¿Quito renace?
A tres años de gestión, Quito no ha renacido: enfrenta un deterioro profundo marcado por caos urbano, inseguridad y una dirigencia política incapaz

Una vista del tradicional barrio San Juan, en el centro de Quito.
No, porque para que un ser renazca se requiere que esté muerto, lo cual es evidente que no le ocurre a la capital, pese a las deficientes autoridades locales. Y, no, porque si hace tres años la ciudad habría estado cerca de fallecer, hoy está peor.
Frases vacías, realidades duras
Las frases cursis no producen efecto positivo a menos que estén acompañadas de acciones específicas y suficientes para superar los problemas citadinos. Más bien juegan en contra de quien se atrevió a afirmar que la ciudad había muerto, pues al cumplir tres años de mandato Quito está en un estado más negativo del que lo recibió.
La posibilidad de que Quito supere el desastre de los últimos años, reflejada en un estado lamentable de las calles, un tráfico caótico, un incremento desmesurado de la burocracia inútil, unos trámites agobiantes que enervan las posibilidades de desarrollar nuevos proyectos, una inseguridad creciente; en dos palabras, una ciudad que agoniza, se ve muy lejana, porque los candidatos a la alcaldía que tendrían mayor votación, aunque apenas lleguen al 20 por ciento de los electores, son dos personajes corresponsables del deterioro actual. Las demás fuerzas políticas están dispersas por los apetitos de grupillos y personas, incapaces de poner los intereses de la capital por sobre los egoísmos y vanidades.
La pérdida del espíritu quiteño
Los habitantes de Quito han perdido el amor a su ciudad y su hidalguía propia. En la capital se gestaron los movimientos cívicos que dieron al traste con gobiernos que afectaron los intereses del país. Bucaram, Mahuad y Gutiérrez fueron los últimos que corrieron esa suerte. En los 10 años de Correa, Quito estuvo al borde de terminar con la autocracia. La visita del papa Francisco más la ingenuidad o complicidad de las autoridades de la Iglesia católica abortaron un movimiento ciudadano que estuvo muy cerca de terminar con ese gobierno.
Hoy solo queda recurrir a la santa quiteña para que mueva conciencias e infunda valor a los dirigentes políticos a fin de que Quito recobre su estirpe.