvo a punto de contratarlo) y reclutó a operadores correístas de primera línea (Fausto Jarrín, por ejemplo) para administrar el control de la justicia. Todo iba sobre ruedas hasta que se dio cuenta de que tenía que impedir la fuga de Jorge Glas de la embajada de México. Entonces se convirtió en el adalid del anticorreísmo.

¿Estrategia política o coherencia ideológica?

Pero esta postura siempre fue una falsedad: el correísmo, a Daniel Noboa, le da exactamente lo mismo. Sin embargo, ahora tenemos que tragarnos un discurso según el cual este gobierno que controla la justicia, hace tabla rasa de la división de poderes, elimina el sistema de pesos y contrapesos, compra periodistas y medios y persigue a los que no puede comprar sirviéndose, para ello, de los organismo de control, es la única opción que tenemos para detener al correísmo.

El correísmo, cuyo proyecto político es… Bueno, el mismo. Y si alguien se resiste, no faltan trolls, falsos medios y medios comprados que lo cataloguen como correísta.

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